21 oct 2020

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Primer aniversario de la protesta

"La ola de los 'chalecos amarillos' no se detendrá"

El movimiento nacido contra el impuesto a los carburantes logró algunas cesiones del Gobierno y busca ahora nuevas estrategias para mantenerse vivo

Las causas que provocaron la crisis y las fracturas de la sociedad francesa no han desaparecido, advierten los expertos

Eva Cantón

Fotografia del 17 de noviembre del 2018, cuando arrancó las protestas de los ’chalecos amarillos’, en la que un hombre , subido en un coche, se dirige a los manifestantes en la plaza de la Bastilla, en París.

Fotografia del 17 de noviembre del 2018, cuando arrancó las protestas de los ’chalecos amarillos’, en la que un hombre , subido en un coche, se dirige a los manifestantes en la plaza de la Bastilla, en París. / EFE / IAN LANGSDON

Ha pasado un año desde la irrupción de los 'chalecos amarillos', ese movimiento inédito que nació entre Facebook y las rotondas de la Francia suburbana para protestar contra el impuesto a los carburantes. Sorprendido por la amplitud y la violencia de una cólera que hizo visible a los perdedores de la globalización, el presidente francés, Emmanuel Macron, sacó el talonario, acentuó la represión y organizó un gran debate para sofocar el primer gran estallido social de su mandato cuando sólo llevaba 18 meses en el Elíseo.

Las medidas gubernamentales y el invierno redujeron el número de 'chalecos amarillos' en las calles, donde grupos antisistema como los 'black block' se infiltraron entre los más aguerridos sembrando el caos en los Campos Elíseos. El apoyo de la opinión pública se fue debilitando, el cansancio hizo mella y las divergencias estratégicas dentro de un movimiento sin líderes declarados ni vínculos políticos o sindicales erosionó su fortaleza. La tormenta ha amainado, aunque los expertos avisan: las causas que provocaron el cataclismo siguen ahí.

Los motivos de la cólera no se han apagado, pero es difícil mantener un movimiento de contestación en el largo plazo. Pasó con los indignados. No podían quedarse durante años en la Puerta del Sol”,  analiza el sociólogo del Instituto Marcel Mauss, Albert Ogien, que pone el foco en el “trabajo subterráneo” de grupos de 'chalecos amarillos' que podría desembocar, a la larga, en una formación política, como sucedió en España con Podemos. “Es una hipótesis plausible. En todo caso, ha sido un 'shock' profundo y pasa como con los terremotos, que luego hay réplicas”, sostiene Ogien en conversación telefónica con este diario.

Esa labor, menos mediatizada que las manifestaciones, se desarrolla en asambleas como la celebrada principios de este mes en Montpellier, que reunió a 500 delegados de todo el país y certificó que el movimiento está “enraizado y decidido a durar y reinventarse”. Entre las decisiones adoptadas, “comprometerse” con la huelga general del próximo 5 de diciembre.

Apoyar o no la convocatoria de los sindicatos contra la reforma de las pensiones es el principal debate de los 'chalecos amarillos', como la posibilidad de presentar listas ciudadanas a las elecciones municipales del próximo marzo y hacer de la política local un primer laboratorio. Todo gira en torno al reto eterno de cómo sobrevivir sin integrarse en el sistema.

Fraguar alianzas

 “La situación actual del movimiento es la de crear una relación de fuerzas fraguando alianzas con Extinction Rebellion [grupo mundial de resistencia no violenta para exigir medidas ante la emergencia climática], la manifestación del Clima o la huelga de diciembre”, asegura la historiadora Sophie Wahnich. “La gente está cansada y necesita reorganizarse, pensar si ponen menos en juego su cuerpo y más su sueldo yendo a la huelga. ¿Qué hacemos? Esa es la pregunta que tienen encima de la mesa”, comenta a El Periódico.

Otra pregunta al hacer balance en el primer aniversario es si la protesta ha servido de algo. Macron aumentó en 100 euros el salario mínimo, bajó los impuestos, volvió a ligar al IPC la subida de las pensiones más bajas, libró de impuestos el pago de las horas extras, eliminó una tasa a los jubilados más modestos y prometió una prima de fin de año exenta de impuestos. En total 17.000 millones de euros para respirar y seguir adelante con sus reformas neoliberales.

Como consecuencia de la revuelta, en opinión del politólogo Brice Teinturier, el Ejecutivo ha tenido que “rendirse a la evidencia de que hay que consultar permanentemente a los franceses” y el presidente tuvo que esbozar un ‘mea culpa’ por haber herido con sus palabras a muchos franceses.

La animadversión de los 'chalecos amarillos' hacia Macron, percibido como un presidente arrogante y ajeno a los problemas de la gente, fue un hecho llamativo. A la exigencia de una mayor justicia fiscal se unía la dimensión moral de pedir ser tratados con respeto. 

La diagonal del vacío

Según el demógrafo Hervé Le Bras, la cartografía del movimiento no coincide con el mapa electoral ni del Frente Nacional ni de la Francia Insumisa sino mas bien con lo que el geógrafo Roger Bruner bautizó como “la diagonal del vacío”, un eje norte sur que desciende en zig-zag desde las Ardenas hasta los Pirineos.

Hombres y mujeres con una media de 45 años , trabajadores de clases populares que bordean la precariedad económica, dependen de su coche para ir a trabajar y están poco politizados, recuerda el sociólogo Laurent Mucchielli. La mitad no se había manifestado en su vida.

“La gente no está dispuesta a colgar el chaleco. La ola de los 'chalecos amarillos' no va a detenerse”, resume Sophie Tissier, miembro de un colectivo que milita por declarar las manifestaciones de los 'chalecos' con antelación para evitar hacer el juego a los alborotadores.

“La situación sigue siendo explosiva”, admite Ogien ¿Está Francia en vísperas de una nueva réplica un año después del primer estallido de los 'chalecos amarillos'? La respuesta el 5 de diciembre.