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INICIATIVA POLÉMICA

Macron recurre al Ejército para reforzar la seguridad frente a los 'chalecos amarillos'

La oposición critica duramente la decisión de movilizar a los soldados durante un conflicto social

Eva Cantón

Soldados franceses patrullan frente a la catedral de Notre Dame, en París, el 15 de agosto.

Soldados franceses patrullan frente a la catedral de Notre Dame, en París, el 15 de agosto. / AFP / ALAIN JOCARD

Emmanuel Macron quiere demostrar que el Estado es capaz de garantizar el orden público e impedir que este fin de semana se reproduzca el nivel de violencia que alcanzó la última movilización de los 'chalecos amarillos'. El presidente francés ha decidido reforzar el dispositivo de seguridad con los soldados de la llamada 'operación Centinela', cuya misión es vigilar lugares especialmente sensibles en el marco de la lucha antiterrorista.

El próximo sábado su objetivo será proteger los edificios que albergan las principales instituciones del país para permitir a policías y gendarmes “concentrarse en el mantenimiento y el restablecimiento del orden”, según ha explicado este miércoles el portavoz del Gobierno, Benjamin Griveaux.

“No podemos dejar a una ínfima minoría violenta destrozar nuestro país y deteriorar la imagen de Francia en el extranjero”, dijo. El sábado pasado, durante el ‘acto 18’ de los 'chalecos amarillos, unos 1.500 miembros del movimiento ultra 'black blocs' a los que se unieron unos 8.500 vándalos, según el Ministerio del Interior, hicieron estragos en los Campos Elíseos dejando a su paso quioscos de prensa calcinados, escaparates apedreados y tiendas de lujo saqueadas.

Liberar policías

La 'operación Centinela' se lanzó en enero del 2015 tras los atentados contra la revista 'Charlie Hebdo'. Está formada por 10.000 soldados, 3.000 de ellos reservistas. Según Griveaux, los soldados no participarán directamente en las operaciones policiales. La intención es más bien liberar a los policías de funciones estáticas de vigilancia para que puedan dedicarse a neutralizar a los manifestantes violentos. 

Aunque no es la primera vez que un Gobierno recurre a los militares para atajar un conflicto social -en 1992 el entonces primer ministro, Pierre Beregovoy, lo hizo para despejar las autopistas bloqueadas por los camioneros contrarios al carné por puntos-, a Macron se le ha echado encima toda la oposición.

Durante un debate en BFMTV en el que participaron los jefes de filas de los partidos con representación parlamentaria, el líder de la Francia Insumisa, Jean Luc Mélenchon, denunció el “error” que a su juicio supone situar a los militares ante los edificios públicos.

 “No le corresponde a los militares mantener el orden, tienen que hacerle frente a los terroristas, no a los 'chalecos amarillos'. Y luego, que pasa. ¿Los militares disparan?, se ha preguntado. En la misma línea se expresó la presidenta de Reagrupación Nacional, Marine Le Pen, sorprendida de que se quiera "sacar al Ejército contra el pueblo francés”. "¿Quieren reconciliar a los franceses o aumentar su cólera?", se ha preguntado el primer secretario de los socialistas franceses, Olivier Faure, en el mismo debate.

Disfunciones

Criticado por su pasividad ante la violencia, el Gobierno admitió “disfunciones” en el dispositivo de seguridad y el pasado lunes el primer ministro, Edouard Philippe, anunció una reorganización del mismo y la destitución del máximo responsable de la policía de París, Michel Delpuech.

También decidió prohibir las manifestaciones en los Campos Elíseos si se detectan elementos ultras y elevar la multa por asistir a una manifestación ilegal de 38  a 135 euros. Philippe criticó las consignas dadas a los agentes para limitar el uso de las polémicas balas de goma –responsables de que cerca de una veintena de manifestantes hayan perdido un ojo- y defendió una doctrina de mano dura frente a los alborotadores.

Ese mismo rigor es el que ha pedido este jueves el ministro del Interior, Christophe Castaner, durante la toma de posesión del nuevo prefecto de policía de la capital, Didier Lallement. Que no le tiemble la mano y tolerancia cero con los actos violentos, le ha venido a decir Castaner, que se juega este sábado la poca credibilidad que le queda. La oposición en pleno ha pedido su dimisión y, según diversos medios franceses, se llevó un buen tirón de orejas del presidente por el fiasco de los Campos Elíseos.