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MEMORIA HISTÓRICA

Campanadas por los esclavos muertos

Descendientes de esclavos y esclavistas recuerdan en una plantación de Maryland a las víctimas de la explotación

EEUU conmemora los 400 años de la llegada de los primeros esclavos a sus costas

Ricardo Mir de Francia

Varios descendientes de esclavos hacen cola para recitar el nombre de sus antepasados en la plantación de Sotterley.

Varios descendientes de esclavos hacen cola para recitar el nombre de sus antepasados en la plantación de Sotterley. / RICARDO MIR DE FRANCIA

Sobre una colina de campos de alfalfa, asomada a las aguas resplandecientes del río Patuxent, se levanta una antigua casa solariega de tejados rojos y fachada blanca. A primera hora de la mañana, las mariposas monarca revolotean sobre las flores del jardín y el rumor de las hojas se funde con el parloteo de las chicharras. Es difícil imaginar un lugar más idílico. La paz es abrumadora. Pero como atestigua una diminuta cabaña de esclavos colina abajo, la historia de Sotterley es más trágica de lo que su quietud sugiere. Durante un siglo y medio, funcionó como plantación de tabaco en la que fueron explotadas varias generaciones de esclavos africanos y formó parte de la red de puertos atlánticos donde se descargaba la 'mercancía humana' traída desde el continente negro. Una historia que sus descendientes se esfuerzan por recuperar. 

El pasado viernes se congregaron en los jardines de esta antigua plantación del sureste de Maryland para honrar a sus antepasados, coincidiendo con los 400 años de la llegada de los primeros esclavos africanos a las colonias británicas de lo que hoy es Estados Unidos. No solo estaban los bisnietos y tataranietos de aquellos hombres y mujeres sometidos a la más abominable de las servidumbres, sino también varios descendientes de la última familia que los mantuvo esclavizados. Bajo un espíritu de concordia, rezaron juntos y se abrazaron. Recontaron viejas historias familiares y fueron recitando uno a uno los nombres de sus antepasados sin obviar que el legado de aquel pecado fundacional de EEUU sigue enturbiando su presente.

"Nos redujeron a propiedad"

"Esta semana está siendo particularmente dolorosa", dijo emocionada Gwen Bankins, sobrina de la nieta del último esclavo nacido en Sotterley. "Como personas, nos redujeron simplemente a propiedad, fuimos parte de un sistema moralmente corrupto". Bankings recordó que la esclavitud fue solo el principio de una larga historia de opresión hacia la gente de color, que siguió con las leyes Jim Crew y la segregación racial hasta mediados de 1960. "Mi historia no se contaba en los libros de historia. Pero saber que mis antepasados no solo trabajaron estos campos, sino que ayudaron a construir esta comunidad, me ayuda a soportar las dificultades de mi vida".

De izquierda a derecha, Martina, Martin y Agnes Callum, bisnietos del último esclavo nacido en la plantación de Sotterley / RICARDO MIR DE FRANCIA

Tuvo que librarse una sangrienta guerra civil para que el país aboliera la esclavitud en 1865, casi 250 años después de que llegara a las costas de Jamestown (Virginia) el primer barco cargado de seres humanos. "Hacia finales de agosto" de 1619 atracó en Point Comfort el 'White Lion', un buque corsario al mando de "un hombre de la guerra holandés" que llevaba a bordo "unos 20 negros", según documentos de la época. Habían sido capturados en Angola por traficantes portugueses y fueron vendidos en Jamestown a cambio de "vituallas". 

Cuando Abraham Lincoln firmó la Emancipación, cuatro millones de personas habían sido esclavizadas, muchas de ellas descendientes de los cerca de 500.000 africanos transportados a la fuerza a EEUU, según los historiadores. Fue solo la punta del iceberg. En aquel brutal negocio trasatlántico, en el que participaron casi sin excepción todas las grandes potencias europeas, 12 millones de africanos fueron capturados (o comprados) y más tarde vendidos en colonias. Casi cinco millones recalaron en Brasil. Según las estimaciones, cerca del 15% del pasaje de cada barco murió durante aquellas brutales travesías de hasta tres meses, marcadas por el hacinamiento, las temperaturas extremas, el hambre o la violencia contra los esclavos.

Microcosmos de historia

Sotterley sirvió de "pasaje intermedio" en las rutas triangulares entre Europa, África y el Nuevo Mundo, según reconoció recientemente la Unesco, una designación celebrada en la ceremonia del viernes. Formalmente han sido reconocidos otros 30 puertos en las costas de EEUU. "Este lugar es un microcosmos de nuestra historia. Sin el trabajo de los esclavos, este país no sería lo que es hoy", afirma Jeanne Pirtle, directora de programas educativos de Sotterley, transformado desde los años 60 en un gran museo al aire libre. El capitalismo estadounidense se levantó sobre las espaldas de sus esclavos. Primero en las plantaciones de tabaco, luego de azúcararroz y algodón

Sotterley llegó a tener 93 esclavos en 1790. La finca fue levantada a principios de aquel siglo por James Bowles, un mercader británico que compró 5.000 hectáreas de tierra fértil en las inmediaciones de la bahía de Chesapeake. Vinculado por matrimonio y sangre a las élites de Maryland, Bowles expandió su fortuna con el tabaco, la madera y el comercio de esclavos como agente de la Royal African Company, la empresa fundada por la corona británica que tuvo desde 1672 el monopolio del comercio de personas entre el África Occidental y las colonias inglesas.

Los esclavos en la plantación de Sotterley vivían en cabañas de madera como la que aparece en la imagen. / RICARDO MIR DE FRANCIA

Pero aquel pasado oscuro de los Bowles y las tres familias que después controlaron la plantación, no empezó a aflorar plenamente hasta los años 70 del siglo pasado, cuando la genealogista Agnes Cane Callum se lanzó a investigar sus orígenes familiares. En una parroquia cercana a Sotterley encontró los primeros registros que vinculaban a su familia con la plantación. "Descubrió que su abuelo había sido el último esclavo nacido en la finca hacia 1860. Recuerdo su entusiasmo y la casa llena de documentos, con un gran árbol genealógico colgado en el comedor", dice su hijo, Martin Callum. "A nosotros nos dio un gran orgullo saber de dónde venían nuestros antepasados".

Sin resentimiento

Callum empezó a viajar a Sotterley y a traer a muchos de sus parientes de visita. Con el tiempo trabó amistad con el último dueño de la finca, el juez y antiguo presidente de la Cámara de Representantes de Maryland, John Hanson Briscoe. "La plantación atravesaba entonces un momento económicamente difícil y ambos decidieron transformarla en una fundación (Historic Sotterley) para recontar con honestidad su pasado", asegura su hijo, también llamado John Hanson. Ambos se confabularon además para poner en contacto a los descendientes de ambos bandos. Muchos son hoy amigos, casi familia, y se llaman "primos" porque algunos esclavos recibieron el apellido de sus maestros. "A nosotros no nos educaron en el resentimiento. Nos enseñaron a aceptar nuestra historia y aprender de ella", dice Martina Callum, hija también de la ya fallecida genealogista

Ese es el gran desafío porque las heridas de aquel pasado -las desigualdades entre blancos y negros, la discriminación racial o la masiva encarcelación de los afroamericanos- marcan todavía el presente del país. "Seguimos siendo una nación muy dividida. Cada día vemos en las noticias el miedo, la desconfianza y el odio hacia el otro.  Aunque haya pasado más de siglo y medio desde la Emancipación, seguimos luchando con el legado de la esclavitud", afirma la directora de Sotterley, Nancy Sterling.

La ceremonia está llegando a su fin, pero antes de acabar suenan de fondo 29 campanadas. Muchos de los asistentes bajan la cabeza y adoptan gestos meditativos. Son campanas de duelo por las 29 personas que murieron durante la travesía del 'Generous Jenny' en 1720, un barco que partió de Londres, hizo escala en las costas de Ghana y llegó a la plantación de Sotterley con 218 esclavos supervivientes a bordo. "Los sé, estas campanas duelen y nos emocionan porque son parte de nosotros", dice Sandra Coles-Bell, otra de las descendientes de aquellos esclavos.