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Poder militar

Kim Jong-un realiza pruebas de una nueva "arma táctica guiada"

El líder de Corea del Norte realiza este ensayo tras el fracaso de las negociaciones de Hanoi con Trump

Adrian Foncillas

 El líder de Corea de Norte, Kim Jong-un, supervisa un ejercicio militar. EFE

 El líder de Corea de Norte, Kim Jong-un, supervisa un ejercicio militar. EFE / KCNA/EPA

Kim Jong-un ha supervisado este jueves por la mañana el ensayo de una nueva arma. Se desconoce de qué se trata pero basta el anuncio para intuir el por qué: Corea el Norte está perdiendo la paciencia ante la terquedad estadounidense en mantener las sanciones económicas. La prueba es un gesto medido que sirve para enviar un mensaje diáfano pero sin cruzar la línea roja que dinamitaría el proceso de desnuclearización.

La sucinta nota llegó en la agencia oficial KCNA. El ensayo tuvo lugar en instalaciones sin identificar de la Academia de Ciencias de Defensa que el líder había visitado para inspeccionar a la soldadesca. Se trata de una arma “táctica” con un “peculiar sistema de guía aérea” y una “poderosa cabeza explosiva” que fue disparada “desde diferentes superficies hacia diferentes objetivos”. Los expertos, juntando esos retales, especulan con un misil de corto alcance lanzado desde un barco que podría ser convertido en un proyectil tierra-aire, aire-tierra, barco-barco o cualquier alternativa imaginable. “Su desarrollo tiene una gran importancia en la mejora de la fuerza de combate”, ha aclarado Kim Jong-un. Las agencias estadounidenses que escrutan el país asiático no han detectado hoy ningún lanzamiento y ni Washington ni Seúl han comentado aún el presunto desafío norcoreano.

Las negociaciones con Trump

La sucesión de actos es conocida. Pionyang ya probó otra etérea “arma táctica” que blindaría al país con “un muro de acero” cuando las negociaciones estaban estancadas en noviembre tras la primera cumbre de Singapur. El reciente fracaso en Hanoi, de donde partieron Trump y Kim sin ningún acuerdo, ha multiplicado el escepticismo en Pionyang sobre la voluntad estadounidense de resolver un problema que se arrastra durante 70 años. La culpa fue de las sanciones: según Washington, Kim exigió su levantamiento integral a cambio de la icónica central de Yongbyon; según Pionyang, sólo pretendió que terminaran las que afectan a la vida de su pueblo. Corea del Norte subrayó su estupefacción por la escasa flexibilidad estadounidense y alertó de que Kim podría haber perdido su interés en seguir con el diálogo.

Un alto funcionario norcoreano advirtió el mes pasado que se plantearán acabar con la moratoria unilateral de lanzamientos de misiles y ensayos nucleares si Washington sigue con su inmovilismo sobre las sanciones que estrangulan su economía. Kim respondió esta semana a la invitación estadounidense a una tercera cumbre exigiendo una nueva actitud más colaborativa y dando de plazo hasta final de año para conseguir avances significativos. El líder ya había avisado en el último discurso de Año Nuevo que seguía comprometido con las negociaciones pero que buscaría vías alternativas para asegurar la soberanía nacional si estas fallaban. La prueba de hoy subraya que Corea del Norte cumple su compromiso sobre misiles intercontinentales y ensayos nucleares pero sigue fortaleciendo su poderío militar.

Las demostraciones de fuerza norcoreanas revelan que la estrategia de máxima presión estadounidense es estéril. Pionyang ya no está aislada como dos años atrás, cuando sus cotidianos desmanes nucleares y misilísticos ahuyentaron a sus aliados tradicionales. Muchos culpan hoy a Washington de frenar el proceso de desnuclearización que pacificaría una de las zonas más erógenas del planeta. Kim ha recobrado la sintonía con Pekín con cuatro reuniones presidenciales en apenas un año y la prensa surcoreana señala que se reunirá la semana próxima con Vladimir Putin en Vladivostok.