01 abr 2020

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CRISIS POLÍTICA

Evo Morales dimite como presidente de Bolivia tras la presión del Ejército

El país se quedó sin línea de sucesión por la renuncia de las autoridades parlamentarias y enfrenta un inédito vacío de poder

En medio de saqueos, incendios y otras situaciones de violencia, el expresidente denuncia que quieren detenerlo de manera ilegal

Abel Gilbert

Protestas contra Evo Morales en Bolivia este domingo.

Protestas contra Evo Morales en Bolivia este domingo. / REUTERS / CARLOS GARCÍA RAWLINS

"Era impensable, pero pasó", dijo el diario paceño La Razón en referencia al acontecimiento que sacude a Bolivia y América Latina.  Evo Morales Ayma abandonó el poder después de ejercerlo 14 años y cambiar el rostro del país más pobre de la región.

Morales enfrentó un "golpe cívico-policial" y prefirió la dimisión antes de quedar en el centro de un temido baño de sangre. Había ganado tres elecciones consecutivas con más del 50% del voto. La última y forzada cadidatura selló su suerte. Semanas atrás había proclamado su reelección en primera vueltaSu contendiente Carlos Mesa denunció fraude en un escenario cada vez más caldeado.

Morales aceptó que la Organización de Estados Americanos (OEA) auditara el recuento de votos . El domingo, los expertos aseguraron haber detectado anomalías. El presidente convocó a nuevos comicios pero ya era tarde: los encendidos adversarios solo querían su cabeza y las Fuerzas Armadas que se proclamaban como garantes de la institucionalidad le soltaron la mano.

En pocas horas perdió el respaldo de todos los uniformados. "Denuncio ante el mundo y pueblo boliviano que un oficial de la policía anunció públicamente que tiene instrucción de ejecutar una orden de aprehensión ilegal en contra de mi persona; asimismo, grupos violentos asaltaron mi domicilio. Los golpistas destruyen el Estado de Derecho", dijo en twitter horas después un Morales convertido en la sombra de lo que había sido.

Celebraciones

La sociedad boliviana exhibió sus heridas a flor de piel. En las principales ciudades hubo festejos y cantos de una guerra restauradora todavía por librarse.  En buena parte del mundo rural imperó la tristeza, el estupor y el desconcierto por la celeridad de los hechos. Ahora se teme una revancha social.

También se registraron saqueos, incendios de viviendas, situaciones de linchamiento. "Golpe" volvió a ser una palabra con sentido histórico en una Bolivia que durante el siglo XX tuvo tantas asonadas militares que los ciudadanos perdieron la cuenta de las interrupciones. "Le he dicho a todos los bolivianos y al mundo entero que sepan cómo grupos oligárquicos conspiran contra la democracia", señaló Morales al explicar su dimisión. "Quiero que sepa el pueblo boliviano, no tengo por qué escaparme, que me digan si estoy robando algo, que me diga, que presente una prueba". Varios funcionarios de su Gobierno pidieron asilo en la embajada mexicana.

La caída de Morales se incubó cuando el presidente perdió en 2016 la consulta popular con la que intentó obtener el derecho a pelear en las urnas por un nuevo período de Gobierno. Fue un referendo etxraño. En las redes sociales prliferaron las noticias sobre una paternidad no reconocida. Todo terminó siendo una farsa noticiosa con un efecto premeditado: minar la confianza en el presidente. Morales  luego cometió el error de pedir la bendición del Supremo para participar de las elecciones del 20 de octubre. El anhelo de permanencia enervó a propios y extraños. 

Vacío de poder

En la noche del domingo, más allá de las celebraciones y el duelo, una certeza se imponía en Bolivia: el vacio de poder. A la dimisión de Morales y su vicepresidente, Álvaro García Linera, le siguieron las principales autoridades del Congreso, Víctor Borda y Adriana Salvatierra. Por lo tanto, la línea natural de sucesión establecida en la Carta Magna quedó en el aire. La legislatura, donde el Movimiento al Socialismo (MAS) tiene una mayoría aplastante, debe aceptarle la renuncia a su jefe político en las próximas horas. ¿Lo hará? ¿Cuando? Las informaciones al entrar el lunes seguían siendo confusas al respecto. La oposición, que se ha adueñado de las calles, quiere obligar al oficialismo a acelerar los trámites que permitan formar un Gobierno provisional.

Por el momento, las Fuerzas Armadas se mantienen en un segundo plano. La decisión de no reprimir la protesta policial para no reeditar incidentes como los de 2003 que concluyeron con 11 uniformados muertos, terminó siendo determinante. Morales había cortejado a los militares. Entonaba con ellos las estrofas de la canción patria y asistía a los desfiles y otras ceremonias castrenses. Creyó que hablaban el mismo idioma o quiso creerlo al punto que fundó una Escuela Antiimperialista  para formar oficiales consustanciados con la "revolución democrática y cultural".

Paradojas del milagro boliviano

La era Morales se caracterizó una tasa de crecimiento sostenido que permitió reducir sistemáticamente la pobreza. A diferencia del colapso venezolano, el MAS evitó el derroche del gasto estatal, cuidó las reservas monetarias y redujo el endeudamiento. Su comportamiento fue considerado ejemplar, incluso por los inversionistas extranjeros. Sin embargo, no fue suficiente para sostener el proyecto político que se propuso refundar el país.

La derecha liderada por la región de Santa Cruz quiso tumbarlo en el 2007. La Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR), encabezada entonces por Michelle Bachelet, frenó esa intentona. Doce años más tarde, la región se ha astillado y no tiene un foro común para enfrentar los conflictos. Los ex presidentes Luiz Inacio Lula da Silva y Cristina Fernández de Kirchner hablaron de "golpe de Estado". Jair Bolsonaro, en cambio, atribuyó la caída de Morales a las "denuncias de fraude". Ahora, el caso boliviano le añade a Sudamérica una nueva zona de convulsión.