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Efectos de la crisis económica

Morirse de frío en Buenos Aires

Al menos ocho personas pierden la vida congelados en la capital argentina sacando a relucir el serio problema de los sin techo

Unas 7.000 personas sobreviven a la intemperie en la ciudad más rica de la Argentina según una oenegé

Abel Gilbert

Varias personas duermen en la calle en Buenos Aires.

Varias personas duermen en la calle en Buenos Aires. / ROLANDO ANDRADE STRACUZZI

La "tropicalización" de la ciudad de Buenos Aires debido al cambio climático ha transformado los inviernos en otoños. La nevisca del 2006 queda en la memoria colectiva como un momento que parece irrepetible y mítico. El frío de este julio tiene por lo tanto la marca de la excepcionalidad por partida doble: de un lado, las bajas temperaturas que pocos esperaban. Pero, además, las muertes por hipotermia de personas que duermen en la calle. Sergio Zacariaz se congeló a pocas manzanas de la sede presidencial. En el cruce de las calles de Belgrano y Perú, donde encontraron sin vida al indigente, dejaron unas flores y un cartel. "La desigualdad mata". Fue el octavo caso en el país. "Nunca aceptó nuestra ayuda", se escudó Mariano Goyenechea, responsable de la Dirección General de Atención Inmediata del Gobierno capitalino. Luego se conoció otro episodio similar.

Las autoridades calculan que 1.146 personas se cobijan en esquinas, bancos, escaleras del metro y plazas. Pero una oenegé asegura que son 7.251 y basta recorrer a la ciudad más rica del país cuando huye el sol y solo quedan los que no tienen a dónde ir. El segundo Censo Popular de Personas en Situación de Calle ha consignado a su vez que la cantidad de 'homeless' se incrementó un 23% respecto al 2017. En el medio, se desató la crisis económica más grave desde la explosión del 2001. Solo 641 de los sin techo pernocta en paradores a cargo del Estado y 1.340, en iglesias y otros establecimientos.

La intemperie recibe a las 5.412 personas restantes, de las cuales 871 son menores. Se han computado 40 casos de mujeres embarazadas. Casi el 20% de los que duermen a cielo abierto lo están haciendo por primera vez.  José es uno de ellos. A veces elige el barrio de Recoleta, uno de los más pudientes de la capital donde el paisaje humano se transfigura puertas afuera. "La gente siempre nos tira un hueso (ayuda)".

Programa insuficiente

El programa de asistencia del Gobierno no ha podido eludir los rigores del ajuste. La Auditoría General Porteña detectó menos personal y recursos. El Operativo Frío no fue ajeno a la poda hasta que saltaron los casos de hipotermia. En medio de la ola polar, el estadio de River Plate, el segundo equipo de fútbol argentino, albergó a más de un centenar de sin techo de hombres y mujeres. Los recibieron con frazadas, ropa donada por la comunidad y un plato caliente. Entre los agradecidos estaba un ingeniero. La ministra de Desarrollo Humano y Hábitat, Guadalupe Tagliaferri, expresó su desacuerdo con estas acciones."Tenemos capacidad de alojamiento. Sucede muchas veces: se han roto todos los lazos, tienen problemas de base psiquiátrica o de consumo, y por eso no aceptan" ir a los centros de acogida.

José dice que le pasan muchas cosas pero no está loco. Un año atrás alquilaba un apartamento modesto. El dinero que obtenía como vendedor comenzó a ser insuficiente. La inflación, casi del 60% entre mayo del 2017 y el mismo mes de este año, lo fue empujando hacia el precipicio. Su esposa empezó a realizar tareas de limpieza. No alcanzó para evitar el desalojo. La Universidad Católica Argentina (UCA) estima que la pobreza saltó del 26,6% al 31,3% entre el 2017 y el presente año. Se trata de 12,7 millones de habitantes. Entre ellos están José y los que en este extraño invierno se cobijan del frío entre cartones o cierran los ojos sobre un colchón destartalado."Éramos de clase media", dice y parece remitirse a una época irrecuperable. El dolor de ya "no pertenecer" a ese estrato social es compartido por muchos con los que cruza sus miradas en la noche. Cree reconocerlos por la forma de hablar de sus desdichas.