Crisis en el país caribeño

Venezuela: la negociación necesaria (y urgente)

La comunidad internacional debería sentar de nuevo a Gobierno y oposición para abordar la crisis política tras el fracaso en la mesa de Oslo

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. / Europa Press

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Hará un año que Juan Guidó se autoproclamó presidente de Venezuela y también pronto (el 22 de febrero) se celebrará el primer aniversario del mediático concierto Aid Live realizado en el puente binacional Las Tienditas. En este concierto, organizado en la zona colombiana del viaducto, camiones cargados de comida intentaron pasar la frontera con la voluntad de activar un levantamiento ciudadano y militar en contra de Maduro y generar una crisis regional. Precisamente por ello debemos preguntarnos qué queda de todo ello. La respuesta es la siguiente: pocas esperanzas de un cambio rápido y unas negociaciones congeladas aunque necesarias.

El derrumbe de las esperanzas de un cambio abrupto -tal como ideó y esperaba Washington hace un año- se debe al fracaso de la estrategia ideada por John Bolton, consejero Seguridad Nacional en aquel entonces y removido del cargo el pasado septiembre para ser reemplazado por Robert C. O’Brien, más pragmático.

La incapacidad de la oposición de actuar en bloque, el mantenimiento de la lealtad de las fuerzas armadas para con el régimen de Maduro y el descarte de la opción militar por parte de la Administración Trump al ver que la estrategia del ala dura del republicanismo (personalizada en Bolton, Mario Díaz-Balart, Marco Rubio y Mauricio Claver-Carone) no funcionaba, han dado lugar a un nuevo 'momentum', que ahora pasa necesariamente por la negociación. De todo ello sólo queda la anomalía de un líder de la oposición que está reconocido como “presidente legítimo” por parte de medio centenar de países, entre ellos la mayoría de la UE y Estados Unidos.

Fracaso en Oslo

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Ante ello la apuesta de la comunidad internacional (y también de Washington y de la oposición) pasa por sentar nuevamente al Gobierno venezolano en una mesa de negociación como la que se intentó armar en Oslo el verano pasado y que fracasó. Pero para que la negociación llegara a buen puerto sería necesario que la oposición se presentara unida y que estuvieran presentes los sectores más moderados de ambas partes. Posteriormente se debería hablar de tres temas: unas nuevas elecciones presidenciales inclusivas, libres y justas; el levantamiento de las sanciones internacionales y reformas en el Consejo Nacional Electoral. Y, finalmente, decidir si deberían postularse Maduro y Guaidó u otros candidatos.

No cabe duda de que la tesitura política -y geopolítica- de Venezuela es muy complicada y que cualquier salida va a ser gradual y pactada; sin embargo, la situación de los venezolanos es crítica y estos necesitan atisbar un poco de luz para seguir resistiendo las penurias cotidianas. No es ningún secreto que Venezuela atraviesa la peor crisis social y económica de su historia reciente. La implosión de la economía doméstica ha supuesto que a día de hoy el salario mínimo sea de entre 8,5 a 6,12 dólares (según el cambio del bolívar, que hoy está a 0,000014) y que el sueño de la mayoría de los jóvenes sea salir del país, tal como lo han hecho ya 4,5 millones de conciudadanos.