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UN DIVORCIO COMPLICADO

La UE vuelve a salvar al Reino Unido de sí mismo

El frenazo económico y el elevado coste de una salida abrupta empujan a los Veintisiete a ser pacientes con May

Tusk y Merkel aspiran a que las prórrogas acaben conduciendo a que el 'brexit' no se llegue a materializar nunca

Eliseo Oliveras

La primera ministra británica, Theresa May.

La primera ministra británica, Theresa May. / Reuters

Los Veintisiete han vuelto a salvar al Gobierno británico de Theresa May de una salida abrupta de la Unión Europea (UE) y en otra cumbre de urgencia han aplazado por segunda vez en menos de un mes la fecha del brexit. Casi tres años después del referéndum y ante la incapacidad del Gobierno y el Parlamento británico para alcanzar un acuerdo sobre las modalidades de salida del Reino Unido de la UE, los Veintisiete optaron en la madrugada del 11 de abril por evitar in extremis el peor escenario posible: un brexit abrupto.

A pesar de que May fue incapaz de nuevo de presentar ningún plan creíble para lograr el respaldo parlamentario a una salida ordenada de la UE, los Veintisiete quieren evitar un brexit caótico por su elevado coste económico. En el actual contexto de fuerte frenazo económico en Europa, los Veintisiete no quieren añadir más factores de desestabilización económica que puedan inflamar aún más el malestar social ante las elecciones al Parlamento Europeo de mayo.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de rebajar esta semana la previsión de crecimiento para la eurozona en el 2019 al 1,3%, en lugar del 2% previsto hace un año. El Banco Central Europeo (BCE) estimó en marzo que el crecimiento de la eurozona este año se limitaría al 1,1% y la OCDE lo rebajó al 1%. En esta situación, las perdidas de ingresos anuales de 40.000 millones de euros que supondría para la economía del conjunto de los Veintisiete un brexit abrupto, según un estudio de la Fundación Bertelsmann, serían un mazazo que se quiere evitar como sea.

Compromiso intermedio

La prórroga en la cumbre ha sido un compromiso intermedio entre las dos estrategias que se han perfilado ante las repetitivas maniobras dilatorias de May. Por un lado, la del presidente de la UE, Donald Tusk, respaldada por la cancillera alemana, Angela Merkel, de mostrarse paciente con el Reino Unido con la esperanza de que cuanto más se demore la salida más posibilidades hay de que no se acabe produciendo nunca. Por el otro, la del presidente francés, Emanuel Macron, respaldada por España y Bélgica, de forzar a Londres a tomar un decisión en un plazo breve para que el impasse no siga eternizándose.

Los Veintisiete han dejado claro que el acuerdo de salida negociado con la UE no se modificará, pero no parece que la premier esté más cerca de lograr un respaldo parlamentario que en marzo, cuando ese acuerdo fue rechazada por tercera vez. Las tardías negociaciones emprendidas por May con el líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn, siguen sin dar frutos por la negativa conservadora a aceptar la futura permanencia británica en la unión aduanera con la UE, como defiende Corbyn para mitigar la disrupción económica y la pérdida de empleos. El desprestigio de May y la pérdida de autoridad ante su propio Partido Conservador auguran la prolongación del impsassePese a la recomendación de Tusk de no malgastar el tiempo de la prórroga, May ya ha vuelto a aplazar los debates parlamentarios.

La próxima fecha de riesgo de brexit abrupto es el 1 de junio, si el Reino Unido no celebra el 23 de mayo las elecciones al Parlamento Europeo, algo que May quiere evitar. La participación británica en estos comicios generará problemas en la UE, ya que se volvería al antiguo reparto de escaños y varios países, como España y Francia, perderían diputados. La participación británica puede alterar la mayoría parlamentaria en el nombramiento del nuevo presidente de la Comisión Europea en julio si el Reino Unido aún sigue en la UE, porque aumentará los diputados del grupo socialista en apoyo de Frans Timmermans en perjuicio del candidato del grupo popular, Manfred Weber. Los conservadores británicos abandonaron el grupo popular y están con los euroescépticos Conservadores y Reformistas Europeos.

Los Veintisiete han subrayado que durante el periodo de prórroga el Reino Unido debe mantener una cooperación leal con la UE y abstenerse de obstaculizar sus decisiones. Pero la historia de los últimos 40 años muestra que el Reino Unido no ha vacilado en instrumentalizar las instituciones europeas cuando le ha interesado. Algunos diputados conservadores, como Jacob Rees-Mogg y Mark Francois, ya han planteado públicamente sabotear el funcionamiento de la UE. 

La prolongación de la incertidumbre también tiene sus costes socioeconómicos para UE, porque retrasa y paraliza inversiones. Además, la caótica gestión británica de brexit ha desviado la atención europea de cuestiones cruciales pendientes, como dar una respuesta efectiva al malestar social, asegurar el futuro económico, industrial y tecnológico del conteniente, concretar la refundación de “la Europa que protege” y abordar de forma realista los problemas de la presión migratoria.