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Escándalo judicial en Brasil

Los mensajes del Lava Jato ahora salpican a un magistrado del Supremo

Nuevas filtraciones extienden las sospechas hasta la pirámide de la estructura judicial

Bolsonaro se dejó ver otra vez con el ex juez Moro pero el respaldo es insuficiente para frenar su deterioro político

Abel Gilbert

Protestas en Brasil a favor de la libertad de Lula da Silva.

Protestas en Brasil a favor de la libertad de Lula da Silva. / Reuters

Jair Bolsonaro se dejó ver en la noche del miércoles en un partido de fútbol con su ministro de Seguridad, Sergio Moro. El presidente vistió la camiseta de Flamengo. El ex magistrado, salpicado por el escándalo judicial que sacude a Brasil, también se mostró despreocupado y con vestimenta del equipo carioca. El portavoz de Bolsonaro, el general Otávio Rêgo Barros, dijo que el ex capitán y Moro tienen una relación de "sana camaradería y confianza". Pero más allá de las risas compartidas, todo tiembla en el Gobierno de ultraderecha. De hecho, el "Morogate", como se conoce la revelación de las acciones de imparcialidad del ex juez y el fiscal Deltan Dallagnol en la causa que terminó con la condena de Luiz Inacio Lula da Silva, ya alcanza al SupremoTribunal Federal (STF). Su vicepresidente Luiz Fux ha quedado en la mira después de que el editor ejecutivo del portal  The Intercepted Brasil, Leandro Demori, diera a conocer nuevos intercambios entre Moro y Dallangol.

En esos mensajes de 2016, un año antes de que se dictara la primera sentencia contra Lula, el minsitro Fux hace saber al juez y el fiscal de su respaldo frente a una posible posición contraria al curso de las investigaciones de Teori Zavascki, el magistrado relator del caso en el Supremo que murió en un accidente aéreo en enero de 2017.  Dallagnol señala: "dijo que contáramos con él para lo que necesitemos, una vez más", a lo que Moro contesta: "Excelente. En Fux we trust" (En Fux confiamos). Las comunicaciones de esa naturaleza entre la parte acusadora y el magistrado no son permitidas por la Constitución y el Código Penal. 

En 2017, Moro condenó a Lula a nueve años y seis meses de prisión tras dar por considerar, pese a no tener pruebas contundentes, que el fundador del Partido de los Trabajadores (PT) había recibido un apartamento en una playa de Sao Paulo a cambio de favores políticos a la constructora OAS. Los mensajes que intercambió con Dallagnol fueron transmitidos por Telegram y  llegaron a The Intercept gracias a un "hacker" anónimo que intervino los teléfonos de Moro y de algunos fiscales. El contenido de los mismos ha llevado a la defensa de Lula a reiterar que el exmandatario fue víctima de una "persecución política" y que el juicio en su contra estaba viciado y debería ser declarado nulo.

CADA VEZ MÁS AISLADO

Moro comparecerá en breve ante el Senado para esclarecer las acusaciones que ponen en entredicho su parcialidad en la causa Lava Jato. Luego lo hará ante la Cámara de Diputados. Pero los tiempos de la crisis política no son los del actual ministro. De acuerdo con la revista Carta Capital, las horas pasan y pierde "apoyos fundamentales" más allá de los gestos que realiza Bolsonaro, aunque sin soltar palabra. "El hasta entonces ¿héroe de Brasil` intentó justificarse diciendo dijo que invadieron su privacidad. Un intento frustrado para desviar la atención de lo que realmente necesitaba una explicación: el contenido de las conversaciones que impugnan sus decisiones como juez". Moro, añade la revista, siempre contó con apoyo de gran parte del poder judicial. Sin embargo, "se encuentra aislado en este momento" y "solo tiene el respaldo de la familia Bolsonaro". La cuestión es "hasta cuando él podrá contar con ese apoyo". Según el diario paulisa Folha, crece la presión de una parte de los integrantes del STF para que la máxima instancia judicial se pronuncie sobre el "Morogate".

No existe la unanimidad en el STF. El relator de la causa Lava-Jato,  Edson Fachin, opinó que los mensajes entre Moro y Dallagnol son sólo una "circunstancia coyuntural" que no afectan las investigaciones. Por su parte, el ministro Gilmar Mendes expresa la corriente contraria. Mendes aseguró que un juez no puede ser "jefe de una fuerza de tareas", en clara alusión a Moro. No solo ha considerado potencialmente válidas como pruebas las conversaciones entre el ex magistrado y el fiscal, y puso el ejemplo de la obtención por medios ilegales de evidencias que pueden demostrar la inocencia de una persona condenada por asesinato. El ministro ha pasado de los dichos a los hechos y aceptó que el 25 de junio se tomen en consideración los reclamos de la defensa de Lula.