22 sep 2020

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REPARTO DE PODER EN LA UE

La exitosa revuelta que encumbró a Juncker

El luxemburgués fue en el 2014 el primero en estrenar el sistema del 'spitzenkandidaten' que nació para "democratizar" la elección del presidente de la Comisión Europea

Silvia Martinez

El presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker recibe a los asistentes al consejo especial. 

El presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker recibe a los asistentes al consejo especial.  / Francois Lenoir (EFE)

El vocabulario de la burbuja europea está plagado de palabras impronunciables pero hay una que se repite sin cesar desde hace semanas: spitzenkandidaten o, literalmente traducido del alemán, candidato principal. Un término que esconde una lucha feroz entre dos instituciones, Consejo Europeo y Parlamento Europeo, por marcar la pauta en la elección del presidente de la Comisión Europea

La reforma del Tratado de Lisboa introdujo, en el 2009, una pequeña innovación. Por primera vez quedó negro sobre blanco que los líderes europeos decidirían el nombre del presidente de la Comisión (por mayoría cualificada) “teniendo en cuenta el resultado de las elecciones del Parlamento Europeo”. Una coletilla adicional que cinco años después llevó a la revuelta política que permitió al luxemburgués Jean-Claude Juncker convertirse en el primer spitzenkandidaten elegido como presidente del Ejecutivo comunitario. 

Y fueron dos alemanes quienes más presión hicieron para estirar la interpretación del Tratado y situar al Parlamento Europeo como pieza clave en la elección presidencial, reforzando su papel y diluyendo la prerrogativa de los líderes nacionales: Klaus Welle, hoy en día secretario general de la cámara, y el socialdemócrata alemán y ex presidente del Europarlamento, Martin Schulz. En el 2013, un año después de ser elegido presidente de la Eurocámara, Schulz consiguió que su familia política lo designara spitzenkandidaten en las elecciones del 2014. 

Objetivo: ganar apoyo de la opinión pública

El argumento, visto el escaso interés de la opinión pública por las elecciones europeas, es democratizar y hacer más transparente la elección del presidente escogido hasta entonces en negociaciones secretas. Liberales, Verdes y la Izquierda Europea recogieron el testigo y se sumaron nombrando a sus propios candidatos. Pese a las muchas reticencias iniciales, la cancillera alemana Angela Merkel terminó cediendo ante la presión política y de la opinión pública y en marzo del 2014 el Partido Popular Europeo entraba en el juego nominando también a su propio candidato. 

El elegido fue, inesperadamente, el veterano luxemburgués Jean-Claude Juncker, que se impuso en el congreso del PPE, con el apoyo de Merkel y Mariano Rajoy, al ex ministro y ex comisario francés, Michel Barnier. La campaña electoral europea arrancó, hubo debates televisivos y los europeos fueron a las urnas. El vencedor fue, una vez más, el PPE y la maquinaria del Europarlamento se puso en marcha para teledirigir a los líderes de la UE hacia Juncker, a quien Schulz dio su apoyo desde el primer minuto y quien sería premiado después con la renovación de su presidencia al frente del Parlamento Europeo.

En los días posteriores algunos líderes europeos patalearon por lo que consideraron un gol de la Eurocámara, pero la reacción llegó demasiado tarde. Uno en particular, el británico David Cameron, intentó vetar el nombramiento pero la rueda hacia meses que había empezado a girar y fue imposible de parar. La presión política interna en Alemania fue insoportable para Merkel que acabó cediendo y aceptando tanto el proceso como a Juncker. Tan solo un mes después de las elecciones, los líderes europeos nominaban oficialmente al luxemburgués –con 26 votos a favor y 2 en contra, de Reino Unido y Hungría- y tres semanas después recibía el beneplácito final del Parlamento Europeo.