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Salvini eterniza el desembarco del 'Open Arms'

El buque, frente al puerto de Lampedusa, espera una autorización para atracar que el líder ultra no firma

España, Francia, Alemania, Portugal, Rumanía y Luxemburgo acuerdan repartirse a los 147 migrantes

Iolanda Mármol

España se ha ofrecido a acoger a una parte de los 147 migrantes y refugiados a bordo del buque humanitario de la ONG Proactiva Open Arms. / EUROPA PRESS VÍDEO

Hay esperas eternas que pueden argumentarse desde las leyes de la burocracia pero que, llegadas a un punto, solo se sostienen desde el cinismo del cálculo político. La espera del buque de la oenegé 'Open Arms' frente a la costa italiana es una de ellas. Con 138 inmigrantes a bordo (cinco fueron evacuados a última hora a Lampedusa "por causas psicológicas" junto a sus acompañantes, en total nueve personas), el barco continúa fondeado frente al puerto de Lampedusa en una especie de limbo jurídico, a cinco millas de angustia, a la espera de poder desembarcar por la estrategia partidista del ministro del Interior y símbolo de la oleada xenófoba que recorre Europa, Matteo Salvini.

A pesar de que el buque cuenta con el respaldo de una decisión judicial que anula el decreto con el que el líder de la Liga trataba de mantener los puertos cerrados a embarcaciones con inmigrantes, el 'Open Arms' sigue sin poder atracar porque carece de un permiso expreso para tocar tierra. En el colmo del absurdo, a pesar del visto bueno de la justicia para el desembarco, es el propio Salvini quien debe firmar esa autorización y ya ha advertido que no está dispuesto a hacerlo aunque ninguno de los migrantes permanezca en territorio italiano. Ni siquiera el dificultoso acuerdo al que han llegado seis países de la UE para acogerlos (España, Francia, Alemania, Portugal, Rumanía y Luxemburgo) ha logrado hacerle entrar en razón. En plena crisis con sus socios de Gobierno, en la antesala de una moción de censura de resultado incierto, Salvini redobla el pulso en su particular fobia a la inmigración pero, también, para exhibir fuerza ante un Movimiento Cinco Estrellas (M5S) que coquetea ahora con el Partido Demócrata (PD).

"El 'Open Arms' en 15 días habría ido y vuelto tres veces a España. Es evidentemente un ataque político a Italia", apuntó el ultraderechista, que reaccionaba desde un mal disimulado resentimiento: los ministros de Defensa, Elisabetta Trenta, y Transportes, Danilo Toninelli, ambos del M5S, se negaron a firmar una nueva prohibición para impedir que el barco entrase a aguas italianas. El plácet de la justicia permitió al buque avanzar desde aguas internacionales a cerca del puerto de Lampedusa, pero se tuvo que detener a cinco millas.

La larga llamada

Fuera de barco, aumenta la presión sobre los hombros de la UE y especialmente del presidente Pedro Sánchez. Aún cuando ya se había hecho público que España acogerá a parte del contingente, el actor y activista Richard Gere telefoneó al jefe del Ejecutivo, a quien conoce tras firmar con él un acuerdo para luchar contra la fobia a los pobres. "Tengo admiración por él como ser humano, es muy positivo y optimista como líder español. También es un político y entiende la situación como algo político", señaló Gere, tras explicar que había planteado al presidente en funciones en su larga conversación que la crisis debe abordarse desde un punto de vista humanitario.

También sigue presionando el director y fundador de la oenegé Proactiva Open Arms, Óscar Camps, quien pidió a Sánchez que encabece un movimiento internacional para aprobar una política de migración común que dé respuesta a la situación. "Espero que el Gobierno español, ya que sufre la presión migratoria del sur de Europa, ya que participa activamente, lidere un eje con Francia y Alemania que dé un giro a la política Europea en el Mediterráneo", pidió en una entrevista en TV-3.

Frialdad europea

Sánchez conoce bien esa petición y está en sintonía, de hecho, con su apuesta desde que llegó a la Moncloa. Los jarros de agua fría que se ha llevado desde entonces de los socios comunitarios le han forzado a decisiones controvertidas. Apenas instalado en el Gobierno acogió a los inmigrantes del 'Aquarius', convencido de que en sintonía con Angela Merkel y Emmanuel Macron podría dar un golpe de timón a la UE para reorientar la política migratoria desde la solidaridad común. El auge de la ultraderecha en Europa y el debilitamiento de los liderazgos en Berlín y París torpedean el intento de que los estados miembros regulen una normativa que establezca un reparto formal y proporcional.

Los esfuerzos de Sánchez, Merkel y Macron en este ámbito han resultado, si no estériles, claramente insuficientes. Además la posición española es especialmente sensible: se hace cargo de las llegadas de inmigrantes desde el sur y, además, ha venido acogiendo también (mayoritariamente) a parte de los que llegan a costas más orientales del Mediterráneo.

Ante inacción de la UE, Sánchez decidió endurecer su posición para tratar de forzar un cambio, especialmente tras dos incidentes en diciembre del año pasado. España se hizo cargo de los inmigrantes recogidos del mar por el pesquero 'Nuestra Madre de Loreto' (que atracó en Malta) y acogió en su integridad al contingente de 300 personas rescatadas por el 'Open Arms', al que permitió atracar en Algeciras. Tras la fría respuesta de los socios comunitarios, España no estuvo en el reparto de nuevos rescatados.

Marruecos, elefante en la habitación

El elefante en la habitación que la UE trata de no ver es Marruecos. El presidente comprendió en su llegada a la Moncloa que el papel del país vecino, que protestaba desde hacía largo tiempo por la escasez de ayudas en la lucha contra la inmigración, es clave. Rabat argüía que Libia y Turquía, realizan una labor menos destacada a pesar de recibir cheques más cuantiosos de la UE.

Las constantes reclamaciones de Sánchez en Bruselas se han traducido en el compromiso comunitario de inyectar 140 millones a Marruecos para la lucha contra la inmigración irregular y parte de ese dinero ha empezado a llegar. El Gobierno, que gestiona parte de ese importe, ha aprobado a través del fondo de contingencia presupuestario (para crisis e imprevistos) varias partidas destinadas a Rabat. La última de ellas, de 26 millones, para la entrega de 750 vehículos  y 15 drones que deben facilitar la tarea de control migratorio a las autoridades marroquís.