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REUNIÓN RUSO-NORCOREANA

Putin defiende dar "garantías de seguridad" a Corea del Norte para que renuncie al arma nuclear

El presidente ruso se reúne durante dos horas con Kim Jong-un en Vladivostok en una cumbre con más simbolismo que decisiones concretas

El líder del Kremlin recuerda que comparte con EEUU el objetivo de la desnuclearización de la península y asegura que informará a Washington

Marc Marginedas

Putin y Kim Jong-un se reúnen en Vladivostok. / ALEXANDER ZEMLIANICHENKO (EFE / POOL / VÍDEO: EFE)

Vladímir Putin tiene la reputación de ser un líder que le gusta hacerse esperar. Pero en esta cumbre con el máximo dirigente de Corea del Norte, Kim Jong-un, fue el presidente ruso quien llegó con media hora de antelación al nuevo campus de la Universidad Federal del Lejano Oriente en la isla de Russki, junto a la ciudad de Vladivostok, el escenario donde la reunión iba a desarrollarse.

Durante dos horas, Putin y Kim Jong-un han dialogado a puerta cerrada sobre el contencioso nuclear en la península y las relaciones bilaterales entre dos países que incluso comparten frontera. Tal y como se había anunciado la víspera, no se firmó comunicado ni declaración conjunta alguna en una cumbre que tenía mucho más de simbolismo que de contenido real, aunque el líder del Kremlin ha ofrecido posteriormente una rueda de prensa en la que ha abogado por dar "garantías de seguridad" al régimen de Pionyang para que este acepte renunciar de forma definitiva al arma atómica. "Es posible (la desnuclearización)... Corea del Norte necesita garantías de seguridad, de defensa de su soberanía", ha defendido Putin, quien dio a entender que dichos avales debían ser "jurídicos", es decir, plasmarse en ley.  

El presidente ruso, quien ha recordado que tanto Washington como Moscú comparten el objetivo final de una península desnuclearizada, ha declarado que informará a la parte norteamericana de los resultados de sus gestiones con Kim Jong-un. "No hay secretos aquí; la postura de Rusia siempre fue abierta; no hay ninguna conspiración; lo hablaremos con los norteamericanos y nuestros amigos chinos", ha insistido. Aunque es cierto que tanto Moscú como Washington defienden que la región esté libre de armas atómicas, en lo que sí difieren es en el uso de las sanciones por parte de EEUU para resolver sus contenciosos internacionales. De hecho, Rusia ha sido acusada en varias ocasiones de violar los embargos económicos al régimen norcoreano decretados por la comunidad internacional.     

Cena con 'borsch',cangrejo y raviolis de reno 

Tras las conversaciones, ambos líderes han celebrado una cena oficial en la que el Supremo Líder norcoreano ha regalado una espada a su anfitrión, quien a su vez le ha entregado un juego de vasos y un sable curvo, antes de degustar un menú compuesto de 'borsch' (sopa de remolacha) ensalada de cangrejo y raviolis de carne. "Estoy muy contento del resultado: Kim Jong-un es una persona muy abierta, dispuesta a hablar de todo", ha concluido Putin.   

Kim Jong-un ha viajado a Rusia tras el fiasco, hace dos meses, de la última cumbre en Hanoi con el presidente norteamericano, Donald Trump, sobre el programa nuclear de su país. Los analistas ven en esta visita, propuesta por Moscú en varias ocasiones aunque siempre aplazada, un mensaje implícito a Washington de que Pionyang tiene capacidad para recabar el apoyo de otros socios en un momento en que las negociaciones con EEUU se hallan estancadas. Pese a que la URSS jugó un papel crucial en la fundación del Estado norcoreano y al apoyo que recibió del bloque comunista durante la guerra fría, Moscú, siempre interesada en realzar su papel de potencia global, había permanecido hasta el momento al margen del proceso negociador actual, y eran otras potencias -China y EEUU- las que repartían el juego.     

El líder norcoreano ha revitalizado durante su estancia de tres días en Rusia las relaciones bilaterales, que habían mantenido un perfil muy bajo en los últimos años. En Rusia viven 8.000 trabajadores norcoreanos, muchos de los cuales trabajando en la construcción y con sueldos de miseria. Durante la primera década del siglo XXI, Kim Jong-il, su padre, viajó a Rusia hasta en tres ocasiones, utilizando siempre el tren, el medio de transporte favorito de los líderes del reclusivo Estado asiático. En el 2001, recorrió más de 10.000 kilómetros a través de las vías férreas rusas, generando a su paso numerosos problemas por el dispositivo de seguridad que su comitiva ferroviaria requería.