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DEBATE SOBRE EL FUTURO DE LA CATEDRAL

¿Es posible reconstruir Notre Dame en cinco años?

Los expertos advierten de que, antes de iniciar las obras, habrá que dedicar tiempo a reparar las partes dañadas por el fuego y el agua

Macron quiere crear un mecanismo europeo para proteger el patrimonio

Eva Cantón

Vista de Notre Dame desde un barrio de lujo de París a orillas del Sena.

Vista de Notre Dame desde un barrio de lujo de París a orillas del Sena. / AP / MICHEL EULER

Muchos han visto en el dramático incendio que destruyó parte de Notre Dame una alegoría de Francia. Puede que Emmanuel Macron también cuando prometió su renacimiento en la noche del 15 de abril, poco después de que los bomberos anunciaran que la estructura y las dos torres se habían salvado. “Reconstruiremos esta catedral”, dijo enfatizando el plural para implicar al país en un proyecto colectivo que trasciende su dimensión material.

Pero el presidente francés es conocido por una obsesión menos espiritual -la de manejar los tiempos y actuar deprisa- y fijó un plazo de cinco años para recrear lo que el fuego se llevó. Su calendario coincide con la celebración en París de los Juegos Olímpicos en 2024, algo que aplaudió la alcaldesa de la capital, Anne Hidalgo. Sin embargo, los expertos piden prudencia. El reloj de la política puede que no coincida con el de la catedral.

La reconstrucción requiere varias etapas. No se puede dar un paso sin garantizar la estabilidad de los elementos que sobrevivieron al siniestro. En un edificio gótico todo es un juego de equilibrios y conviene evitar un efecto dominó. Hay que hacer un diagnóstico completo de los daños provocados por el calor y, sobre todo, por el agua; localizar los problemas, tomar muestras de la piedra y hacer las primeras pruebas de limpieza.

 “Esta fase, que puede durar hasta un año, determinará el tipo y alcance de las reparaciones que hay que hacer, antes incluso de barajar cualquier reconstrucción”, advierte en ‘Le Monde’ Benjamin Mouton, arquitecto jefe de Notre Dame del 2000 al 2013.

Tradición o innovación

Luego se plantearán los dilemas que están encima de la mesa desde que el Gobierno anunció un concurso internacional para recrear la famosa aguja de 96 metros de Viollet-le-Duc devorada por las llamas. ¿Tiene que ser idéntica o cabe innovar adaptándose a las técnicas y materiales de hoy en día? El presidente francés se decantó por lo segundo al decir que “debería considerarse un aire contemporáneo”.

“Eugène Viollet-le-Duc creó una aguja nueva en un espacio que estuvo vacío durante décadas. Nada impide una intervención arquitectónica contemporánea en un monumento histórico catalogado. La pirámide del Louvre es la prueba”, abundó el ministro de Cultura, Frank Riester.

La misma pregunta se plantea en el caso del armazón medieval de cien metros de largo y diez alto construido entre 1220 y 1240, uno de los más antiguos de París junto con el de San Pedro de Montmartre y conocido como “el bosque” porque se necesitaron 1.300 robles para montarlo. Cada viga procedía de un árbol diferente y estaba numerada. Aunque los bosques franceses tengan recursos suficientes, podría optarse por un material no inflamable. En la catedral de Reims, bombardeada durante la Primera Guerra Mundial, se usó cemento, y en la de Chartres, quemada en 1840, metal.

Grégory Teillet, responsable de mecenazgo en el Ministerio de Cultura, recuerda en 'France Info' que la Carta de Venecia, que establece unos principios comunes sobre restauración y conservación –y de la que Francia es firmante-, estipula que “cuando las técnicas tradicionales no son adecuadas, se pueden usar métodos modernos” siempre y cuando se salvaguarde el aspecto formal de la obra y su significado histórico.

Polémica

En opinión del arquitecto de la torre Agbar de Barcelona, Jean Nouvel, se puede rehacer el armazón de Notre Dame respetando su concepción inicial, y aportar una pincelada contemporánea a elementos como las vidrieras pero no a la aguja, según señalaba en ‘Le Figaro’.

Al debate de los arquitectos se suman ciudadanos de a pie y líderes políticos. Unos para pedir que se respete la tradición. Otros para reclamar materiales más sólidos que eviten una nueva catástrofe. Al tratarse de un monumento patrimonio de la Humanidad, también la Unesco tendrá mucho que decir cuando llegue la hora de la restauración.

Hasta el escritor británico Ken Follet entró en la discusión. “Yo estoy a favor de reconstruirla de manera idéntica. Si fuera arquitecto trabajaría para restituir lo que hemos perdido, incluida la aguja. Aunque me parece complicado usar exactamente los mismos materiales”, dijo el autor de ‘Los pilares de la tierra’ en el diario ‘Le Parisien’.

Prácticamente salvada

De momento, lo urgente es cubrir el edificio con una gran lona a modo de paraguas para protegerlo de las inclemencias meteorológicas y permitir el trabajo de los expertos. La prefectura ha establecido un nuevo perímetro de seguridad en torno a la catedral que, según anunció este sábado Frank Riester, está “prácticamente salvada” después de haber estabilizado los frontispicios del transepto norte y oeste y a pesar de que todavía hay algunos puntos sensibles en la bóveda.

Si algo ha demostrado el incendio de Notre Dame es la fragilidad de los monumentos históricosPara salvaguardarlos, Emmanuel Macron ha escrito a sus homólogos europeos proponiéndoles la creación de un mecanismo de cooperación para el patrimonio en peligro, según anunció en 'Le Journal de Dimanche' la secretaria de Estado de Asuntos Europeos, Amélie de Montchalin. El próximo 3 de mayo los titulares de Cultura de la Unión Europea se reunirán en Francia para abordar este asunto.

Enorme inversión

El Estado francés, propietario de Notre Dame, destina 40 millones de euros anuales al mantenimiento y restauración de catedrales. El ministerio de Cultura dispone de un presupuesto de 10.000 millones de euros en 2019 (un 2,1% del total del Estado) y dedica 300 millones al patrimonio.

Especialistas e historiadores del arte coinciden en que la inversión no está a la altura. El especialista en patrimonio y director de ‘La Tribune de l’art’ Didier Rykner considera incluso que la catástrofe de la catedral parisina podría haberse evitado. A su juicio, las medidas de precaución en las obras de restauración de los monumentos históricos son insuficientes y ninguna ley las ha reforzado.

A falta de conocer la fecha para que arranque la obra, el rector de Notre Dame, Patrick Chauvet, quiere construir en la plaza una catedral “efímera” para acoger a los fieles durante el tiempo que dure la restauración. El Ayuntamiento de París apoya la idea, pero la decisión última deberá tomarla el ministerio de Cultura.

Ligada a la historia de Francia

Notre Dame no es sólo el monumento francés más visitado. Forma parte del patrimonio de la humanidad y es un símbolo de la cristiandad y de la cultura europea al que los franceses están unidos por un vínculo afectivo. Por eso vivieron como un drama íntimo las escenas del templo devorado por las llamas.  

En sus más de ocho siglos de existencia, la catedral parisina ha sido escenario de grandes acontecimientos, desde la Coronación de Napoleón I hasta el homenaje a las víctimas de los atentados del 2015, pasando por la celebración de la liberación de París en 1944 y los funerales de Charles de Gaulle en 1970. 

Desde su construcción en el siglo XIII es un lugar de reunión, popularizado en 1831 por la novela de Víctor Hugo, y en su plaza está el kilómetro cero de la geografía francesa. “Este 15 de abril de 2019 pasará a la Historia. Durante siglos se hablará del gran fuego de Notre Dame”, resumía Ken Follet.