REVUELTAS EN SUDÁN

Al Bashir: un golpista acusado de crímenes de guera

El septuagenario presidente de Sudán ha dimitido tras el abandono del Ejército y las presiones de la calle

La población sudanesa lleva más de tres meses protestando en contra el mandatario

Omar al Bashir, durante una cumbre islámica en Estambul en el 2018.

Omar al Bashir, durante una cumbre islámica en Estambul en el 2018. / AP

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Marina Sardiña

Miles de sudaneses se han congregado frente al cuartel general del Ejército de Sudán portando banderas y coreando cánticos de victoria “¡Ha caído, hemos ganado!”, proclamaban, ante el anuncio de renuncia del hasta ahora presidente de SudánpresidenteSudánOmar al Bashir, que se encuentra bajo arresto domiciliario según fuentes militares.

Las presiones del Ejército, cuyos efectivos han sido desplegados en las principales avenidas de la capital, Jartum, junto con las movilizaciones sociales de la población sudanesa, que llevan desde el 19 de diciembre del 2018 protestando por la falta de pan, la escasez de combustible y la crisis económica que atraviesa el país africano, han conseguido echar del poder a uno de los dictadores más longevos de África.

Este cóctel de hartazgo social en las calles y la posición pasiva de “defender a los ciudadanos” del Ejército frente a la represión gubernamental han derrocado al septuagenario Al Bashir, quién llegó al poder hace más de 30 años del mismo modo que lo deja: mediante un golpe de Estado militar.

El dictador, de 75 años, procedente de una familia campesina, ha estado desde muy joven estrechamente ligado a las fuerzas militares, las mismas que ahora le dan a espalda. Estudiante en un colegio militar de El Cairo, en Egipto, luchó junto al Ejército egipcio contra Israel en 1973, lo que le llevó a conseguir un rápido ascenso militar a su vuelta a Sudán en 1980, asumiendo un papel principal en la campaña contra los rebeldes del Ejército de Liberación Popular de Sudán (SPLA).

Presidente mediante un golpe de Estado 

El presidente tímido, como lo denominan quienes le conocen, lideró un exitoso golpe de Estado en 1989 y se convirtió en el presidente del Consejo de Mando Revolucionario de Sudán para la Salvación Nacional, que dirigió el país hasta 1993. Fue entonces cuando Al Bashir se convirtió en presidente de Sudán tras disolver el Consejo Revolucionario, conservando un Gobierno militar al que se ha amarrado durante tres décadas.

Su llegada al poder y su liderazgo estrictamente autoritario ha coartado durante años las libertades de la población sudanesa, duramente silenciada, prohibiendo los partidos políticos hasta 1998 y controlando estrictamente la prensa.

El régimen dictatorial del exparacaidista Al Bashir ha sobrevivido al conflicto entre el norte y el sur de Sudán,  las primaveras árabes y las diversas rebeliones internas como la de DarfurDarfur, al oeste del país, que ha dejado más de 300.000 muertos y miles de desplazados, consecuencia de la violencia contra la población civil por parte del Ejército sudanés. Aquellas atrocidades que comenzaron en el 2003, cuando los rebeldes de etnia africana negra se rebelaron contra el Gobierno de Al Bashir, llevaron a la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya ha emitir en el 2009 una orden de arresto contra el presidente sudanés, acusado de cometer crímenes de guerra y de lesa humanidad contra su población. Sin embargo, Al Bashir ha conseguido burlar la orden y ha viajado por todo el mundo sin sumir sus cargos.

Sudán, un país de 43 millones de habitantes, ha vivido bajo el yugo del aislamiento desde 1993, cuando Estados Unidos decidió incluir a Sudán dentro de la lista de patrocinadores del terrorismo por dar refugio a terroristas islamistas.

Hartazgo popular

Durante las últimas semanas, los jóvenes manifestantes han acampado sin miedo frente al Ministerio de Defensa, donde se sitúa la residencia de Al Bashir, quién declaró el país en estado de emergencia a finales de febrero. En las últimas dos semanas de protestas han muerto más de una treintena de personas por la represión de las fuerzas de seguridad.

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Sin embargo, los intentos del ahora expresidente Al Bashir por reprimir a su población no han conseguido apagar la mecha del descontento social de la población sudanesa que cuenta con su propio símbolo de la revolución, Alaa Salah, apodada como la ‘reina nubia’.

Omar al Bashir es el cuarto presidente africano que más tiempo ha perdurado en el poder. Termina ahora su mandato, queda esperar en qué se transforma ese vacío y si la oposición y el Ejército consiguen responder a la petición de transición hacia la democracia que anhelan los sudaneses. 

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