22 feb 2020

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LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Los "traidores" de la patria turca

Más de un centenar de detenidos por criticar en las redes sociales la operación militar de Turquía en el noreste de Siria

Adrià Rocha Cutiller

Bombardeos sobre la ciudad siria de Ras al-Ein, vista desde la frontera turca. 

Bombardeos sobre la ciudad siria de Ras al-Ein, vista desde la frontera turca.  / EFE EPA / ERDEM SAHIN

Eran las cinco de la madrugada del 19 de octubre cuando, sin previo aviso, llamaron a la puerta de Nurcan Baysal, periodista. Ella no estaba en casa. Abrió su marido. Entraron de golpe: unos 30 hombres, armados con fusiles de asalto, franquearon la puerta y, a gritos, registraron la vivienda entera, preguntando por Baysal.

No encontraron nada. Al cabo de unos minutos se fueron. "Lo hicieron adrede. Sabían perfectamente que yo no estaría en casa -explica Baysal, que está unos meses en Londres realizando una beca-. Lo único que intentaron era intimidarme a mí y asustar a mis hijos. Ellos están ahora aterrados".

Baysal dice que no sabe -que ninguna autoridad se lo ha comunicado- por qué la investiga la policía. Pero dice, también, que se lo imagina: es por haber publicado en sus redes sociales comentarios y artículos críticos con la operación que Turquía, este octubre, ha lanzado en contra de las milicias kurdosirias de las YPG, consideradas terroristas por Ankara.

Vínculos con terroristas

Su caso no es único: desde el 9 de octubre -día en que Erdogan lanzó el ataque- algo más de un centenar de personas han sido detenidas por el mismo motivo. A todos se les acusa de tener vínculos con un grupo terrorista o hacer propaganda por ellos.

"Esta ya es la tercera vez que me pasa -se queja la periodista, que ríe de incredulidad-. Siempre me abren casos, me investigan y después, al cabo de un tiempo, no encuentran nada. Y, para ser honesta, voy con mucha cautela a la hora de escribir. No uso palabras que sé que me podrían causar problemas tanto a mí como a mi familia. Pero no sé de qué me acusan. Nadie me ha dicho nada. Lo único que sé es que me tienen ganas", puntualiza.

"No uso, por ejemplo, la palabra 'invasión' [para referirme a la acción militar turca], pero tampoco uso 'operación antiterrorista', porque hay mucha gente, civiles, que están muriendo. Esto es lo que escribo: hablo sobre violaciones de los derechos humanos, los efectos de la guerra sobre la gente, los civiles que perdemos… Y ellos, lo que quieren, es que me calle. Me insultan, desacreditan y acusan de terrorismo cuando yo, lo único que hago, es cuestionar la versión oficial de las cosas y que la sociedad se haga preguntas. Ellos, evidentemente, no quieren que lo haga", continúa Baysal.

Prohibido oponerse

Entre los detenidos e investigados -estos últimos son unos 700- hay, además de periodistas, activistas y políticos. Todos tienen algo en común: son cercanos o miembros del partido prokurdo HDP, el tercero en representación en el Parlamento turco y el único de todos los partidos en Turquía, partidarios o contrarios a Erdogan, que se ha opuesto a la operación militar. Hacerlo, dijo el ministro del Interior turco, equivalía a "traición a la patria".

Y el precio que están pagando por ir a la contra es alto: en octubre, ocho de sus alcaldes han sido expulsados de sus puestos, para los que fueron elegidos el pasado 31 de marzo. En total, desde las elecciones, han sido expulsados 13 alcaldes del HDP. En sus despachos, Erdogan ha puesto a funcionarios afines a su partido, el AKP.

Es el caso, por ejemplo, de Adnan Selçuk Mizrakli, alcalde electo de Diyarbakir -la mayor ciudad del sureste turco-, que fue expulsado de la alcaldía a finales de este verano. Ahora, el pasado 22 de octubre, cuando la operación militar iba viento en popa, fue detenido y encarcelado por tener, según la fiscalía, vínculos con grupos terroristas. Su juicio está en marcha.

"El Gobierno sabe que los kurdos están en contra de esta guerraTiene miedo de que esto se sepa en el exterior y afecte a la unidad moral del país. Por esto, para callarle, se está juzgando a Selçuk Mizrakli. Lo detuvieron únicamente porque era el alcalde de Diyarbakir y porque el Estado así lo quiso. Nada más", dice uno de sus abogados, Emin Aktar.

"No ha sufrido ningún tipo de violencia física. No obstante, una detención injusta ya es de por sí un acto de violencia. Si tu libertad se ve injustamente restringida y tu seguridad legal ninguneada, eso ya es violencia. No hay violencia más severa que la falta de derechos", dice Aktar.

Fin de la ofensiva

Con el alto el fuego firmado por Turquía y EEUU -y rubricado por Rusia-, el conflicto en el noreste de Siria se ha enfriado. Pero los casos y detenciones, en lado turco de la frontera, siguen.

No hay muchas certezas, pero Baysal está segura. "Cuando vuelva a Turquía me detendrán. Seguro. Ya lo sé. Una organización me escribió para ayudarme a sacar a mis hijos de Turquía, pero les dije que no. Porque es lo que el Gobierno querría: que no volviese nunca más. Que me quedase fuera. Que no pueda explicar lo que hacen. Y no haré lo que ellos quieren porque, entonces, habrían ganado", dice Baysal, y que, como periodista, como escritora, tiene la responsabilidad de contar lo que pasa. Escribir la historia: "Porque si no la escribirán ellos. Y eso no lo puedo permitir".