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ENTREVISTA

Josina Machel: "El patriarcado es tan poderoso que muchas mujeres lo justifican"

Hija del primer presidente democrático de Mozambique, perdió un ojo después de encajar una brutal agresión de su expareja

Ahora ayuda a otras víctimas de violencia machista y aporta su testimonio en el documental 'Woman', que se presenta en BCN

Víctor Vargas Llamas

Josina Machel, víctima de violencia machista y líder del movimiento Kahluka para proteger y empoderar a otras mujeres afectadas por esta lacra. 

Josina Machel, víctima de violencia machista y líder del movimiento Kahluka para proteger y empoderar a otras mujeres afectadas por esta lacra.  / JORDI COTRINA

Arrodillada, con el vestido ensangrentado y la voz quebrada, Josina Machel imploraba ayuda en un hospital de Maputo, la capital mozambiqueña, el 17 de octubre del 2015, tras recibir una brutal paliza de su entonces pareja, el mismo que la abandonó a su suerte a las puertas del centro sanitario. Ni la acuciante emergencia ni su condición de hija del expresidente mozambiqueño Samora Machel e hijastra del exmandatario sudafricano Nelson Mandela le evitaron las más de tres horas que transcurrieron hasta recibir una asistencia que no pudo impedir que perdiera un ojo. Desde entonces, Josina lidera Kuhluka, un movimiento para proteger y empoderar a las víctimas de abusos y de violencia machista. Su experiencia y la de otras víctimas se recoge en el documental 'Woman', impulsado por Medicus Mundi y que se estrenó esta semana en Barcelona.

¿Cómo recuerda aquella agresión? ¿En qué ha cambiado su vida desde entonces?

Todo el día fue muy difícil porque era la víspera del 70º aniversario de mi madre y por primera vez percibí que ya no era joven, que la fuerza más constante de mi vida podría faltarme en cualquier momento. Le pedí a mi pareja de entonces pasar la noche en casa de mi madre, para poder dormir en su cama, como hacen los niños. Su respuesta fueron tres grandes golpes en mi cabeza. Perdí mi visión inmediatamente. Pero creo, no creo, sé que en aquel momento una parte de mí murió y otra nació. Una más fuerte, con grandes convicciones de la lucha contra la violencia machista y de los derechos de las mujeres, así como de la necesidad de completar no un cambio, sino una transformación total.

Los informes médicos de la agresión desaparecieron del expediente policial, la condena de cárcel de su expareja quedó suspendida... ¿El hombre mozambiqueño tiene impunidad?

La realidad demuestra que sí. Los hombres asaltan, matan, agreden diariamente y no sienten las consecuencias de sus actos. Los gobiernos implementan las leyes, pero no dotan como deberían a las instituciones que deben encargarse de su aplicación. En Mozambique, en África, hay un sistema de patriarcado, pero no es muy diferente de lo que pasa en España. El patriarcado es tan poderoso que incluso muchas mujeres lo justifican, no ven la necesidad de un cambio. Y, claro, a los hombres ya les va bien así. Mi padre decía "La victoria se conquista, no se regala". Somos nosotras las que debemos luchar por los derechos y por transformar la mentalidad.

"El día de la agresión murió una parte de mí y nació otra, fuerte y convencida de la necesidad de una transformación"

Muchas mujeres africanas temen el estigma y piensan que el coste de denunciar es demasiado elevado. ¿Cómo se vive con esa doble victimización?

Cuando una víctima de violencia machista denuncia lo hace porque quiere cambiar la situación. Pero en la cultura africana cuando una mujer se casa entra a formar parte de una familia, no es una relación tan individualizada como en Europa. Y cuando denuncia lo hace por ella misma, pero también por su familia y por la sociedad. Desde entonces, ya no se le verá solo como a una mujer, sino como esa mujer que fue violada, la que fue agredida. Será señalada y nunca más se sacudirá esa marca, por más que quiera seguir con su carrera profesional o luche por un cambio en su vida. Especialmente si no tiene recursos. Siempre tendrá que escuchar: "Tú denunciaste, hablaste de un secreto de familia. Tú no tienes la lealtad que requiere la familia".

Trailer de ’Woman’ documental de Medicus Mundi sobre la violencia de género en Mozambique. / MEDICUS MUNDI

¿Qué obstáculos se encuentra el movimiento Kuhluka que usted lidera?

El mayor desafío es la necesidad de transformar la manera en la que las instituciones lidian con casos de violencia. Mozambique promulgó la ley de la violencia en el 2009, cuando apenas había denuncias y no teníamos una conciencia total de las necesidades. Ahora tenemos números mucho más altos de mujeres que denuncian. Pero precisamos de políticas más sofisticadas y adecuadas que posibiliten la transformación de las instituciones para dar respuesta a las auténticas necesidades.

En Sudáfrica, la primera potencia africana, una mujer es violada cada 26 segundos, 6 veces más que la media mundial. ¿África necesita algo más que un #MeToo?

El #MeToo fue muy bueno para galvanizar una respuesta de las víctimas y evidenciar que en muchas ocasiones los abusadores son artistas, empresarios y personas influyentes, que determinan políticas y actuaciones públicas. En Sudáfrica en particular ya tienen sus propios 'hashtags' y un gran movimiento feminista y cívico de lucha contra la violencia de género. El Ejecutivo de [Cyril] Ramaphosa es el primero en toda África que crea un plan estratégico reservado a la violencia machista y ha dedicado recursos por valor de 1 billón de rands [más de 60 millones de euros] específicos para la violencia.

La problemática parece difícil de abordar cuando muchos abusos empiezan ya en la infancia, en la intimidad del hogar.

La violencia doméstica y las violaciones son como una amante en el armario. Todo el mundo quiere ocultarlo. También la víctima, que siente una inmensa vergüenza y no quiere que se conozca. Se crea esta gran contradicción interna que debe ser transformada, para abordar después la realidad familiar y la social hasta completar el proceso. Pero, por suerte, esta situación está cambiando.

"La violencia contra la mujer es como una guerra: pueden morir o quedar con heridas que arrastrarán toda la vida"

¿Qué mensaje pretende trasladar el documental?

La violencia machista es como una guerra en la que todos los días hay personas que morirán y otras volverán con heridas visibles, como mi ojo, y con otras que no se aprecian, pero que se arrastran toda la vida. Mujeres de todo el mundo también se despiertan sabiendo que algunas de sus hermanas, amigas o compañeras pueden morir. O incluso ellas mismas. Saben que deben sobrevivir en un mundo tan violento y machista. El documental traslada la realidad de Mozambique al mundo, por más que esta guerra afecta a todas las mujeres, puesto que tampoco aquí las mujeres son independientes. Y trata de concienciar de la necesidad de crear herramientas para que las víctimas puedan tener un mejor sistema de asistencia social e institucional así como una mejor calidad de vida.

¿De qué armas dispone la mujer para ganar esta guerra?

De su fuerza. La fuerza es innata en las mujeres y es su identidad común. No existe madre que quiera que su hija sea violentada y agredida. No quiero eso para mí ni para las próximas generaciones. Las mujeres debemos concienciarnos de que para que yo viva necesito que tú vivas, que para que yo pueda ganar preciso que tú ganes. Cuando decidamos usar la fuerza interna y la capacidad que todas tenemos, no como una competición sino para luchar juntas, entonces sí, ganaremos esta guerra.