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Atentado terrorista

Nueva Zelanda endurecerá el acceso a las armas tras la matanza de 49 personas

El terrorista Brenton Tarrant, de 28 años, acumuló un arsenal con rifles semiautomáticos y escopetas

La policía patrulla desarmada en un país con 1,2 millones de armas y una población de 4,8 millones

Adrián Foncillas

Brenton Tarrant, asesino racista de Nueva Zelanda, pasó por ocho ciudades españolas a principios de 2017.

Brenton Tarrant, asesino racista de Nueva Zelanda, pasó por ocho ciudades españolas a principios de 2017. / Shooter's Video

Solo Islandia superaba a Nueva Zelanda en el último índice global que mide la calma o paz social de los países. Es previsible que en el próximo baje varios puestos después de esos 36 minutos que le bastaron a un enajenado supremacista para dejar 49 muertos en dos mezquitas. Nadie presta atención a cuestiones clasificatorias en el día posterior. El país está ocupado en esa litúrgica búsqueda de respuestas que sigue a este tipo de masacres. ¿Por qué ese tipo sobrevoló el radar policial? ¿Por qué la ley le permitió adquirir cinco armas? ¿Y por qué en Nueva Zelanda?

Desafío al tribunal

Brenton Harrison Tarrant, el nuevo rostro del horror, ha comparecido este sábado ante un tribunal de Christchurch para escuchar los cargos de asesinato. Es muy probable que no sean los últimos, aclaró el magistrado. Fue un trámite fugaz para el australiano de 28 años, quien apareció esposado y con el uniforme blanco penitenciario. No regaló ninguna expresión facial reseñable y se despidió formando con su mano derecha algo parecido a ese OK invertido que utilizan los supremacistas blancos.

El detenido por los ataques en Nueva Zelanda comparece ante un tribunal. / MARK MITCHELL (AFP / VÍDEO: EFE)

Las investigaciones atribuyen a Tarrant la mortandad íntegra. Permanecen detenidas otras dos personas por su relación con el caso. Uno es Daniel John Burrough, de 18 años, acusado de delitos de hostilidad racial y de odio. Del otro no ha trascendido el nombre ni su vinculación. Otra cuarta persona armada fue detenida en las horas posteriores y liberada tras explicar que acudía a la mezquita para ayudar a la policía.

Las armas monopolizan el discurso político en la mañana posterior. "El caso es que este individuo adquirió una licencia y compró todas esas armas de ese gran calibre. Es obvio que la gente quiera cambios y estoy comprometida a eso", ha resumido la primera ministra, Jacinda Ardern.

Prohibir las armas automáticas

Las reformas serán debatidas en la reunión del lunes del gabinete de Gobierno. Está previsto que anuncie la prohibición de las armas automáticas y también medidas para dificultar que los usuarios conviertan sus armas legales en rifles de asalto de estilo militar. Las usadas por el viernes, dijo Arden, "parecían haber sido modificadas". El comisionado de policía, Mike Bush, afirmó que podían ser compradas con la licencia de categoría A. Esa licencia, que posee Tarrant desde diciembre del 2017, es la más básica y no exige el registro de las armas.

Las armas semiautomáticas pueden ser adquiridas en Nueva Zelanda sin mayores problemas y la licencia apenas requiere los 16 años cumplidos y superar un breve cursillo sobre seguridad. El lobby de armas en Nueva Zelanda ha sido tradicionalmente potente y ha impuesto contra los abolicionistas la presunta necesidad de la caza recreativa o la defensa en las zonas rurales.

La policía patrulla desarmada 

El cuadro actual obliga a recordar la masacre de Port Arthur ocurrida en la isla australiana de Tasmania en 1996. Un enfermo mental mató a 35 personas con sus armas semiautomáticas y el lobby armamentista sucumbió ante las reclamaciones sociales de más seguridad. No es improbable que la sucesión de actos se repita en la vecina Nueva Zelanda. Supone un aparente contrasentido que la policía patrulle desarmada en un país que tiene registradas 1,2 millones de armas sobre una población de 4,8 millones.

La legalidad vigente permitió que Tarrant acumulara un arsenal con rifles semiautomáticos y escopetas. También inquieta que no estuviera fichado a pesar de sus manifiestos racistas colgados en la red. Ninguno de los tres detenidos figuraba en las listas neozelandesas ni australianas. "He pedido a nuestras agencias de inteligencia que investiguen rápidamente si había actividades en las redes sociales que deberían haber estimulado una respuesta”, ha afirmado la primera ministra.