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EL REINO UNIDO, EN LA ENCRUCIJADA

Cummings, el hombre que mueve los hilos de Boris Johnson

Dominic Cummings, principal asesor de Boris Johnson e ideólogo del 'brexit', impuso una campaña de mentiras y eslóganes fáciles ante el referéndum del 2016

Ramón Lobo

Dominic Cummings, junto a su casa en Londres en agosto pasado.

Dominic Cummings, junto a su casa en Londres en agosto pasado. / HANNAH MCKAY (REUTERS)

¿Quién es Dominic Cummings, el hombre que comandó la victoria del 'brexit' en el referéndum de junio de 2016 y hoy es principal asesor de Boris Johnson? Si preguntaran a David Cameron, el incompetente primer ministro que convocó una consulta sobre un asunto difícil de explicar en un terreno abonado de sentimientos, les diría: "un psicópata". Su jefe de la estrategia, que comandó la campaña pro europea, Craig Oliver, sería más preciso: "“un ególatra con una bola de demolición".

Cummings ha estado estos días en los titulares, algo que detesta. Lo suyo son las bambalinas. Se le acusa de ser el cerebro de la expulsión de los 21 diputados 'torie's rebeldes, que han provocado las tres derrotas parlamentarias de su jefe en menos de 24 horas. En una reunión en el 10 de Downing Street, dedicada a acercar posturas, el dinamitero dijo: "¿Cuándo los jodidos diputados se van a dar cuenta de que nos vamos el 31?”, reveló 'The Guardian'.

Su tono suele ser directo e insultante. No pierde ocasión de hacer sentir a su interlocutor que lo toma por un inútil, o imbécil en el caso de Nigel Farage. Deberían ver la película 'Brexit: The Uncivil War' (HBO), para conocer al personaje, y qué está en juego. Si no fuera un genio de la comunicación que habla ruso, está enamorado de Sun Tzu, Tucídides y Dostoievski, diríamos (y se dirá cuando pierda el aura) que estamos ante un acosador laboral, un tipo peligroso.

Hablamos de un analista político que odia a la clase política y al 'establishment' (fue asesor de Cameron en los primeros años, y después despedido). Es un insurgente que trata de resetear el sistema por dentro, según narra la película, un eufemismo; lo que trata es de destruirlo.

Le reclutó para dirigir la campaña el lobista Mattew Eliott, que mantenía junto a un grupo de diputados eurófobos una lista de WhatsApp llamada "vengadores reunidos". Cuando trata de vender sus cualidades al grupo, Eliott califica a Cummings, de "perro de presa". Impuso una campaña de ideas simples y eslóganes falsos, como el célebre de los 350 millones de pago a la UE que dejaban de invertirse en la sanidad pública. Buscó crear una filosofía alternativa capaz de liquidar el pensamiento dominante. Una de esas ideas es la defensa de la identidad, el regreso a un mundo feliz perdido. Su lema fue demoledor: "tomar de nuevo el control".

Bolsas de descontento

Para encontrar las bolsas de descontento no detectadas por los partidos tradicionales, gente indignada que se siente ignorada por el sistema, que tiene miedo y nunca vota, Cummigns se sirvió de la empresa AggregatIQ, experta en crear a través de algoritmos un enfoque selectivo de los votantes para hacerles llegar una propaganda personalizada. La información sobre esos gustos e ideas se la suministramos nosotros a través de las redes sociales. AggregatIQ envió mil millones de anuncios en los últimos días de campaña.

La batalla vivida estos días en el Parlamento de Westminster ha sido épica. ¿Se trata del canto del cisne de un mundo que desaparece, de la democracia basada en la libertad y el secreto del voto? Con el sistema de AggregatIQ, el equipo de Cummings detectó tres millones de votantes potenciales que no habían acudido jamás a las urnas. Este tipo de empresas, como Cambridge Analytica, fueron claves también en la derrota de Hillary Clinton en EEUU. ¿Hemos aprendido algo de las nuevas reglas de juego?

Vamos a unas elecciones generales anticipadas en el Reino Unido, antes o después del 31 de octubre. Los británicos tendrá la posibilidad de votar parlamentarios como si fuera un segundo referéndum. Ya saben que el partido 'tory' ha sido secuestrado por los 'brexiters' más radicales, defensores de una salida sin acuerdo. También tienen información sobre las consecuencias de una salida a las bravas y sobre las mentiras del referéndum.

¿Servirá? Sean pesimistas; es más seguro, sobre todo si la alternativa al charlatán de Johnson, que conecta con el británico medio sin demasiados estudios, es Jeremy Corbyn. El laborista no apoyó en 2016 con el ardor que se necesitaba la campaña en favor de seguir en la UE, y en los meses agónicos de Theresa May solo ha buscado su interés: ser primer ministro.

Su partido le ha tenido que arrastrar de las orejas a la defensa de un segundo referéndum, en el que no cree. Corbyn es un euroescéptico de izquierda que votó "no" a la Unión Europea en la consulta de 1975. Solo un milagro derrotará a Johnson, u otro psicópata inteligente que en vez de bola de demolición tenga un plan capaz de ilusionar a su país.