28 nov 2020

Ir a contenido

EL DEBATE DE LA SEGURIDAD EN EEUU

Armados hasta los dientes en Richmond

Miles de personas se manifiestan en la capital de Virginia contra los planes del gobernador para restringir las armas

Ricardo Mir de Francia

Manifestación ante el Parlamento de Virginia contra las restricciones de armas. / REUTERS / Jonathan Drake

Manifestación ante el Parlamento de Virginia contra las restricciones de armas.
Asistentes a la manifestación en pro de las armas en Richmond, Virginia.

/

Irak está a miles de kilómetros de Richmond, pero C. J. Grisham se pasea por las calles de la capital de Virginia como si hubiese francotiradores en las azoteas y artefactos explosivos escondidos en las cunetas. Viste fatigas militares de camuflaje y un chaleco táctico sobre el pecho con 280 rondas de munición en varios cargadores. En el hombro carga un rifle semiautomático AR-15 con una pegatina de Donald Trump en la empuñadura, muy parecido al que llevó en Irak y Afganistán durante los años que pasó desplegado en ambos conflictos. “He venido con equipamiento de combate porque el Gobierno dijo que había una amenaza masiva de violencia. No la veo, pero estoy preparado”, afirma escoltado por otros hombres armados que reciben por radio información sobre la situación en el perímetro. 

Grisham ha viajado desde Tejas para unirse a las miles de personas que este lunes han protestado en las inmediaciones del Parlamento de Virginia contra los planes del gobernador de restringir el acceso a las armas. “Virginia será un campo de pruebas para el resto del país. Es hora de que los patriotas se levanten del sofá para defender sus derechos en la calle”, asegura este veterano de guerra al frente de Open Carry Texas, una organización que defiende el derecho a portar armas. Como muchos de los hombres armados que se pasean por las dilapidadas arterias comerciales del centro de Richmond, la antigua capital de la Confederación, Grisham recela del Estado y considera que cualquier paso atrás es una invitación a la tiranía. “Todos deberían ver al Gobierno como una amenaza porque es la única entidad capaz de arrebatarnos la libertad”. 

Estado de emergencia

La ciudad lleva varias semanas en vilo. El gobernador Ralph Northam declaró hace unos días el estado de emergencia tras anunciar que se habían detectado “amenazas de una confrontación armada y un asalto contra el Capitolio”. Para impedirlo, prohibió el acceso con armas a la plaza donde se levanta el Parlamento, sede de la tribuna de oradores en la manifestación de este lunes. Charlottesville estaba en la retina de todos. En el 2017, la pequeña ciudad universitaria de Virginia se transformó en un campo de batalla entre grupos de extrema derecha y manifestantes que acudieron a protestar contra su evangelio de odio después de que los radicales marcharan con antorchas por la población entonando cánticos nazis y racistas. 

Tampoco esta vez los precedentes eran buenos. Más de una treintena de milicias paramilitares anunciaron sus planes para viajar hasta Richmond y en internet aparecieron toda clase de teorías conspiratorias, la dieta básica de muchos de los grupos antigubernamentales que forman parte del llamado movimiento patriota. Había de todo. Desde una vieja foto del 2016 de un vehículo blindado de Naciones Unidas, utilizada como “prueba” de que Virginia habría invitado a los globalistas de la ONU a subvertir la voluntad del pueblo y derrocar al Gobierno de EEUU, a rumores que hablaban de las supuestas intenciones de Northam para desactivar la red eléctrica como paso previo para confiscar las armas de la ciudadanía. En los días previos a la concentración, el FBI tomó cartas en el asunto al arrestar a seis neonazis que pretendían viajar hasta la ciudad. 

Soflamas de Trump

Tampoco Trump ha ayudado a calmar los ánimos. Este mismo lunes instó a la América armada a movilizarse contra los planes de Northam. “El Partido Demócrata de Virginia está trabajando duro para arrebataros la Segunda Enmienda. Es solo el principio. No dejéis que suceda”, escribió en las redes. En realidad, las intenciones de su gobernador son bastante más modestas. Por primera vez en una generación, su partido controla las dos cámaras del Congreso estatal y Northam ha lanzado una serie de propuestas para prohibir los rifles semiautomáticos y los cargadores de gran capacidad o universalizar los controles a los compradores de armas. Una hoja de ruta que puso en marcha después de que 12 personas fueran asesinadas el año pasado por un empleado municipal en Virginia Beach. 

“Son leyes muy restrictivas que infringen sobre los derechos contemplados en la Constitución”, se quejaba Ryan Maynare, un militar de 23 años que ha venido a manifestarse armado hasta los dientes. “Sin armas no tendríamos voz ante el Gobierno”. Maynare camina entre una nube de pancartas, con eslóganes como “las armas salvan vidas” o “los pueblos sin armas son pueblos esclavos”. Pese a los miedos de los últimos días, el civismo imperó en las calles. Los grupos antifascistas acabaron desconvocando sus protestas y, a diferencia de lo que sucedió en Charlottesville, no hubo exhibición de símbolos racistas o nazis. 

“En ambos bandos hay un 10% de lunáticos. Yo no me identifico con ellos. Las armas para mí son una forma de proteger a mi familia y a mi país”, decía Rich Pekarsky, un ingeniero de 52 años. “Espero que no tengamos que enfrentarnos al Gobierno, pero vivimos en tiempos muy polarizados y ambos bandos han dejado de escucharse. Hay que estar preparados por lo que pueda pasar ”.