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CASO SIN RESOLVER

La ONU acusa al príncipe saudí Bin Salman del asesinato de Khashoggi

La relatora especial de ejecuciones extrajudiciales, que viajó a Estambul para estudiar el caso, ha pedido aplicar sanciones al heredero de la corona de Arabia Saudí

Adrià Rocha Cutiller

Jamal Khashoggi y Bin Salman.

Jamal Khashoggi y Bin Salman. / VIRGINIA MAYO / AP (FETHI BELAID / AFP)

Mohammed Bin Salman, el príncipe heredero de la corona de Arabia Saudí, ordenó en persona el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Esta es la conclusión final a la que ha llegado la investigadora especial de Naciones UnidasAgnes Callamard, que durante seis meses ha estado indagando el caso, con varios viajes a Estambul, donde ocurrió el asesinato.

«El señor Khashoggi fue víctima de una ejecución extraoficial deliberada y premeditada, de la cual es responsable, bajo la ley internacional de Derechos Humanos, el Estado de Arabia Saudí», reza el informe de un centenar de páginas. La ONU, de esta forma, se suma a las sospechas que ya habían expresado antes tanto la agencia estadounidense de inteligencia exterior, la CIA, como el Gobierno y la policía turca.

Todo ocurrió, se sospecha, extremadamente rápido: Jamal Khashoggi, periodista crítico con los líderes de su país y colaborador habitual del ‘The Washington Post’ entró el 2 de octubre del año pasado en el consulado saudí de Estambul para tramitar unos papeles que debían certificar que su estado civil era el de soltero. Quería casarse con su novia, turca, con la que se había prometido unos meses antes.

La mañana de ese día traspasó la puerta del consulado. Tenía previsto estar dentro tan solo unos minutos. Su pareja, Hatice Cengizle esperaba fuera. A partir de entonces hay pocas cosas que se sepan con certeza, tan solo que dentro del edificio diplomático le esperaban 15 saudís venidos expresamente de su país para interceptar al periodista. Después de todo un día esperando a su prometido, Cengiz avisó a la policía.

Las teorías de lo que ocurrió dentro son muchas. Todas difundidas por las autoridades turcas, que usaron el caso para atacar, con con mucha habilidad, a Arabia Saudí, país con el que Turquía tiene malas relaciones. Lo que es seguro es que el periodista murió asesinado en el consulado ese 2 de octubre.

La hipótesis más extendida es que Khashoggi murió como consecuencias de las torturas que sufrió. La mano derecha de Mohammed Bin Salman, Saud al Qahtani, supervisó el interrogatorio a través de Skype. Una vez muerto, el médico forense miembro del comando ejecutor descuartizó tranquilamente el cadáver mientras escuchaba música pop. Otro miembro del grupo le ayudó. Despues, el cadáver fue incinerado en un horno de kebabs en el sótano del consulado. Otra versión indica que el cuerpo de Khashoggi fue disuelto en ácido en un pozo situado en el jardín de la residencia del cónsul, transportado ahí después de ser troceado por el forense. 

Sanciones a Bin Salman

La corona saudí, en un primer momento, negó la acusación, pero poco después, ante la evidencia de que el periodista nunca salió del edificio consular, reculó aunque afirmó que nadie desde Riad había dado la orden de ejecutar al reportero y que el comando llegado desde el reino acutó por su propia cuenta y riesgo. Poca gente se ha creído esa versión.

La investigadora de la ONU tampoco: «Nuestra investigación ha hallado pruebas creíbles de la responsabilidad individual de varios altos cargos saudís, entre los cuales está el príncipe heredero», ha dicho Agnes Callamard. Por eso, en el informe, la investigadora pide que la comunidad internacional imponga sanciones contra Bin Salman y sus bienes personales, como mínimo hasta que pueda probar que no es responsable.

«De hecho, hay tantas pruebas sobre la responsabilidad del príncipe heredero que es necesario insistir con la investigación», ha añadido Callamard, que ha pedido al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, establecer una investigación internacional de más amplitud.