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INVESTIGACIÓN POLICIAL

Colillas, cables eléctricos y otros fallos de seguridad en Notre Dame

'Le Canard Enchaîné' revela que los obreros que trabajaban en las obras de la catedral fumaban en los andamios, aunque prevalece la hipótesis del cortocircuito

Eva Cantón

La policía halla colillas en los andamios donde surgió el fuego de Notre Dame, en París. / CHRISTOPHE PETIT TESSON (EFE / VÍDEO: EFE)

La investigación sobre las causas del devastador incendio que el pasado 15 de abril arrasó la cubierta y la aguja de Notre Dame está lejos de arrojar una conclusión definitiva pero, según revela este miércoles 'Le Canard Enchaîné', se han detectado numerosos fallos de seguridad en las obras de rehabilitación de la catedral que pudieron contribuir a la catástrofe. La primera, que los obreros fumaban a pesar de estar estrictamente prohibido.

"Efectivamente, ha habido compañeros que a veces contravenían esta prohibición y lo lamentamos", ha admitido a la Agencia France Press el portavoz de Le Bras Frères, la empresa encargada de los trabajos,  Marc Eskenazi, quien ha señalado que esta normativa no siempre se cumplía porque "era un poco complicado bajar y eso llevaba tiempo".

Sin embargo, ha descartado que un cigarrillo mal apagado haya podido originar el siniestro. "Si alguien intenta encender fuego en una chimenea sabe que no pasará gran cosa poniendo una colilla en un trozo de roble", ha añadido. La policía ha descubierto restos de siete colillas en los andamios, aunque sigue dando prioridad a la hipótesis del cortocircuito.

El semanario satírico indica también que, pese al riesgo evidente de cortocircuito y en contra de las indicaciones de los arquitectos de monumentos históricos, los cables eléctricos se prodigaban por el entramado de vigas de madera y bajo la aguja de 96 metros de Viollet-le-Duc que terminó siendo pasto de la llamas. La electrificación se hizo en el 2012, cuando se renovaron las campanas de las torres. El montaje tenía que ser temporal, pero la electricidad no se cortó al terminar la reparación.  

Cadena de errores

Otra cadena de errores impidió que los bomberos llegaran antes de lo que lo hicieron al lugar del siniestro, porque pasaron 35 minutos -y no 20 como se recoge en la versión oficial- desde que se desató el incendio hasta que se desplegó el operativo.

La primera alerta sonó a las 18.20 horas, cuando se oficiaba misa en el interior del templo, pero el regidor y un agente de seguridad de la catedral que subieron al tejado para comprobar si había fuego no encontraron nada y creyeron que se trataba de una falsa alarma.

Los responsables de la catedral apuntan a un fallo del sistema de vigilancia de la empresa Elitys, que no habría identificado correctamente la zona afectada, algo que la empresa niega. Al final, cuando se localizaron las llamas en la base de la aguja había pasado más de media hora. Los bomberos llegaron poco antes de las 19 horas. Muy tarde para salvar la cubierta.

Además, las bocas de incendios situadas en el exterior de la catedral eran demasiado estrechas y solo podían canalizar entre 200 y 500 litros de agua por minuto, suficiente para apagar un conato de incendio pero no un fuego en toda regla. Eso obligó a los bomberos a retroceder para subir más tarde al edificio con mangueras más potentes.

Según 'Le Canard Enchaîné' hubo más irregularidades. El plan contra incendios diseñado por la dirección regional de asuntos culturales no se respetó. El dispositivo exigía tener un ordenador de seguridad para vigilar el templo las 24 horas del día y dos vigilantes contratados por el Estado, pero solo había una persona entre las 8 y las 23 horas.

Hasta ahora, la brigada criminal encargada de las pesquisas sigue dando prioridad a la hipótesis de un cortocircuito que podría haberse originado en los motores de los ascensores de los andamios o en las cajas de fusibles necesarios para efectuar las obras.