28 oct 2020

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La crisis económica

La comida en Argentina, entre la sofisticación y la indigencia

Los restaurantes de cocina de autor conviven con una realidad en la que tres de cada diez niños pasan hambre

Abel Gilbert

Una mujer y un hombre se alimentan en un comedor social de Villa Fiorito, en Buenos Aires, el pasado mes de junio.

Una mujer y un hombre se alimentan en un comedor social de Villa Fiorito, en Buenos Aires, el pasado mes de junio. / RODRIGO GARCÍA (EFE)

Octubre queda demasiado lejos en un país donde los saltos del dólar, la suspensión de pagos a los acreedores y los presagios económicos más oscuros fijan el horizonte de las expectativas. Pocos se atreven a pronosticar qué sucederá con el Gobierno de derechas en una semana o dentro un mes, cuando debe comenzar en la ciudad de Buenos Aires '50 Best Latinoamérica', un encuentro con los máximos referentes de la cocina mundial. En la misma capital argentina y sus bordes coexisten a flor de piel la sofisticación y la indigencia alimentaria.

Un recorrido tentativo por los restaurantes punteros podría incluir como plato de entrada en el Darío Gualteri Bistro unos hongos con huevo a baja temperatura y emulsión de perejil. En Namida, en el barrio de Palermo, se podría optar por el ceviche siberiano de salmón, con sus añadidos de mango, cebolla morada, cilantro, apio, jengibre, ajo, lima, limón y leche de tigre. El tour de la gastronomía de autor terminaría en La Cuisine d'Olivier con una tarta de chocolate y crema inglesa perfumada con escaramujo y sorbete de mango.

Al mismo tiempo, una inflación superior al 50% vuelve imposible adquirir la cesta básica de alimentos a la gran mayoría de la población, las ventas en los supermercados han caído 12,6%,  ocho de cada 10 consumidores se han pasado a las marcas blancas de lácteos, un 72% de las personas han abandonado o reducido la compra de carne de vacuno. Tres de cada diez niños argentinos pasan hambre.

La Iglesia Católica le acaba de pedir al Gobierno que declare la "emergencia alimentaria". Martiniano Molina, el alcalde de la localidad bonaerense de Quilmes por el partido de Gobierno, había propuesto un remedio diferente inspirado en las chabolas de Villa Itatí. Quiso convertirlas  en un "polo turístico" inspirado en La Rocinha, la gigantesca favela de Río de Janeiro.

Comedores sociales

A Molina, quien saltó a la política desde un programa televisivo de cocina,  le habría gustado mostrar a los turistas extranjeros  "un montón de familias que trabajan, que se esfuerzan, que muestran su cultura, sus costumbres, su alimento, cultura de origen".  Parecía no haberse enterado de lo que sucedía entre sus calles. "En cada barrio se están abriendo nuevos merenderos, los antiguos merenderos ahora se transformaron en comedores sociales, y los comedores se ven obligados a entregar viandas extras porque no dan abasto. Las partidas gubernamentales no alcanzan a cubrir estas necesidades. Los maestros y los integrantes de las organizaciones sociales y eclesiales hacen lo que pueden con lo poco que tienen", señaló el diputado Daniel Arroyo.

Mirando la crisis de reojo, Bacán del barrio de San Telmo ofrece ostiones gratinados y cordero a las brasas.  Pocas cuadras separan al restaurante del supermercado Coto. Días atrás, Vicente Luis hizo allí su último viaje. Murió a los 68 años por un infarto, pero después de que dos empleados lo molieran a golpes porque, desesperado, quiso llevarse sin pagar dos chocolates, medio kilo de queso y una botella de aceite de oliva.

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