04 jun 2020

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CONTROVERSIA IDEOLÓGICA

Trump corteja el voto cristiano al asistir por primera vez a la gran marcha contra el aborto

El presidente de EEUU critica la postura "radical" de los demócratas sobre la interrupción del embarazo

Las políticas de su Administración le han grangeado el apoyo del sector más conservador de la América religiosa

Ricardo Mir de Francia

Trump se dirige a los asistentes a 47ª Marcha anual por la vida en Washington.

Trump se dirige a los asistentes a 47ª Marcha anual por la vida en Washington. / NICHOLAS KAMM (AFP)

Nubes de estudiantes, señores vestidos de caballeros templarios, parroquianos llegados desde todo el país y familias con ánimo reivindicativo ocuparon este viernes parte del National Mall para manifestarse contra el aborto en la gran Marcha por la vida que desde hace casi medio siglo se celebra en Washington. Una marcha que este año ha tenido un significado especial porque, por primera vez, ha contado entre sus participantes con la máxima autoridad del país. Donald Trump se convirtió en el primer presidente en dirigirse a las decenas de miles de participantes desde la tribuna de oradores situada entre el Capitolio y el Monumento de Washington. Su participación en pleno año electoral puede leerse como un intento de capitalizar las políticas antiabortistas de su Administración, un asunto capital para muchos votantes católicos y evangélicos.

“Todos nosotros entendemos la verdad eterna de que cada niño es un regalo precioso y sagrado de Dios”, dijo el presidente tras recibir una sonora ovación de los asistentes, muchos de ellos ataviados con gorras de ‘Make America Great Again’ y ‘Trump 2020’. “Juntos debemos proteger, jalear y defender la dignidad y la santidad de cada vida humana”. Trump aprovechó la ocasión para recordar la larga lista de medidas adoptadas por su Administración contra los derechos reproductivos de las mujeres, una agenda que se ha visto acompañada por la aprobación de leyes extraordinariamente restrictivas en numerosos estados republicanos. En algunos de ellos, prácticamente no quedan clínicas para interrumpir el embarazo de forma voluntaria. 

“El aborto es simplemente un asesinato”, decía Allen Doherty, una enfermera de 59 años y madre de nueve hijos que llegó en autobús desde Pensilvania acompañada por varias amigas de su parroquia. “No debería permitirse en ninguna circunstancia porque el niño nunca es responsable de horrendos crímenes como la violación o el incesto. Y si la madre no puede ocuparse de su hijo, siempre hay muchas familias dispuestas a adoptar”.

Mayoría conservadora

El movimiento antiabortista se siente envalentonado desde que Trump impusiera una mayoría de jueces conservadores en el Tribunal Supremo y se ha embarcado en una ofensiva legal para intentar que la máxima autoridad judicial del país reconsidere 'Wade vs Roe', la sentencia que legalizó el aborto en Estados Unidos en 1973. 

Aquel año empezaron las Marchas por la vida en Washington, concentraciones que han tenido a otros héroes en la Casa Blanca como los Reagan y los Bush. Todos ellos intervinieron por teléfono o mensajes de vídeo, pero hasta ahora ninguno lo había hecho de forma presencial. Trump no solo ha roto con la tradición, sino que aprovechó la oportunidad para cargar contra sus rivales políticos con un discurso que tuvo por momentos resonancias de mitin político. “Los demócratas han abrazado las posturas más radicales que existen al respecto en este país”, afirmó el presidente. Las encuestas sostienen, sin embargo, que la mayoría de estadounidenses respaldan el aborto.

Cambio de posicionamiento

Solo a unos cientos de metros, el Senado se preparaba para iniciar la cuarta jornada del juicio político contra el presidente, por lo que el baño de multitudes en una ciudad tan hostil como Washington debió de sentarle como agua de mayo. “Es muy importante que el presidente nos apoye. Nos demuestra que lo que hacemos está bien, es todo un ejemplo para nosotros”, decía el padre John, un monje agustino llegado desde Virginia Occidental. A su lado, pancartas con mensajes como “Yo voto por la vida” o “Igualdad de derechos para los bebés en la placenta”.

Trump no siempre fue el santo patrón de la América cristiana más conservadora. Durante la mayor parte de su vida fue un firme defensor del aborto, una postura que empezó a cambiar en el 2012, cuando contempló seriamente presentarse a las presidenciales. “Todos tenemos nuestro pasado, lo que importa es lo que está haciendo ahora”, decía Miriam Parker, también enfermera, de 61 años.  

En ese sentido, pocos tienen espacio para la queja. Como recordó durante su discurso, Trump recuperó la vieja política de Reagan que prohíbe las ayudas federales a las oenegés que defienden o prestan servicios de interrupción del embarazo en el extranjero. Y secó los fondos de las clínicas que lo hacen en EEUU. También ha restringido la investigación médica con tejido de fetos abortados. Esa clase de iniciativas le han servido para ganarse el respaldo total de los sectores más militantes del movimiento. Uno de esos grupos, la Susan B. Anthony List anunció recientemente que se gastará este año 52 millones de dólares para impulsar la reelección de Trump.

Lo que quedó claro durante la marcha es que la causa antiabortista está muy viva y cuenta con una cantera inagotable. Entre los asistentes, los niños eran casi mayoría, muchos ligados a colegios o parroquias católicas. “Abortar está mal, es un crimen que debería prohibirse para siempre”, decía James Bush, un chaval de 13 años con una pancarta que rezaba: “Ama la vida, elige la vida”. Bush explicó que su opinión se deriva de lo que le han enseñado en clase de Religión desde Sexto de Primaria. “Tocamos el tema cada vez que hablamos del derecho a la vida”, reconoce su profesora, la señora Corvette, que lleva dos décadas asistiendo a la marcha. “Cada vez viene más gente porque han entendido la verdad: el aborto es un asesinato”, aseveraba la docente.