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lucha contra el estado islámico

Europa esquiva la repatriación de los hijos de los yihadistas

El Instituto Egmont de Bélgica estima en 700 el número de menores en los campos del norte de Siria controlados por las fuerzas kurdas

La Unión Europea no tiene una política común de repatriación y cada Estado miembro actúa caso por caso y a nivel nacional

Silvia Martinez

Madres y niños en un campo de prisioneros del Estado Islámico en el norte de Siria.

Madres y niños en un campo de prisioneros del Estado Islámico en el norte de Siria. / RICARD GARCIA VILANOVA

Turquía ya ha empezado a expulsar a los yihadistas occidentales del Estado Islámico detenidos en sus cárceles –cuatro de ellos, según ha anunciado el ministro de Exteriores de Bélgica, Didier Reynders, de nacionalidad belga- mientras Europa calla ante la posible repatriación de aquellos que permanecen en los campos del norte de Siria, controlados por las fuerzas kurdas. No hay ninguna política europea común sobre repatriación, los gobiernos actúan cada uno por su cuenta y los llamados combatientes extranjeros se han convertido en personas no gratas en el Viejo Continente, incluidos sus mujeres e hijos. 

Aún así, organizaciones internacionales como Naciones Unidas, asociaciones no gubernamentales como Save the children y centenares de familiares siguen reclamando su regreso, especialmente el de los menores atrapados en los campos. No hay cifras oficiales pero sí estimaciones que dan una cierta idea de la magnitud del problema. Según un análisis publicado recientemente por el Instituto Egmont, un centro de investigación belga, el número de combatientes europeos detenidos en el norte de Siria asciende a 430 personas. El grueso de ellos son franceses (130) y alemanes (124) pero también muchos belgas (57), holandeses (50), suecos (31-45) y algunos españoles (4). 

Junto a ellos, unos 700 menores, la mayoría franceses (270-320) y alemanes (138), pero también un nutrido grupo de holandeses (90), belgas (69), suecos (57) y españoles (17). Unas cifras probablemente subestimadas, apuntan, que no tienen en cuenta los centenares de personas que ya han huido de los campos -800 mujeres y niños, según algunas estimaciones de la oficina europea de la lucha antiterrorista- y que apuntan a la existencia de un contingente europeo mayor del que se pensaba, compuesto en su mayoría por niños que viven en condiciones “peligrosas”, según han denunciado en los últimos meses desde el Consejo de Europa hasta Naciones Unidas. 

Situación en los campamentos

“Los niños sufren de malnutrición, tienen falta de vitaminas, su salud física es mala y su crecimiento se ha visto afectado”, explica a EL PERIÓDICO Sofia Mahjoub, de Child Focus, una fundación belga que trabaja en la protección de los niños y que lleva meses pidiendo al Gobierno de Bélgica que asuma su responsabilidad. Su directora, Heidi de Pauw, visitó hace unos meses los campamentos del norte de Siria para evaluar las condiciones en las que viven los ciudadanos belgas y particularmente los menores. “Sabemos que hay al menos 46 niños en los tres campos, pero uno de ellos es un caos y hay muchos que han huido”, explica.

Solo en el campo de Al-Hol, en el noreste de Siria, se calcula que viven 73.000 personas desplazadas. El 90% de ellas mujeres y niños que no llegan a los seis años, sin acceso prácticamente a cuidados sanitarios, educación y alimentos, en situación de absoluta vulnerabilidad. “La situación es terrible y ha empeorado desde principios de octubre. Corren riesgos muy elevados y son objeto de abusos”, denunciaba hace unos días la representantes de ACNUR, Marie Dominique Parent, ante la Eurocámara. 

Los gobiernos europeos esquivan el debate

El problema, apunta la eurodiputada socialista belga Marie Arena, es que “es un tema al que lamentablemente muchos gobiernos no quieren enfrentarse” pero “esconder la cabeza no soluciona el problema”, insiste. “Ceder ante el temor de la opinión pública es algo dañino. No podemos ver la existencia de estos niños a ojos de los combatientes extranjeros”, añade. Los gobiernos europeos han optado hasta ahora por mantener un perfil bajo y esquivar el debate ante una opinión pública muy sensible y que no ha olvidado los atentados yihadistas de los últimos años en el corazón de Europa. 

Este es el caso de Bélgica que ha repatriado hasta el momento a 30 menores y que mantiene la política de aceptar solo a los menores de 10 años y preferiblemente solo a aquellos que se han quedado huérfanos. A partir de esa edad la posición oficial es analizar caso por caso ya que entienden que los menores son susceptibles de haber estado expuestos a entrenamiento militar bajo la ideología del Daesh y de radicalizarse. Aún así la mayoría de los seis niños repatriados en junio tenían más de 10 años, según Child Focus. 

El órgano de coordinación de la amenaza terrorista (OCAM) en Bélgica discrepa, sin embargo, de esta práctica y entiende que todos los menores deben ser repatriados. “Cuanto más esperemos más corremos el riesgo de que se cree otra generación de yihadistas. Estar en los campos o ser prisioneros aumenta el riesgo de desarrollar un sentimiento de odio hacia occidente. Podemos quitarles la nacionalidad, pero tenemos la responsabilidad hacia nuestros ciudadanos”, advierte el director de la OCAM, Paul Van Tightelt. Pese a la constatación de este experto, "no hay ninguna política europea sobre repatriación de los combatientes extranjeros" y "los Estados miembros repatrían caso por caso. Básicamente niños no acompañados", admite Christiane Hoehn, consejera principal del coordinador europeo contra el terrorismo.

El riesgo de no repatriar

“Como víctimas, los niños deberían ser repatriados sin debate ni retrasos pero incluso los adultos deberían ser considerados para la repatriación. Desde un punto de vista de seguridad, la organización de una repatriación controlada de los nacionales europeos –hombres, mujeres y niños- parece ser la opción menos mala”, sostienen Thomas Renard y Rik Coolsaet, expertos del Instituto Egmont. “No es solo lo que hay que hacer, en línea con los valores morales y las leyes europeas, sino también la forma más apropiada de asegurar un proceso y una vigilancia a largo plazo”, añaden.

“La situación es muy urgente. Las agencias humanitarias están diciendo que puede que el año que viene sea demasiado tarde y que la situación sobre el terreno cambie. Ahora hay una ventana de oportunidad para sacar a esos niños y los Estados miembros tienen que ponerse manos a la obra ya. Si no se hace nada supondrá la sentencia de muerte para muchos de ellos. Lo que necesitamos es un enfoque general rápido, repatriar cuanto antes a niños y sus madres”, reivindica Jacqueline Hale, de Save the children. "No repatriarlos a pesar del problema de seguridad puede contribuir a movilizarlos más y alimentar las denuncias de estigmas y odios. Dejar a los niños en campos no solo prolonga su sufrimiento sino que se ven abocados al adoctrinamiento", alerta Parent.

Dos abogados contra el Estado belga

Ante la falta de respuesta del Gobierno belga, dos abogados belgas, Abderrahim Lahlali y Mohamed Azdemir, han denunciado al Estado belga para que repatríe a sus clientes: el terrorista yihadista Adel Mezroui, 3 viudas del Estado Islámico (Nadia Baghouri, Jessie van Eetvelde y Sabah Hammani) y 10 niños de edades comprendidas entre los 7 años y los seis meses. “No queremos hablar de su pasado. Lo que importa es que el Estado belga es totalmente negligente con nuestros clientes. Están atrapados como ratas, especialmente desde la invasión de Turquía del norte de Siria. Las condiciones en Al-Hol son miserables, insostenibles y explosivas”, denunciaban hace unas semanas.

La audiencia tenía que haberse celebrado la semana pasada pero finalmente se ha aplazado al 20 de noviembre. Los abogados piden una sanción contra el Estado belga de 7.500 euros por día y por persona, hasta un máximo de millón y medio por cada uno de sus clientes, si no toma medidas para trasladar a sus clientes a un lugar seguro que puede ser Bélgica pero también otros países vecinos de Siria como Jordania, Turquía o Líbano.