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Las relaciones entre Londres y Washington

Boris & CIA, una pareja explosiva

Veremos lo que dura la buena relación entre los dos mentirosos compulsivos que se encuentran al frente de dos potencias nucleares, EEUU y el Reino Unido

Ramón Lobo

Trump saluda a Boris Johnson, entonces ministro de Exteriores, en el 2017 en Nueva York.

Trump saluda a Boris Johnson, entonces ministro de Exteriores, en el 2017 en Nueva York. / KEVIN LAMARQUE (REUTERS)

Tener dos mentirosos compulsivos al frente de potencias nucleares, EEUU y Reino Unido, no indica que la tercera guerra mundial sea inminente, tampoco que su amor vaya a durar años. Este tipo de relaciones entre machos alfa suelen terminar mal, una cuestión de jerarquía al frente de la manada. Donald Trump nunca ha ocultado su preferencia por Nigel Farage, líder del hoy llamado Partido del Brexit, un tipo de piñón fijo, que no cambia de opinión según le conviene. Su odio a la UE es bastante consistente.

Boris Johnson es un oportunista. Su ansia de poder está por encima de sus convicciones. Pese a que en su país le llaman el Trump británico, por el pelo y su forma faltona de ser, carece del glamur y de los millones de Trump. Al estadounidense no se le ha debido olvidar que hace cuatro años, cuando era alcalde de Londres, dijo que "no era apto para ser presidente de EEUU por su estúpida ignorancia". Todo se arregla con unos buenos intereses comunes.

La clave de su relación de amor recién inaugurada será el 'brexit', la capacidad del nuevo primer ministro británico de mantener su palabra de sacar al Reino Unido de la UE el 31 de octubre, con o sin acuerdo. Si flojeara en esto, Trump se sentiría defraudado. Ya trata de influir sin disimulo en Johnson, a quien anima a formar equipo con Farage. Siempre existieron presiones de potencias extranjeras, la novedad es que lo haga público, y lo publique en Twitter.

Un marco de seguridad

La tentación de viajar a Washington es grande. Johnson necesita la foto con Trump, pero se trata de una jugada de alto riesgo. En el Reino Unido sería vista como una pleitesía, una devolución de favores, un regalo para una oposición dividida que, contra Johnson, va a encontrar una oportunidad de enmendar errores. Los 'tories' necesitan algún tipo de acuerdo preferencial con EEUU que les permita un marco de seguridad en el caso de saltar por el precipicio. Tienen que vender a su electorado que su antigua colonia acudirá al rescate en las tormentas post 'brexit'. No parece un escenario realista. Trump no es en estos momento el socio más confiable, metido en guerras comerciales con medio mundo.

Antes hay un problema que resolver: la crisis de los petroleros con Irán. No debemos olvidar que la empezó el Reino Unido (bajo Theresa May). El 4 de julio capturó el petrolero iraní 'Grace 1' a su paso por el estrecho de Gibraltar. Fue una operación de los Royal Marines. Londres le acusó de transportar petróleo a Siria. Irán respondió días después con la captura del petrolero británico 'Stena Impero', acusándole de chocar con un pesquero. Johnson necesita un éxito. El asunto es cómo conseguir la libertad del barco sin empeorar la situación ni dar muestras de debilidad.

Equipo de mentirosos

El jefe de la Seguridad Nacional de EEUU, John Bolton, es un ferviente devoto de atacar Irán con cualquier excusa. Bolton ya militó en el equipo de los mentirosos en la invasión de Irak. Hasta ahora se ha impuesto el criterio del Pentágono, partidario de evitar una escalada que termine en una guerra de consecuencias imprevisibles. Trump, de momento, escucha a los moderados. El peligro es que Johnson se incorpore a los que exigen sangre: Arabia Saudí y el primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu.

Johnson no tiene plan de salida de la UE, más allá de bravatas y eslóganes. Su exigencia de un acuerdo diferente al pactado por May tiene respuesta de Bruselas: "No". Es probable que espere a la cumbre del G-7 en Biarritz, a finales de agosto, para hablar con Merkel y Macron, y la nueva jefa de la Comisión, Ursula von der Leyen. No serán encuentros fáciles. La prensa británica asegura que uno de sus primeros viajes oficiales podría ser a Dublín, para tratar el asunto de la frontera con el Norte, uno de los escollos negociadores con la UE.

Nadie toma en serio a Boris Johnson como nadie tomó en serio a Trump. No parece el camino más inteligente dados los resultados. Johnson acaba de prometer a sus compatriotas que el Reino Unido se dirige a una nueva edad dorada. Da igual que todo apunte a un grave retroceso económico en el caso de un 'brexit' duro, porque lo importarte es vender un producto que ya no se envuelve en ideas y buenas intenciones.

Islamofobia

En el concurso de barbaridades con Trump, Johnson llega con unas cuantas frases islamófobas a la espalda. Sobre el burka dijo: "Es absolutamente ridículo que la gente elija ir vestida como buzones de correos". El problema en Afganistán es que la mujer no es libre de elegir si se lo pone o no. Sucede lo mismo en Arabia Saudí y en otros países a los que el Reino Unido vende gran cantidad de armas y municiones.

Lo que ha ocurrido en el Reino Unido es un golpe de Estado llevado a cabo por los defensores de una salida de la UE sin acuerdo, los 'hard brexiters'. Es la tesis de Martin Kettle, articulista del 'Guardian'. Han seguido la pauta del Tea Party estadounidenses y sus tentáculos de poder mediático, la Fox News, que han colonizado el Partido Republicano. Conservadores de ambos lados del Atlántico sirvieron de contención de los fanatismos en cualquiera de sus formas y siglas. Ya no, ahora el fanatismo se sienta en el poder, habla como Jesús Gil y no tiene miedo a mostrarse. Los Salvini estarán de moda: gritarán más pero siguen sin tener razón.