19 feb 2020

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Gibraltar planta cara al 'brexit'

El encarecimiento de productos básicos y las largas colas en la valla son los principales temores

Los gibraltareños apelan a otros momentos complicados con cierre de fronteras para afrontar la salida de la UE

Julia Camacho

Gibraltar, la frontera más pequeña del ’brexit’. / REUTERS / VÍDEO: EFE

"Esto ya lo hemos vivido y, al final, siempre sobrevivimos". Los gibraltareños reconocen estar expectantes ante las consecuencias que, en la vida cotidiana, tendrá la desconexión del Reino Unido con la UE el próximo viernes 31. Pero apelan a su historia como colonia, su carácter peleón y una todavía vigente mentalidad de ser parte de un gran imperio para dejar claro que no tienen miedo. Que, si acaso, los perjudicados serán el resto, fundamentalmente la comarca del Campo de Gibraltar que nutre de mano de obra al peñón.

La mañana del último lunes antes de que se formalice el brexit no dista mucho de cualquier otro día, con mucha actividad en sus calles y obras por doquier en la parte más moderna. La colonia se opuso a la salida en un elevadísimo porcentaje, un 96%, pero ahora asume su destino. "Es un paso más en nuestra historia, y ya hemos visto que al principio suele haber dudas, pero luego lo llevamos bien", dice Lynn. Tal vez influya que los once meses que restan de 2020 serán de transición y los efectos no se empezarán a notar de inmediato, por lo que se lo toman con cierta calma.

Sus temores giran en torno a dos grandes asuntos: las posibles colas en la frontera y el encarecimiento de productos básicos, "porque en Gibraltar no producimos nada y tenemos que traerlo todo de fuera", recuerda Rachel, sentada a la espera de su nieto en Main Street.

Acopio de mercancía

Algunos ciudadanos aventuran incluso que los comerciantes han hecho mayores pedidos para traer por barco y compensar esos posibles retrasos en el paso terrestre. Pero, de nuevo, presumen de sus pensiones e insisten en que los perjudicados serán otros. "Con el dinero que me cuestan siete bolsas de alimentos en el super de La Línea, aquí solo puedo comprar dos", dice Maribel, "pero si veo que hay cola, dejaré de ir a comprar allí y me quedaré en el Morrison".

El Morrison es la principal cadena de hipermercados de la colonia, donde las marcas españolas se reducen apenas al jamón serrano y las aceitunas y la fruta y la carne presumen del origen inglés. Algo que se traduce en unos precios desorbitados en comparación con los que pueden encontrar apenas a dos kilómetros, al otro lado de la valla. La fruta, a 50 peniques por ejemplo la unidad (unos 72 céntimos de euro), se convierte pues en tentador objeto de lujo para alguna anciana que ‘distrae’ una manzana en su bolso.

Recuerdo del franquismo

Maribel es hija de una linense y gibraltareño, y está casada con un ciudadano inglés, de Barbados. Reconoce que antes tenía familia en España, pero que la falta de oportunidades hizo que emigrara a Reino Unido y centroeuropa. En España, concede, ya se le ha perdido poco. Ella es una de las muchas que recuerda el mal trago que ya vivió la colonia en 1969 durante el franquismo y el cierre de la valla. "Mi abuela estuvo muy enferma en La Línea, y mi madre para ir a verla tuvo que coger un barco a Marruecos, y de allí otro a Algeciras", explica, "tardó más de un día, y llegó cuando mi abuela ya había muerto, eso nunca lo perdonó".

Los gibraltareños guardan en la lista de agravios contra España aquel cierre de fronteras que separó a familias, y que obligó a traer los suministros básicos por barco o por vía aérea. "Y lo superamos", rememora Hilda, de 92 años, que apunta una inesperada consecuencia. "Nos quedamos sin trabajadores españoles, por lo que las mujeres nos tuvimos que poner a trabajar, y aún no hemos parado", sonríe, antes de desvelar que hace diez años que no cruza la valla, pero no pasa un mes sin volar a Londres para ver a su hija.

A aquel bloqueo se suman las interminables colas que se vivieron en la frontera en 2013, cuando los bloques de hormigón lanzados al mar por parte de Gibraltar para obstaculizar el trabajo a los pescadores españoles provocaron uno de los mayores desencuentros diplomáticos de los últimos años. "Si estando en la UE ya había 10 horas de cola, no nos va a pasar nada ahora", señala John. Desde entonces, los gibraltareños tienen al exministro de Exteriores José Manuel García- Margallo como su particular bestia negra, y reprochan que España haya usado el brexit para reclamar la soberanía del peñón.

Campo de Gibraltar

Una mínima pregunta en la parada de taxi de Casemates Square sobre los efectos del brexit desata una larga discusión histórica sobre tratados europeos y delimitación de aguas territoriales, que todos parecen saber al dedillo. "Si España usa el brexit como excusa para poner controles en la frontera, quienes más se van a ver perjudicados son los españoles que vienen a trabajar aquí, no nosotros", tercia Andrew. "Y pon que no nos pueden cortar la luz ni el agua, que somos autónomos en eso, porque parece que a algunos se les olvida", dice entre risas Pedro, Peter.

Ambos explican que la colonia votó contra el brexit "porque lo hicimos con la cabeza, y no con el corazón", en alusión a los intensos vínculos económicos que el peñón tiene con el cercano Campo de Gibraltar. Más de 10.000 españoles cruzan a diario la frontera para trabajar en la colonia; el Reino Unido es el primer inversor directo en Andalucía y tercer destino en exportaciones andaluzas, además de ser el primer emisor de turistas a la comunidad. El Gobierno andaluz ya estimó que las pérdidas para la región pueden oscilar entre los 500 y los 1.100 millones de euros.

Las colas en 2013, que provocaron incluso la muerte de una persona por un infarto mientras aguardaba los controles bajo el calor, hizo proliferar una mayor oferta gastronómica en el peñón, ya que los gibraltareños "optamos por no salir y gastar nuestro dinero aquí, por lo que al final salimos ganando", interviene Alex. Dan por hecho que seguirán viniendo cruceros y turistas, y si se van algunas empresas radicadas en la colonia por su favorable política fiscal, algo inventarán. "Aquí ‘semos’ ingleses, y no nos va a pasar nada malo porque nos protege nuestro Gobierno", dice con acento andaluz Wilfred mientras termina de limpiar su taxi.