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La crisis económica

Una encuesta señala a los argentinos como los más infelices del mundo

Una de las causa principales del desánimo es la crisis económica por la que atraviesa el país

Abel Gilbert

Una familia afectada por la crisis en una calla de Buenos Aire.

Una familia afectada por la crisis en una calla de Buenos Aire. / EFE / JUAN IGNACIO RONCORONI

"Podemos ser mejores", exclamó hace unos días Mauricio Macri ante sus seguidores, en lo que pareció ser un acto de despedida. Sus posibilidades de ser reelegido presidente el 27 de octubre no aceptan a estas alturas siquiera la posibilidad del milagro. El Gobierno de derechas subio al poder en el 2015 con la promesa de llevar a cabo una "revolución de la alegría".  Un reciente estudio realizado por la consultora Ipsos Global Advisor da cuenta sin embargo que los argentinos son los más infelices del planeta. El Global Happiness 2019 estableció comparaciones en 28 países. En el caso de los argentinos, solo un 34% de los entrevistados dijo estar contento. Los más dichosos del mundo son los canadienses y australianos.

Para la mayoría de los chilenos las condiciones materiales de vida determinan los niveles de ventura. En Brasil y Perú se pone el acento en el empleo. Y si como recuerdan los psicólogos, la satisfacción siempre tiene un componente subjetivo, en la Argentina de hoy las emociones negativas tienen la marca de las emergencias económicas. Cada sector social experimenta la amargura de una manera diferente, desde el empresario que ha cerrado su fábrica a la joven pareja que ha tenido que volver a la casa paterna porque no le alcanza para pagar el alquiler de un apartamento, llegando al escalón más primario y doloroso: los efectos de una pobreza que amenaza con azotar al 40% de la población.

Componente culturales

La ciudad de Buenos Aires ha incorporado la amargura existencial como uno de sus componentes culturales a partir del tango. Son numerosas las canciones que la invocan, desde la 'Milonga triste', de Sebastián Piana y Homero Manzi, a 'Mi tango triste', compuesto por Aníbal Troilo en la época de oro del género, los años 40 del siglo XX, tiempo que también, curiosamente, estuvo marcado por un alto consumo y ascenso social.

Enrique Santos Discépolo, uno de los grandes nombres de la música rioplatense, definía al tango como "un pensamiento triste que se baila". Ya no se baila tanto salvo en el circuito turístico, pero el desconsuelo se mueve intensamente en la sociedad al compás de la falta de horizonte. Solo desde el 12 de agosto, la moneda nacional se ha hundido más del 30%, el Banco Central no deja de perder sus reservas y ha reaparecido el temor de los ahorristas a que confisquen sus depósitos, como hace 18 años.

En un país en el que la industria editorial cayó el 43% solo se salvan del descalabro los libros de autoayuda. Los más pobres tratan de encontrar consuelo en las iglesias evangélicas o los movimientos sociales. Han crecido las consultas psicológicas de los sectores medios y altos. Los profesionales recuerdan al Sigmund Freud de 'Más allá del principio del placer' y diagnostican sin dudas que los argentinos tienen una "compulsión a la repetición". Esta crisis ya se había experimentado en 1966, 1975, 1981, 1989 y el 2001. 

Delirios faraónicos

"La pesadilla del eterno retorno que sobrevuela el ánimo general", señaló la psicóloga Irene Hartmann en un artículo que publicó en el diario 'Clarín'. "Los cambios de moneda, las hiperinflaciones, los delirios faraónicos como la paridad entre el peso y el dólar, los corralitos, cepos y otras estrategias para la restricción cambiaria; los intereses de la deuda, la psicótica relación con el FMI; las tasas, los bonos... en fin, la imagen ilusoria de una Argentina pujante". 

Ser "los más tristes" tiene un lado positivo entre los que siempre sueñan con un trofeo aunque sea imaginario: al menos Argentina es campeona en algo.