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DESARROLLO URBANO

Hudson Yards, el nuevo y polémico barrio de Nueva York

El mayor proyecto inmobiliario privado de la historia de EEUU ha urbanizado una zona olvidada en el oeste de Manhattan

Los críticos lo denostan como una ciudad para ricos dentro de la ya desigual urbe y critican las ayudas fiscales

Idoya Noain

Visitantes caminan por The Vessel, la estructura artística en el barrio de Hudson Yard. / AFP

Visitantes caminan por The Vessel, la estructura artística en el barrio de Hudson Yard.
Barrio de Hudson Yard en Nueva York.
Estación en el barrio Hudson Yard de Nueva York.

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¿Quién hace una ciudad y para quién? Las complejas preguntas de no menos complejas respuestas cobran renovada vigencia estos días en Nueva York. El viernes, tras más de 12 años de desarrollo y seis años de construcción, se abrió oficialmente para el público la primera parte de Hudson Yards, el mayor proyecto inmobiliario privado de la historia de Estados Unidos. La mastodóntica inversión de 25.000 millones de dólares combina espacio residencial, de oficinas, comercial y público y ha creado un nuevo barrio a orillas del río Hudson en el oeste de Manhattan, entre las calles 30 y 34 y las Avenidas 10 y 11, culminando la transformación de la zona que inició justo al sur el popular parque High Line.

El viernes neoyorquinos y turistas empezaron a pasear entre los cuatro rascacielos, a recorrer el centro comercial de 67.000 metros cuadrados y siete plantas dominado por tiendas de lujo y a comer en los nuevos restaurantes, entre los que está el primer proyecto neoyorquino de José Andrés y los hermanos Ferrán y Albert Adrià, Mercado Little Spain. Empezaron a subir (con entradas gratuitas pero con fecha y horario de visita asignado) a la escultura The Vessel, eje e imán del arte público de Hudson Yards. Y ya se palpan a partes iguales la expectación por ver cómo se integra en la vida neoyorquina este barrio alzado donde antes solo había vías y garajes de trenes y las críticas.

Controvertidos subsidios

Poco después de que Amazon decidiera abandonar la idea de construir parte de su sede en Nueva York ante el torrente de críticas y oposición a los 3.000 millones de dólares en subsidios públicos que iba a recibir por hacerlo, Hudson Yards ha vuelto a colocar el tema en primer plano. Y 'The New York Times' y un estudio de la New School llegan a cifrar en más de 6.000 millones el dinero de los contribuyentes que ha beneficiado a esta aventura, tras la que están el gigante Related Companies Oxford Properties.

Buena parte del dinero público (2.300 millones) ha ido a extender hasta allí la línea 7 de metro y más de 1.100 millones más se destinarán crear una escuela y parques, pero el resto incluye beneficios para empresas que llevan allí sus oficinas, en muchos casos vaciando las que tenían en Midtown. Son gigantes como Black Rock, una compañía de inversión que gestiona 6 billones de dólares pero que recibirá 25 millones en créditos fiscales si crea 700 puestos de trabajo. Y el alcalde Bill De Blasio, aunque ha apoyado el proyecto que empezó a gestarse bajo el mandato de Michael Bloomberg y su recalificación de la zona, últimamente se ha distanciado. “Creo que los programas de desarrollo económico local y estatal tienen que reevaluarse y actualizarse”, ha dicho el primer edil, que llegó al cargo precisamente con la denuncia de la creciente e intensa desigualdad en la ciudad como uno de sus temas centrales de campaña.

Aplauso y críticas

La división en la recepción de Hudson Yards es obvia. El profesor de planificación urbana de New York University Mitchell Moss aplaudía en 'The Guardian' lo que ve como “una de las grandes transformaciones de Nueva York” y aseguraba que sus responsables “han vuelto parte viva y activa de la ciudad un lugar que estaba abandonado y la gente evitaba”. En el mismo diario, no obstante, el periodista local Hamilton Nolan escribía que “la mayoría de neoyorquinos nunca tendremos oportunidad de vivir, trabajar, comprar y jugar en esta burbuja de riqueza provincial, hermética y artificial”.

El alquiler de apartamentos de una habitación empieza en 5.000 dólares; los de dos se venden a partir de cuatro millones de dólares; un ático dúplex cuesta 32 millones y aunque por ley el 10% de los apartamentos tienen que estar por debajo del precio de mercado, los inquilinos de esa vivienda accesible, como sucede en otros edificios de la ciudad, tendrán que usar accesos separados.

Samuel Stein, autor de un libro sobre gentrificación y dominio del sector inmobiliario, ha definido Hudson Yards como “el masivo monumento de la ciudad a la acumulación privada, el ejemplo definitivo de la planificación urbana dirigida por el sector inmobiliario”. Y en esa visión ha coincidido Michael Kimmelman, crítico de arquitectura de 'The New York Times'. Acompañando un espectacular interactivo de Hudson Yards, Kimmelman ha escrito que “a todo el sitio le falta cualquier semblanza de escala humana” y “glorifica cierto tipo de espectáculo de superficie, como si la máxima ambición de la vida urbana fuera consumir bienes de lujo y disfrutar un materialismo seductor y sin sentido”. El crítico concluye: “Da forma física a una crisis de liderazgo municipal y a una perniciosa teoría de bienestar cívico que presume que el desarrollo privado es el objetivo primordial de Nueva York, la más auténtica medida de salud y vitalidad urbana, con el dinero como lo único que realmente cuenta”.