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APAGONES EN AMÉRICA LATINA

'The walking dead' argentino

Argentina se ha convertido en un espejo de Venezuela al quedarse sin luz en casi todo el territorio

La electricidad ya era un problema mucho antes, con una subida del 3.624% en el precio en 4 años

Abel Gilbert

Argentina sufre un gran apagón que afecta también a Uruguay. En la foto, una gasolinera cerrada en Buenos Aires. / ALEJANDRO PAGNI (AFP / VÍDEO: EFE)

“Apocalipsis”, comunicaba un meme jocoso a través de las redes sociales. “Extraterrestres”, se mofaba otro. Pero la situación no resulta cómica. Eran las siete de la mañana (las 12.00 horas en España) y no faltaban los sustos en una ciudad todavía dormida. Argentina se había convertido en un espejo de Venezuela al quedarse sin luz en gran parte del territorio. De repente, casi todo había dejado de funcionar para 44 millones de personas. La incidencia ha afectado también a Uruguay. Casi siete horas después, el servicio se ha restablecido en la mayoría de barrios de Buenos Aires. 

Ha sido la mañana más impensada. Las familias que se preparaban para festejar el día del padre, los adictos internet, los que respetan a rajatabla sus rituales dominicales –el café humeante con la televisión encendida- solo vislumbraban a través de sus ventanas la luz de los relámpagos. El corte ha coincidido con una tormenta incontinente y un descenso de la temperatura que anticipa el invierno. El caudal de agua estaba llegando del cielo e inundaba algunas de las calles. AYSA, la empresa proveedora del servicio de agua potable ha informado a la población sobre los problemas para abastecer los hogares y pedía extrema prudencia a los privilegiados que todavía estaban en condiciones de recibirlo. “Cambio velas por un buen baño”, ha ofertado alguien predispuesto aún a la ironía. Eran entonces las nueve de la mañana.

Desolación

A primera hora, la ciudad de Buenos Aires daba una imagen de desolación. “Parecía al comienzo de The walking dead”, exageraba un esporádico caminante por Cabildo, una de las avenidas más importantes de la capital, mientras señalaba un semáforo intermitente. Los negocios, al igual que en otros barrios, estaban cerrados. No había metro ni ferrocarril. Los buses taxis esporádicos daban una tenue sensación de movilidad. Los hospitales y aeropuertos funcionaron con sus grupos electrógenos de emergencia.

“¿Y cuándo vuelve la luz?”, se preguntaba un país. Las autoridades habían prometido la normalidad en pocas horas. Claro que la credibilidad del Estado no suele ser muy alta y menos en pleno año electoral, saturado de medias verdades y fake news. Por eso hubo desconfianza. Cerca del mediodía se intensificó el nerviosismo general.  “Me estoy quedando sin batería en el teléfono. Trata de ser breve”, se decían los afortunados que podían intercambiar mensajes.

Efecto brutal

La luz ya era un problema nacional mucho antes de que los ordenadores se convirtieran en objetos inútiles. Según un informe de la Universidad Nacional de Avellaneda, las tarifas del servicio eléctrico han tenido incrementos de hasta el 3.624 % desde que el Gobierno de derechas asumiera el poder a finales del 2015. Ha habido cacerolazos y manifestaciones de rechazo a las subidas. Pero no han conmovido al poder político. Para el 2019 todavía se espera un incremento del 55%.

El precio de la luz está teniendo un efecto brutal en la economía: bajan sus persianas unas 25 pymes y comercios al día. “Una cosa es no poder pagar el servicio eléctrico y otra dejar de tenerla”, se quejaba un taxista. Hasta hace poco era el dueño de una heladería. A las 14.00 horas parte del país estaba aun en el limbo. Una hora más tarde “se hizo la luz”. Quedó no obstante el temor a que la penumbra  se convirtiera en una pesadilla con los ojos abiertos.