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TENSIÓN MÁXIMA EN ORIENTE PRÓXIMO

Trump marca frenar a Irán como objetivo pero no define la estrategia

La comunidad internacional, en alerta por la escalada de Washington y Teherán, recela de las tácticas de máxima presión

Idoya Noain

Trump había adelantado que existía una buena oportunidad para lograr un acuerdo el país centroamericano.

Trump había adelantado que existía una buena oportunidad para lograr un acuerdo el país centroamericano. / AP

La acusación de Estados Unidos a Irán de estar detrás de los últimos ataques a petroleros en el estrecho de Ormuz es firme, aunque las supuestas pruebas hayan empezado a ser puestas en cuestión. Lo que es mucho más endeble es la posición y la estrategia formal respecto a Teherán de Donald Trump y la posibilidad de que la comunidad internacional se una alrededor de una Administración con una compleja maraña de objetivos políticos y económicos en la región.

Trump fluye entre la táctica de amenazas y mano dura y la contención de los impulsos bélicos de los mayores halcones de su Administración, liderados por John Bolton, asesor de Seguridad Nacional, y Mike Pompeo, secretario de Estado. Pero el mandatario, además, provoca extremo recelo en buena parte de la comunidad internacional, escarmentada de experiencias como la falsa inteligencia que EEUU usó para lanzar la guerra de Irak pero también desconfiada de un presidente que ha mostrado su querencia por la coerción como elemento clave de negociación y que unilateralmente rompió el pacto multilateral gestado por Barack Obama, para frenar el programa nuclear iraní.

El doble filo de la presión

Por ahora Washington ha apostado por incrementar la campaña de “máxima presión” a Irán con sanciones económicas endurecidas, la designación de la Guardia Revolucionaria iraní como organización terrorista y un despliegue militar reforzado. La idea que late detrás, según ha dicho el propio Trump, es obligar a Teherán a negociar. “Queremos que vuelvan a la mesa si quieren”, ha dicho este viernes. “No tengo prisa”.

El tiempo, no obstante, no juega a su favor. La política de creciente presión ha demostrado el riesgo de dejar espacio a una escalada como la que se está viviendo, disparando un ambiente hostil en que cualquier error de cálculo acerca el riesgo de conflicto violento. Y aunque prácticamente nadie exime a Irán de responsabilidad en la escalada, muchos analistas creen que en parte era predecible por las acciones de Washington. “La estrategia de diplomacia coercitiva por ahora ha sido todo coerción y nada de diplomacia”, le ha dicho a 'The New York Times' William Burns, alto cargo del Gobierno de Obama que abrió la negociación del acuerdo de 2015.

“El riesgo es que los representantes de la línea dura tanto en Teherán como en Washington se vuelven facilitadores mutuos”, ha dicho también Burns, en línea con otros analistas que apuntan a que el ala más dura iraní, incluyendo la Guardia Revolucionaria que responde al ayatolá Ali Jamenei, esté actuando por su cuenta para minar cualquier esfuerzo diplomático del Gobierno de Hasan Rouhani.

De Yemen al conflicto palestino-israelí

Aunque sin estrategia marcada, el objetivo de frenar la creciente influencia de Irán en Oriente Próximo ha estado en lo alto de la agenda de Trump desde su llegada a la Casa Blanca. Decisiones como la salida del pacto nuclear con Teherán o la designación de la Guardia Revolucionaria como grupo terrorista han sido aplaudidas por Israel, Arabia Saudí y otros países del Golfo. Trump ha mantenido el apoyo a la guerra de Yemen y la venta de armas a la coalición liderada por Riad en parte por motivos económicos y en parte para castigar a los rebeldes huti que apoya Teherán.

La cuestión iraní se despliega también en Siria o en Irak y planea sobre la cumbre organizada por Washington en Bahrein a finales de mes que debería servir de lanzadera para el plan diseñado por Jared Kushner, yerno y asesor de Trump, para intentar solucionar el conflicto palestino-israelí. De hecho, según algunos es la verdadera prioridad. “El reto mayor, el más serio, es la amenaza de Irán”, dijo en febrero el ministro de Exteriores de Bahrein, Khalid Bin Ahmed Al-Khalifa. “Debe enfrentarse primero para luego poder dedicar tiempo a otros retos”.