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CARRERA A LA CASA BLANCA

Joe Biden se suma a la carrera presidencial demócrata de EEUU

El exvicepresidente, de 76 años, oficializa su candidatura con un vídeo centrado en la denuncia de Trump

Es el más popular en las encuestas para superar al republicano, pero se enfrenta a retos dentro de su propio partido

Idoya Noain

Joe Biden.

Joe Biden. / AP / GENE J. PUSKAR

La esperada candidatura de Joe Biden se ha oficializado este jueves. Con un vídeo de casi tres minutos y medio donde el foco está puesto en la denuncia de Donald Trump y la reivindicación de la "idea" y los "valores centrales" de Estados Unidos, el antiguo senador y vicepresidente los dos mandatos de Barack Obama ha confirmado finalmente que buscará la nominación demócrata para las presidenciales de 2020, una carrera que suma 20 aspirantes ya.

Las encuestas colocan a Biden en un favorable punto de partida: las lidera tanto en popularidad como en opciones de ganar a Trump. El veterano político que lleva casi cinco décadas en la política nacional, no obstante, enfrenta retos, y no solo ante al mandatario republicano.

El moderado Biden representa al aparato más centrista mientras las bases del Partido Demócrata apuntalan un giro hacia la izquierda cuya máxima expresión es Bernie Sanders, el senador independiente socialista de Vermont que de momento se plantea como su máximo rival. Los dos son hombres blancos septuagenarios en un diverso campo que incluye seis mujeres, cinco personas negras, un hispano, un gay y candidatos mileniales. De llegar a la Casa Blanca, Biden lo haría con 78 años, una edad inédita. 

El equipaje político

Desde que se presentó en sus primeras elecciones a nivel local en 1970 e irrumpió en el panorama nacional al llegar al Senado desde Delaware en 1973, Biden ha acumulado equipaje político, en algunos casos pesado, como algunas posiciones en política exterior, el impulso a políticas que favorecieron el encarcelamiento masivo que afecta desproporcionadamente a negros o su desastrosa actuación durante el testimonio de Anita Hill, la mujer que denunció el acoso sexual del juez Clarence Thomas durante su nominación para el Tribunal Supremo. En la era del #MeToo no ayuda que recientemente varias mujeres acusaran a Biden de haberles hecho sentir incómodas con sus gestos, que el vídeo que grabó para tratar de justificar sus muestras públicas de afecto como bienintencionadas quedara lejos de una disculpa (igual que en su repaso a su actuación frente a Hill) o que incluso dos días después bromeara sobre ello.

Biden, que nunca ha sido prolífico recaudador de fondos, llega a la carrera cuando los otros candidatos ya han recaudado 75 millones de dólares, muchos de ellos basados en pequeñas donaciones. Este jueves tendrá una cena de recaudación con grandes donantes y ahí puede radicar otro problema de su candidatura, especialmente cuando otros aspirantes y parte de las bases han convertido en central el rechazo de la influencia de grandes donantes y grandes corporaciones en la política. Además, otros rivales como Kamala Harris ya compiten en donaciones clásicas.

Biden, pese a todo, también explotará sus puntos fuertes y cree que, en su tercer intento tras los fallidos de 1988 y 2008, puede ser el candidato para recuperar parte del votante blanco de clase trabajadora que, desencantado, pasó de votar demócrata a ayudar a elegir a Trump. El lunes tiene previsto un acto apoyado por los sindicatos.

Biden, asimismo, buscará resucitar parte del aura de la presidencia de Obama y de su legado en contraste con la de Trump. En su anuncio, desnudo de propuestas políticas concretas, una de las primeras imágenes es la de la violencia desatada por neonazis y supremacistas blancos en Charlottesville en el 2017, tras la que Trump dijo que había "gente muy buena en los dos lados". Biden llega a comparar la situación con la de Europa en los años 30 y alerta de que si el actual mandatario pasa ocho años en la Casa Blanca "alterará de forma fundamental y para siempre el carácter de la nación".

Biden también ha lanzado un vídeo de campaña en español

Y ya ha sido recibido en Twitter por su potencial rival definitivo, Trump, que le ha puesto el apelativo descalificativo "sleepy", algo así como "amodorrado", y le ha atacado cuestionando su inteligencia.