26 feb 2020

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La crisis venezolana

Guaidó mantiene el pulso y pide tomar las calles "hasta lograr la libertad"

Caracas y otras ciudades del país vuelven a ser escenario de concentraciones de partidarios de Maduro y de la oposición

El Gobierno no parece hasta ahora dispuesto a denener al líder opositor por temor a la represalias de Estados Unidos

Abel Gilbert

Juan Guaidó se dirige a sus seguidores en Caracas.

Juan Guaidó se dirige a sus seguidores en Caracas. / CARLOS GARCIA RAWLINS (REUTERS)

El 1 de mayo puso otra vez en evidencia la honda división que vive Venezuela. Un día después del fallido intento opositor de quebrar a la cúpula militar y acelerar la salida de Nicolás Maduro del poder, en las calles de Caracas y otros centros urbanos del país reverberaron nuevamente las consignas a favor y en contra de quien gusta llamarse a sí mismo “presidente obrero”.  Según Maduro, “ha quedado demostrado que la injerencia, el golpismo y el enfrentamiento armado no son el camino para nuestra amada Venezuela”. Una manifestación multitudinaria rodeó el Palacio de Miraflores, sede de la presidencia. Según ha dicho Maduro se ha tratado de  “una gran marcha” contra “el golpismo y la injerencia yankee”.

En la noche del martes, Maduro se dirigó al país para cantar su victoria frente a lo que calificó de  “escaramuza basada en la simulación” que buscó“ arrasar por la fuerza a quien gobierna hace 20 años”. Los conspiradores, es referencua a Juan Guaidó, “pensaban que iban a ser respaldados por un millón de personas”. Eso no ocurrió. Lo que para el Gobierno ha sido un fracaso evidente, el líder parlamentario a quien EEUU y otros 50 países reconocen como “presidente encargado” de Venezuela, consideró otro triunfo político.

Guaidó ha recorrido hoy varios barrios capitalinos atiborrados de simpatizantes y, subido a un camión, los ha arengado a mantenerse movilizados. “Dicen que los momentos más difíciles requieren de los mejores hombres y mujeres”, ha dicho.

Lenguajes distintos

Maduro y Guaidó parecen hablar lenguajes distintos o habitar realidades paralelas. Mientras el primero ha exaltado la lealtad de los altos mandos de las Fuerzas Armadas a pesar de los cantos de sirena que llegan desde Washington, el “presidente encargado” observa lo contrario. “Cuando dijimos que las Fuerzas Armadas están con el pueblo no nos creían. Ya no solo los soldados y sargentos, también los de la  Carlota”, ha dicho sobre las acciones que tuvieron lugar horas atrás en las inmediaciones de la base aérea.

Guaidó cree que en los cuarteles se ve con nitidez “el firme respaldo de la comunidad internacional” a su figura. “El único golpe de Estado posible es que me detengan. Por el contrario, los valientes militares y civiles que damos un paso adelante estamos por la constitución”.

Otra de las excepcionalidades del conflicto político venezolano tiene que ver con la dificultad que encuentra el Estado para arrestar a un dirigente que promueve alzamientos, decreta amnistías, libera a su jefe político, Leopoldo López, y nombra embajadores. Los fiscales anuncian investigaciones pero por el momento solo se quedan en el gesto. Saúl Ortega, una de las espadas del madurismo en la Asamblea Constituyente que funciona como un contrapoder del Congreso  anticipó que “Guaidó va a ir preso, le guste o no a Estados Unidos”.

Sanciones económicas

Algunos analistas creen que la prudencia del Estado no se debe a un apego a los protocolos judiciales sino a la certeza de que el arresto podría desencadenar acciones de EEUU que fueran más allá de las durísimas sanciones económicas vigentes. “La acción militar es posible. Si eso es lo que es requerido, eso será lo que EEUU hará”, ha dicho el secretario de Estado, Mike Pompeo, quien ha señalado que la Casa Blanca quiere evitar ese desenlace.

El “halcón” republicano Elliot Abrams, nombrado por Donald Trump como responsable principal de la estrategia norteamericana en Venezuela, ha reiterado que estuvo negociando esa hoja de ruta con importantes figuras del Gobierno venezolano pero “me he encontrado con que muchos de ellos han apagado sus celulares”. Abrams, recordado por la dureza de sus posiciones en los dramas centroamericanos de los años ochenta, ha llegado al extremo de la amplitud política al considerar en público que los chavistas o actuales funcionarios que abandonen a Maduro podrían integrar un futuro Gobierno de transición.

Mientras tanto, el presidente conmina a resistir las calamidades por venir y Guaidó augura acciones más osadas. “Hay que mantenerse en las calles hasta lograr la huelga general y que más nadie apoye al dictador. Vamos a seguir acá hasta lograr la libertad”.