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CONTROVERSIA ELECTORAL

Las elecciones marcadas de Turquía

Erdogan amenaza con destituir otra vez a los alcaldes del prokurdo HDP si ganan de nuevo los comicios locales

Adrià Rocha Cutiller

Carteles electorales en la localidad turca de Mardin. 

Carteles electorales en la localidad turca de Mardin.  / ADRIÀ ROCHA CUTILLER

Fatma dice que no, que no se arrepiente de su decisión de presentarse, que seguirá hasta el final, que ganará las elecciones, que el pueblo le votará y, lo más importante, que no le pasará como a su antecesora. Esta vez todo será distinto, dice y repite Fatma, porque cree que no podrán impedírselo. Lo cree de verdad.

"Intentarán quitarnos de nuestros puestos y mandarnos a la cárcel, pero nuestros votantes lo pararán", dice Fatma Yilmaz, candidata del partido prokurdo HDP para la alcaldía del distrito central de la provincia de Mardin. Ella intenta convencerse; sus ojos cansados le delatan. Su futuro, como el de todos los demás candidatos del HDP, es incierto.

Multitud de ataques

La historia viene de hace cinco años: en las últimas elecciones locales en Turquía. Fue en el 2014, y en las zonas de mayoría kurda, en el sudeste del país, el HDP arrasó: conquistó un centenar de alcaldías. Todo fue bien hasta finales del 2015, cuando el alto el fuego entre el Gobierno turco y la guerrilla del PKK se rompió. Los combates y ataques entre la guerrilla —calificada como terrorista por la UE y los EEUU— y el Ejército turco se multiplicaron. Tras la ruptura, Recep Tayyip Erdogan, el presidente turco, decidió que PKK y HDP eran una misma cosa: destituyó y encarceló a casi todos los alcaldes del partido.

Fueron 98 en total y, entre ellos, están los ediles democráticamente electos de las provincias de todo el sudeste: Siirt, Van, Bitlis, Agri, Batman, Hakkari, Diyarbakir y Mardin. Son las regiones más pobres de Turquía. El desempleo, en todo el país, está en el 13%, mientras que en en ese área la cifra sube hasta el 26% (y un 40% entre los jóvenes). Entre las poblaciones más afectadas, Mardin, en la frontera con Siria.

En esa ciudad, estos días la niebla se mastica espesa. Por sus calles empinadas corretean niños que juegan al fútbol y le rezan a Dios que por favor no llegue el lunes. Pero su diversión, cada tanto, es interrumpida por dos coches que llevan persiguiéndose todo el día a toda velocidad por toda la ciudad.

No tienen piedad: ambos, pintados de colores corporativos, llevan megáfonos en el techo, y sueltan un estruendo insoportable en forma de música. El primero es el del HDP; de cerca le sigue el vehículo del AKP, el partido de Erdogan. Se disputan la victoria en la ciudad en las elecciones locales que se celebrarán el 31 de marzo.

Cantar victoria

"Las ganaremos seguro —dice Fatma Yilmaz, la candidata del HDP—. Está claro. En las elecciones anteriores, conseguimos ganar en 8 de 10 distritos de la provincia  de Mardin, además de la Administración provincial. Nos han arrestado, echado de todas y puesto interventores en cada una de ellas. Pero ahora vamos de nuevo a las elecciones y no podrán hacer lo mismo que antes, porque nuestra victoria será más clara. No permitiremos que nos echen. El pueblo nos apoya".

Pero no está todo tan claro. En campaña, Erdogan ha dicho varias veces que si los "terroristas", es decir, los candidatos del HDP, vuelven a ser elegidos en los comicios, el Gobierno les volverá a expulsar para, después, colocar a sus personas de confianza.

Y la cuestión va más allá, porque algunos de los alcaldes del HDP expulsados de sus puestos hace dos años siguen en la cárcel. Es el caso, por ejemplo, de Sevinç Bozan, quien fue la alcaldesa del distrito central de Mardin y justo a quien Fatma Yilmaz, que dice no arrepentirse ni tener miedo, reemplaza como candidata en estas elecciones.

Paripé electoral

El 31 de marzo, en el sudeste turco, será un día raro. Aquí, gane quien gane ese día, el ganador será siempre el mismo: el AKP de Erdogan. "Si Dios quiere, ganaremos la votación. Es muy importante, porque no queremos que Mardin acabe en manos de terroristas", dice Ibrahim, rodeado, por todos lados, de retratos de su presidente favorito.

Ibrahim no trabaja para el AKP, dice, pero se pasa el día en su sede de Mardin. Es entusiasta como pocos: "El ayuntamiento de la provincia recibe dinero del Estado. Y el Estado turco, a diferencia del de los EEUU, no paga a terroristas. Por eso echamos al HDP en el 2016", dice Ibrahim, que va a continuar hablando pero se detiene: Erdogan empieza a hablar en la televisión.

Después, cuando Erdogan termine, dirá que todos los grupos terroristas mundiales —ETA incluida—, son financiados, auspiciados y apoyados por Washington, pero antes retoma su frase anterior. "Si el HDP vuelve a ganar, Erdogan hará lo que sea necesario. Pero a mí no me hagas mucho caso. Yo hablo duro y desde el corazón. No represento al partido, aunque los oficiales dicen lo mismo que yo pero con palabras más bonitas", se excusa y ríe Ibrahim. Los demás en la sala —todos hombres, todos mayores— escuchan y asienten. Erdogan, cuyo retrato electoral preside la habitación, sonríe y les bendice.