02 abr 2020

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OFENSIVA EN ORIENTE PRÓXIMO

Rusia gana, pierde la lucha contra el extremismo

Una retirada completa de las tropas estadounidenses de Siria permitiría al Kremlin diseñar a su antojo el futuro de Siria, al tiempo que pone en peligro los logros en la lucha antiterrorista

Marc Marginedas

Bashar el Asad y Vladímir Putin, en una imagen de archivo.

Bashar el Asad y Vladímir Putin, en una imagen de archivo. / ALEXEI DRUZHININ (AP)

Para desgracia de sus ciudadanos, Siria se ha convertido en un pequeño país, con una superficie equivalente a aproximadamente un tercio de España, donde convergen los intereses de múltiples estados. Una guerra que en un principio enfrentaba al régimen dinástico y dictatorial de la familia Asad con unos insurgentes que demandaban democracia y buena gobernanza ha derivado, en los últimos años, en un conflicto entre potencias regionales y mundiales a través de facciones sirias aliadasRusia e Irán respaldan al régimen sirio, EEUU y Europa a las milicias kurdas norteñas, Turquía a un grupo de rebeldes sunís establecidos en el noroeste.

Cuando alguno de estos influyentes actores, en este caso el Gobierno de Ankara, rompe el estatus quo, todo el equilibrio de alianzas se resiente, los contendientes se reposicionan y surgen ganadores y perdedores. A continuación se detalla un sumario de los potenciales efectos a corto, medio y largo plazo de la ofensiva turca en el norte de Siria.

1- Rusia se beneficiará a largo plazo de una retirada estadounidense

Los beneficios futuros para Moscú y su aliado, el régimen de Bashar el Asad, de una eventual retirada de las tropas norteamericanas son evidentes. Tras largos años de bloqueo diplomático, la ONU acaba de anunciar la constitución del comité constitucional sirio, una entidad formada por 150 miembros, representantes de la oposición, el régimen y la "sociedad civil", con la misión de redactar una constitución. Los kurdos no habían sido invitados a participar precisamente por su alianza con EEUU. 

Si finalmente se materializa la salida de las tropas norteamericanas, Washington carecerá de influencia alguna en el futuro de Siria, cediendo el terreno a Rusia, Irán y Turquia -tres países con los que mantiene importantes diferendos-, lo que implica una pérdida de posiciones en una zona del mundo que considera estratégica para sus intereses. "La decisión de Trump es un regalo al presidente ruso Vladímir Putin y al régimen del presidente Bashar el Asad", ha valorado Brett McGurk, exenviado presidencial para Siria, quien renunció al puesto después de que Trump anunciara en diciembre pasado, aparentemente en otro arranque impulsivo, una primera retirada que finalmente se quedó en agua de borrajas.  

2- Moscú busca evitar un choque directo entre Damasco y Turquía

La operación turca no está exenta de riesgos para el Kremlin. El principal, que Turquía se exceda, se adentre en territorio sirio y la operación degenere en un enfrentamiento directo entre el régimen de Asad y el Ejército del país otomano, arruinando los pequeños avances diplomáticos respaldados por el Kremlin de los últimos días. Damasco aspira a recuperar el control sobre todo el territorio sirio y ve la incursión turca como una violación de su soberanía nacional

"Rusia lo que quiere es que la operación acabe lo antes posible y con el menor coste", explica telefónicamente Alekséi Malashenko, orientalista y exdirector del centro Carnegie en Moscú. Las declaraciones de los diferentes dirigentes rusos estan yendo en ese sentido precisamente. "Consideramos importante que todos los bandos muestren contención y cuidadosamente midan los pasos a seguir para no dañar las medidas tomadas para garantizar una resolución pacífica", ha declarado Yuri Ushakov, consejero del Kremlin para asuntos internacionales, en una advertencia nada velada a Ankara.

3- La idea de que Turquía vigile a los presos de ISIS genera gran inquietud

Nadie en la UE confía en Recep Tayyip Erdogan, y mucho menos en que sus tropas puedan (o incluso quieran) vigilar con eficacia a los presos de Estado Islámico, ahora en manos de las milicias kurdas. Devenido ya el presidente de un régimen autoritario, el líder turco tiene un historial de haber empleado en el pasado temas como la inmigración o los refugiados para ejercer presión sobre Bruselas y obtener concesiones. Sus últimas palabras, amenazando con permitir que 3,6 millones de refugiados sirios se precipiten sobre las fronteras de Europa si los dirigentes comunitarios osaban criticar su ofensiva refuerza la idea de que los Veintiocho tienen enfrente a un interlocutor dispuesto a utilizar temas humanitarios como medidas de presión, sin importarle el coste.

Nadie se explica tampoco como dos fuerzas sobre el papel enemigas -las tropas kurdas y el Ejército turco- pudieran darse el relevo pacíficamente y con garantías de seguridad en la vigilancia de los campos de prisioneros que albergan a 12.000 combatientes del ISIS y a 70.000 simpatizantes, incluyendo a mujeres y niños. Ante la inminencia de la ofensiva, el líder de Estado Islámico, Abu Baqr al Baghdadi, ha hecho un llamamiento a sus seguidores a que aprovechen las oportunidades que podría brindarles la ofensiva turca. De hecho, ya circulan rumores sobre posibles tentativas de fuga masivas.