Ir a contenido

La presidenta provisional boliviana

La opositora Áñez, nueva presidenta interina de Bolivia

La senadora de derechas tomó la decisión ante la falta de quorum parlamentario cuando se intensificaba el vacío de poder

Áñez ya fue reconocida por Estados Unidos y por el Brasil de Jair Bolsonaro, dos aliados fundamentales

Abel Gilbert

 La senadora opositora Jeanine Añez asume la presidencia interina de Bolivia. / EFE

 La senadora opositora Jeanine Añez asume la presidencia interina de Bolivia.
Un tanque patrulla las calles de La Paz, este martes.

/

Todo le sucede de manera vertiginosa a la senadora Jeanine Áñez. En la noche del martes se autoproclamó sin quorum parlamentario presidenta interina y a las apuradas buscará llevar a Bolivia a nuevas elecciones en 90 días. Sus colaboradores inmediatos provienen de la derecha como ella.  Áñez recibió de inmediato la bendición del mismo Tribunal Constitucional que en 2017 había avalado la reelección indefinida del renunciante Evo Morales. Los jueces encontraron un artículo en la Carta Magna que salvaba los papeles de los conjurados. "El funcionamiento del órgano ejecutivo de forma integral no debe verse suspendido", dictaminó. Ante la dimisión de Morales y toda la línea de sucesión natural, solo alcanzaba con que la segunda vicepresidenta del Senado se postulara a sí misma para dar vuelta de página

Cambiar de bando no es una prerrogativa de los integrantes del Supremo. El general Willams Kaliman, comandante de las Fuerzas Armadas dejó de considerarse un "soldado" del Evo en un santiamén. En su primera aparición pública después de los sucesos del domingo que lo tuvieron como protagonista decisivo al "recomendarle" a Morales que abandonara el poder, pasó de las palabras a los hechos:  fue el encargado de calzarle la banda presidencial a Áñez. Ese fue su último acto como autoridad castrense. Lo rremplazó en el cargo el general Carlos Rorellana Centallas. "Llamo a la calma a la población. Les pido deponer actitudes intransigentes", dijo Rorellana Centellas.

 La presidenta interina no dejó de enviar gestos simbólicos desde que ocupó el Palacio Quemado. Lo primero que hizo es salir al balcón con una Biblia y al lado del empresario cruceño Luis Fernando Camacho, quien luego se fue a festejar frente al Cristo Redentor de la región de Santa Cruz y mucho antes de que se acelerara la conspiración había augurado el retorno de los rezos y los rosarios al Gobierno.

"¡La Biblia vuelve a Palacio!".

Tras el golpe en Bolivia. Estremecedor.

(vía @brunosgarzinipic.twitter.com/bPN727wEyv

— Ángel Munárriz (@angel_munarriz) November 13, 2019

La presencia de Camacho y Áñez en ese balcón es a su manera un triunfo de la región más rica del país que en 2007 intentó una aventura separatista y terminó a su manera logrando los objetivos de su elite por otros medios. Áñez no es cruceña. Proviene del Beni, el otro departamento del noreste que con mayor énfasis rechazó a Evo Morales. Sin embargo,  pertenece al  muy conservador Movimiento Demócrata Social que tiene sus raíces en la región vecina. 

Ya reconocida por EE.UU y Brasil como presidenta legítima,  la senadora empezó a armar su equipo y la seguridad personal, encomendada esta vez a la policía y no las Fuerzas Armadas, acaso como premio a haber encabezado los motines contra el entonces presidente. "Subordinación y constancia", les exigió Áñez a los uniformados y en ese pedido también quiso dejar en claro el cambio de época en Bolivia. Militares y policías juraban con el lema "patria o muerte” que Fidel Castro hizo público en 1960 tras un atentado en el puerto de La Habana. Morales, un admirador incondicional y acrítico del castrismo, los hizo propio en sus ceremoniales de Estado.

Áñez es la segunda presidenta de la historia boliviana. Su antecesora en ese cargo fue Lidia Gueiler (1979-1980), quien trató de llevar adelante un Gobierno progresista y fue derrocada por el tenebroso golpe militar encabezado por el general Luis García Mesa. Su flamante Gobierno provisional es consciente de su fragilidad y las protestas que se avecinan. Tras la renuncia de Morales fallecieron cuatro personas y diez en total desde fines de octubre. No en vano Camacho olvidó por un momento sus discursos sobre la superioridad de la raza blanca e hizo flamear en el balcón del Palacio de Gobierno  una 'whipala'. Camacho quiso dar a entender que las quemas de la bandera de los pueblos andinos por parte de uniformados había sido un malentendido. La revuelta conservadora no quiere darle la razón a Morales cuando los acusa de racistas.

Morales acusa a la OEA 

Desde México, Morales ha comenzado a organizar la resistencia. Por ahora despotrica a través de  twitter. "Camacho, la Biblia no se usa para mandar a matar a bolivianos y la Constitución Política del Estado no es para quemar instituciones. Basta de destruir Bolivia", escribió. El ex líder cocalero y ex presidente boliviano acusó a la Organización de Estados Americanos (OEA) de haber sido un eslabón esencial en el proceso que condujo a su dimisión. "Lamentablemente la OEA se ha sumado a ese golpe de Estado". Su secretario general, el uruguayo Luis Almagro, había considerado el martes que Morales había cavado su fosa al propiciar la alteración de las actas electorales que lo dieron vencedor en primera vuelta. "A los nuevos políticos de América Latina: cuídense de la OEA. La OEA es neogolpista", le respondió desde su inesperado exilio.