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TENSIÓN EN LA ISLA

Las protestas en Hong Kong consiguen posponer el debate sobre la ley de extradición

Decenas de miles de personas denuncian lo que consideran una nueva herramienta de Pekín para limar su autonomía

La policía ha utilizado balas de goma y gases lacrimógenos para desalojar a los manifestantes de la entrada del Parlamento.

Adrián Foncillas

Un grupo de manifestantes reaccionan ante el lanzamiento de gas lacrimógeno durante una gran protesta contra la ley de extradición en los alrededores del Consejo Legislativo en Hong Kong. 

Un grupo de manifestantes reaccionan ante el lanzamiento de gas lacrimógeno durante una gran protesta contra la ley de extradición en los alrededores del Consejo Legislativo en Hong Kong.  / KIN CHEUNG (AP)

Decenas de miles de hongkoneses han vuelto a conquistar el corazón financiero de la isla. Son escenas ya familiares: las vallas como barricadas, los paraguas contra la lluvia y las máscaras contra el gas lacrimógeno, el impecable civismo de los jóvenes manifestantes, la eficaz organización que ya reparte agua y comida, los líderes alentando con megáfono a las masas, las promesas de perseverar… Todo sugiere otro largo pulso entre la sociedad civil y el gobierno local, esta vez por una inquietante ley de extradición. Lo ha resumido la legisladora prodemocrática Claudia Mo: “Cuando nos retiramos tras la revuelta de los paraguas prometimos que volveríamos. Hemos vuelto”, ha dicho a los manifestantes. La tranquilidad se ha visto alterada cuando la policía ha utilizado balas de goma y gases lacrimógenos para desalojar la entrada del Parlamento.

Su plan original consistía en pasar la noche en las inmediaciones de la sede parlamentaria para impedir la entrada de los legisladores. La policía ha extremado los controles de acceso, examinando bolsos y pidiendo identificaciones, y conseguido evitar la ocupación del Parque Tamar y otras zonas aledañas. Así que los jóvenes se han concentrado en las principales vías del distrito de Admiralty para evitar que los 70 parlamentarios pudieran acercarse. Su éxito ha quedado acreditado con el anuncio de que el Legco o Parlamento local ha pospuesto la segunda lectura de la ley prevista hoy a las 11.00 horas (las cinco de la mañana en horario peninsular español) hasta una fecha por concretar.

La ley de extradición ha conseguido unir a una de las sociedades más pragmáticas y apolíticas del mundo. En la isla se percibe como otra herramienta pequinesa para limar la autonomía que sentó el principio de “un país, dos sistemas”. Según el gobierno local, permitirá enviar a criminales a sus países de origen para que sean juzgados, integrará el sistema judicial local en el global e impedirá que los fugitivos encuentren en Hong Kong su refugio. Sus defensores apuntan al reciente caso de un joven detenido por asesinar a su novia en Taiwán y que no ha podido ser extraditado a Taipei.

En Hong Kong no preocupa ese perfil de delincuente sino los disidentes o cualquier elemento que Pekín considere hostil. Carrie Lam, la lideresa del gobierno insular, se ha esforzado durante semanas en vencer la desconfianza: la ley no ha sido dictada por Pekín, las extradiciones serán decididas por tribunales independientes y corroboradas por el Ejecutivo, no se aplicarán a casos políticos o religiosos… Pero persisten las razonables dudas de que el Gobierno local tenga la voluntad y las fuerzas para oponerse a una extradición solicitada desde el interior.

Lam ha desdeñado las protestas y aligerado el trámite de la ley, que podría ser votada el próximo jueves. Su aprobación se da por descontada por la mayoría de parlamentarios afines a Pekín así que cualquier esperanza de tirarla abajo pasa por la presión popular.

Extraña unanimidad

Un millón de hongkoneses se manifestaron el domingo en la mayor protesta desde que la isla regresó a la madre patria en 1997. La ley ha conseguido una rara unanimidad en una sociedad compleja y fracturada entre los sectores empresariales pragmáticos y la juventud idealista. Jueces y abogados, periodistas, universidades, comercios, sindicatos y otras organizaciones de la sociedad civil han alertado contra una ley que amenaza con convertir Hong Kong en una ciudad china más. No pretenden la independencia ni la democracia sino proteger la identidad local.

La juventud hongkonesa ya ocupó el distrito financiero en el 2014. Aquella revuelta de los paraguas fue desalojada 79 días después con pulcritud y por puro cansancio de los activistas sin ningún logro tangible. Pero de aquellas brasas han surgido estas protestas.

Temas: China Hong Kong