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COMICIOS EN EL PAÍS NÓRDICO

Finlandia necesita una coalición de al menos cuatro partidos para bloquear a la ultraderecha

Los socialdemócratas rechazan un pacto con los antiinmigración y requerirán de una gran alianza entre izquierda y derecha

Carles Planas Bou

El líder de la formación ultra Verdaderos Finlandeses, Jussi Halla-aho.

El líder de la formación ultra Verdaderos Finlandeses, Jussi Halla-aho. / AFP

Con los resultados casi definitivos, el líder socialdemócrata Antti Rinne comparecía ante los suyos para proclamar, con gesto dubitativo, que será "el próximo primer ministro de Finlandia”. Aunque los resultados del SDP son peores de lo esperado, él será el primer encargado en intentar formar un Ejecutivo bajo sus siglas que necesitará al menos cuatro partidos para aislar a los populistas antiinmigración de Verdaderos Finlandeses (PS).

Las elecciones de este domingo constataron que el panorama político finlandés ha cambiado. Por primera vez ningún partido llega al 20% de los votos, una fragmentación que dificulta aún más la formación de gobierno en un país ya acostumbrado a las coaliciones entre partidos heterogéneos. Como remarca el diario Demokraatti, ya no hay grandes partidos en Finlandia. Eso hace las negociaciones para formar gobierno aún más impredecibles.

Sorpresa ultra

La extrema derecha tendrá mucho que decir en esa formación de gobierno. Aunque la mayoría de partidos de opone a estrecharles la mano, su líder, el radical Jussi Halla-aho, se ha mostrado abierto a cooperar, conocedor de su fuerza. Y es que el partido antiinmigración obtuvo un 17,5% de los votos, quedándose a tan solo 6.800 votos y a un escaño de los socialdemócratas. "El mayor suspense electoral de todos los tiempos”, ha titulado el diario Ilta-Sanomat.

Felicitados por Le Pen y Salvini, el partido protagonizó en los últimos meses una remontada espectacular. La división interna por la elección de su líder les hundió hasta un 8%. Sin embargo, el escándalo destapado en diciembre sobre una red de hombres, la mayoría de ellos inmigrantes, que había violado a más de 10 menores de edad cambió las cosas para el PS, que capitalizó el drama reforzando sus propuestas contra la inmigración. “Como en toda Europa, el nacionalismo y la oposición a la inmigración son valores ya permanentes en Finlandia”, ha apuntado Erja Yläjärvi, directora del tabloide Iltalehti.

Los liberal-conservadores de la Coalición Nacional, tercera fuerza, han apuntado que quieren “hablar con todos los partidos”, palabras que podrían ser cantos de sirena para un partido antiinmigración con el que ya se aliaron durante el último ejecutivo.

Opciones de izquierda

Ante ese panorama y con 40 escaños, el SDP se verá obligado a crear una coalición de al menos cuatro partidos, lo que abre la puerta a acuerdos con partidos de centro-derecha como Coalición Nacional (38 escaños) o Partido Popular de los Suecos de Finlandia (9). Los de Rinne ya han descartado cualquier pacto con el PS.

Los comicios de ayer también evidencian una voluntad de cambio en Finlandia. Solo así se entiende que el SDP sea por primera vez en 20 años el partido más votado, que los partidos de izquierda mejoren y que los liberal-conservadores del gobierno caigan tras impulsar una agenda de austeridad que, entre otras medidas, quería privatizar la sanidad del país.

Ese cambio también se notará en el Parlamento finlandés, donde habrá más mujeres que nunca. Así, de los 200 diputados electos 92 serán mujeres, superando con creces el récord establecido en 2011, de 85. Hasta 17 de ellas forman parte de los Verdes, el partido que más ha crecido y que se ha situado en un 11,5% de los votos, su mejor resultado histórico. Tanto ecologistas como los socialistas de la Alianza de Izquierda, con 20 y 16 escaños respectivamente, tienen todos los números de entrar en un gobierno con el SDP.

Rinne, el salto del 'gánster sindical'

Como aseguraba la noche del domingo, Antti Rinne tiene todas las papeletas para ser el próximo primer ministro de Finlandia. Sin embargo, su cara no reflejaba una gran alegría. Por primera vez desde 1999, devolvía a los socialdemócratas a la primera posición, pero el 17,7% obtenido le convierten en el ganador más débil de la historia del país.

Poco carismático, este político de 56 años es conocido en el país por haberse curtido en las protestas por los derechos de los trabajadores. Su participación en varias manifestaciones casi ilegales le llevaron a recibir el apodo de gánster sindical. Ese interés por la justicia social ha quedado plasmado en una campaña electoral donde ha cedido el protagonismo a voces más jóvenes del SDP. De conseguir la titánica misión de alzar un nuevo gobierno con cuatro o más partidos, Rinne será también el encargado de asumir la presidencia rotatoria de la UE del 1 de julio a finales del año.