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El partido de los militares tailandeses acaricia el gobierno a pesar de la victoria de la oposición

Bangkok revela los resultados de las elecciones legislativas seis semanas después de haberse celebrado

El exprimer ministro tailandés, Thaksin Shinawatra.

El exprimer ministro tailandés, Thaksin Shinawatra. / AP / KAMRAN JEBREILI

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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El partido de los militares golpistas ya busca socios de coalición para formar gobierno en Tailandia después de saberse al fin los resultados de las elecciones celebradas seis semanas atrás. El proceso sigue su caótico curso entre dilaciones y denuncias de tongo de los partidos prodemocráticos hacia el previsible Gobierno encabezado por el general Prayuth Chan-ocha, ya con el uniforme en el armario.

Su partido, Palang Pracharat, alcanzó los 115 asientos parlamentarios. Son menos que los 136 del Puey Thai, la formación amparada por el populista exprimer ministro Thaksin Shinawatra, pero la intrincada arquitectura electoral diseñada por los militares y aprobada en referéndum convertía en una quimera la victoria opositora.

El primer ministro es elegido entre los 500 miembros del Parlamento y los 250 del Senado, señalados a dedo por la Junta Militar. Así que a Prayuth le basta sólo un puñado de apoyos entre la miríada de formaciones filomilitares para asegurarse la investidura. Sus aliados más probables subrayan la heterodoxia de la política tailandesa: uno se autodenomina Partido Democrático y el otro defiende la legalización de la marihuana.

Frente democrático

Puei Thai y otras seis formaciones escenificaron un semana después de las elecciones un frente democrático que pretendía alejar del gobierno a Prayuth clamando su mayoría parlamentaria de 255 asientos. Ocurre que en la definitiva asignación sólo suman 245. La variación se explica por una fórmula de reparto proporcional confusa que supone la enésima traba para que las cuentas no le salgan a la oposición. El Puei Thai ha prometido que intentará por todos los medios legales anular los resultados y describió esa inédita fórmula como “un abuso de la ley intencionado que atenta contra la constitución”.

El frente democrático también denunciará a la junta electoral, sobre cuya imparcialidad pesan sobradas dudas. Se amontonan aspectos turbios: la participación mucho más baja de la anunciada, el mayor número de votos que de votantes en algunas circunscripciones, los inexplicados retrasos en el recuento que sugieren un cocinado intenso, los procesos legales contra formaciones opositoras…

Vía legal

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Todos los partidos apadrinados por Thaksin se han impuesto en las elecciones de las últimas dos décadas y las élites que manejan Bangkok siempre han encontrado la vía legal o militar para descabalgarlos del Gobierno. La Justicia, alineada con los sectores más conservadores, llegó a destituir a uno de sus primeros ministros por presentar un programa de cocina. Sólo una victoria aplastante en los últimos comicios le habría dado alguna posibilidad de éxito a Thaksin pero la atomización del voto entre la oposición y los resultados inesperadamente buenos de la formación militar allanan el camino de Prayuth.

No parecen haber servido de mucho ni el golpe militar de 2014, justificado para pacificar y reconciliar a un país fracturado, ni las primeras elecciones en ocho años. La composición parlamentaria sugiere un gobierno débil y acosado por la oposición. En última instancia, como han advertido los expertos, a los militares siempre les queda su pertinaz recurso del golpe de Estado.

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