06 ago 2020

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EL FUTURO DE MÉXICO

A López Obrador no le salen las cuentas

La economía mexicana se estanca en el primer año de mandato del primer presidente de izquierdas en noventa años

El dirigente mantiene una amplia aprobación pese a incumplir su promesa electoral de una mejor redistribución de la riqueza

Aitor Sáez

Andrés Manuel López Obrador cede el turno de palabra durante una rueda de prensa en el Palacio Nacional, este noviembre.

Andrés Manuel López Obrador cede el turno de palabra durante una rueda de prensa en el Palacio Nacional, este noviembre. / EDGARD GARRIDO (REUTERS)

“El pueblo está feliz, feliz, feliz”, soltó Andrés Manuel López Obrador, conocido popularmente como Amlo, a finales de agosto. Aunque más que felicidad, al menos en términos económicos, lo que hay en México es todavía una expectación que el primer presidente de izquierdas en noventa años se ha encargado de alimentar. Una Cuarta Transformación (4T) pregonada con grandilocuencia que de momento no ha surtido profundos cambios.

La economía mexicana cayó un 0,1% en la primera mitad de año y se estancó en el tercer trimestre: una recesión camuflada en las cifras preliminares y muy alejadas del 4% de crecimiento que Amlo prometió en campaña. Se da un contexto interno y global desfavorable, pero también una gestión errática.

“El proceso electoral y la llegada del nuevo gobierno siempre provoca incertidumbre en los primeros meses, sumado a la amenaza de renegociación del Tratado de Libre Comercio [con Estados Unidos]. Aunque también algunas decisiones como la cancelación del Nuevo Aeropuerto Inernacional de Ciudad de México generaron incertidumbre para la inversión”, reconoce a EL PERIÓDICO Jesús Cantú, titular de comunicación presidencial. Cantú asegura que por este motivo “no puede haber una redistribución del ingreso de manera clara”.

Sin recursos

Reducir la pobreza es otra de las premisas de la 4T. Para ello Amlo lanzó numerosos programas sociales dirigidos a los más desfavorecidos mediante la entrega de ayudas por transferencias monetarias directas. “Es un instrumento demasiado simple que tiene un efecto directo al consumo, pero no transformador. Si no se acompañan de acciones complementarias, tienen el riesgo de crear un Estado asistencialista y clientelar”, señala Guillermo Cejudo, del Centro de Investigación y Docencias Económicas.

Ante esa necesidad de disminuir la desigualdad, Amlo ha aumentado un salario mínimo ya de por sí bajísimo y ha logrado mantener la inflación, lo que ha permitido elevar algunas décimas el sueldo real. Sin embargo, la disminución en la creación de empleo, así como el enorme subempleo (por tiempo parcial y por debajo del salario mínimo), han estancado la capacidad de consumo de los hogares con la que Amlo pretendía generar riqueza.

Un frenazo que obligó al gobierno a recurrir a viejas prácticas. El presupuesto para el próximo año prioriza la productividad de Petróleos Mexicanos (Pemex). “La dependencia de la renta petrolera es una apuesta arriesgada, ya que no genera empleos de valor agregado ni desarrollo a largo plazo sin una diversificación de esa actividad”, considera Cejudo. Esta semana Amlo presentó un gran plan de infraestructuras para invertir junto a los empresarios unos 38.000 millones de euros en los próximos cinco años a fin de resucitar la economía.

Austeridad sin remedio

Otro de los ejes que lo alzaron a la presidencia fue el combate contra la corrupción y depurar una sobredimensionada Administración. Para ello, Amlo ha enfatizado en una descontrolada austeridad que ha azotado sobre todo a las áreas de salud, medio ambiente e investigación, además del despido de decenas de servidores públicos que ha fraguado una cierta resistencia entre el propio funcionariado, como cuentan varios altos cargos consultados. Tanto el secretario de Hacienda como el director del Instituto del Seguridad Social pusieron en duda la gestión del Ejecutivo de Amlo tras sendas renuncias. “Se han tomado decisiones de política pública sin suficiente sustento”, criticó el primero, Carlos Urzúa.

La falta de planificación para aplicar esos hachazos ha provocado graves efectos. El más sonado, los retrasos en la distribución de medicamentos para el tratamiento del VIH. “La austeridad funciona si hay recursos suficientes para establecer mecanismos de redistribución planteados en el discurso. Si no los hay, se vuelve un lastre”, asegura Roberto Vélez, economista del Centro de Estudios Espinosa Yglesias. El recorte del 4,5% del gasto público en el primer semestre del año tampoco representa “el ahorro suficiente para grandes inversiones. Hace falta una importante reforma fiscal”, asegura Vélez sobre un aumento de impuestos que Amlo ha negado rotundamente.

Amplio apoyo

Otras medidas en ese sentido, como renunciar a ciertos privilegios presidenciales, han servido a Amlo para mantener una popularidad por encima del 60% durante todo el año, lo que le concede un amplio margen de gobernanza pese a los lances en su primer año de mandato: giro en la política migratoria bajo presión de EEUU, varias masacres, galopantes índices de violencia, errores en el operativo para detener a Ovidio Guzmán López, hijo del narcotraficante Joaquín 'el Chapo' Guzmán. 

Una de las claves para preservar el apoyo popular ha girado entorno a su conferencia de prensa diaria, donde ha desacreditado a medios de comunicación y ha desmentido datos adversos. “Las mañaneras [ruedas de prensa matutinas] es una estrategia política que le ha permitido imponer la agenda del país y manejar la opinión pública”, valora a este diario José Antonio Sosa, asesor de personajes destacados.

La “pendulante y ambivalente” gestión de Amlo, según describe Sosa, tiene que ver con la necesidad de “contentar a sus heterogéneas bases de Morena", el partido de gobierno, donde confluyen desde evangélicos hasta izquierdistas radicales. Un explosivo amalgama que detonó en trifulcas en las asambleas del partido estas últimas semanas para elegir sucesor.

Un complejo equilibrio de fuerzas, una economía en recesión y una escalada de violencia que el presidente ha diluido en un vertiginoso ritmo en un año de mandato que pareciese un sexenio, al menos por el discurso altisonante que ha acaparado todos los focos. Su gobierno, centrado en su figura protagónica, cuenta con la confianza de la población. Y mientras México mantenga esa esperanza de cambio, estará feliz. Palabra de Amlo.