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EL AUGE DE LOS ULTRAS

Las 'amistades peligrosas' del Kremlin con la ultraderecha europea

Periodistas y servicios de contraespionaje europeos investigan la posible financiación de Rusia a la extrema derecha en Italia o Alemania a través de opacos esquemas

Más allá de los eventuales flujos monetarios, Moscú viene estableciendo desde hace ya tiempo potentes vínculos personales y políticos con líderes y partidos neofascistas

Marc Marginedas

El presidente ruso, Vladimir Putin, baila con la ministra de Exteriores de Austria, Karin Kneissl, en la boda de esta última el pasado mes de agosto.

El presidente ruso, Vladimir Putin, baila con la ministra de Exteriores de Austria, Karin Kneissl, en la boda de esta última el pasado mes de agosto. / AFP / ALEXEI DRUZHININ

Un discreto encuentro que tuvo lugar en octubre pasado en el lujoso hotel Metropol de Moscú, frente al principal acceso a la plaza Roja, está acaparando en las últimas semanas la atención de la prensa italiana europea. Ilyá Yakunin, un influyente empresario ruso con vínculos con el Kremlin, se reunió con Gianluca Savoini, destacado dirigente de la Liga, en compañía de consejeros y abogados. Durante la conversación, se debatió la posibilidad de que la petrolera estatal rusa Rosneft vendiera diésel a la italiana ENI a precio de descuento, y que los beneficios que de la transacción se obtuvieran -unos tres millones de euros- ayudasen a financiar la campaña de los ultraderechistas italianos en las elecciones europeas, según revelaciones de dos periodistas del semanario italiano 'L'Espresso'.

Las huestes de Matteo Salvini reaccionaron furibundas y amenazaron con llevar a los tribunales a la publicación y a sus autores, quienes por su parte aseguraron poder probar que ésos fueron los temas tratados durante la entrevista, aunque admitieron que no pueden saber si el acuerdo llegó a materializarse. Todo ello se produce en un momento delicado para la tesorería de la Liga, que ha visto cómo parte de sus fondos eran congelados por el Supremo italiano debido a una investigación por fraude.     

Polémicas parecidas acaban de surgir en Alemania. En febrero, la prensa local alemana informó de las pesquisas que estaba llevando a cabo BvF, la agencia federal de inteligencia interior, sobre el apoyo que recibían las dos formaciones alemanas ultras desde Moscú. En particular, se iba a examinar con detalle el viaje que realizó en el 2017 la entonces líder del partido Alternativa por Alemania, Frauke Petry, junto con su esposo, Marcus Pretzell y el líder de la convención nacional de la formación, Julian Flak. Lo hicieron a bordo de un jet privado ruso, en un vuelo que costó 25.000 euros. Si el importe del viaje acaba siendo considerado una donación política, tal y como las define la Ley de Partidos Políticos de Alemania, Petry y compañía habrían incurrido en una ilegalidad.

"Apoyo político y mediático" de Rusia a la ultraderecha

"Es difícil discernir hasta qué punto el Kremlin ha estado financiando a los partidos de ultraderecha en Europa; se sabe muy poco de ello, pero tan o más importante es el apoyo político y mediático que estas fuerzas políticas reciben de Moscú, en particular desde los medios estatales como la cadena RT", asegura en conversación telefónica Anton Shekhovtsov, especialista en las relaciones en la materia y autor del libro 'Rusia y la extrema derecha en Occidente'. Moscú es consciente de lo "sensible" que es el tema de la financiación, mientras que el respaldo personal, político y en los medios despierta menos sospechas y es "más barato", continua Shekhovtsov.

Y en ello sí que no cabe ninguna duda de que el Kremlin se está empleando a fondo desde hace ya tiempo, con especial atención a los movimientos derechistas juveniles y resultados muy positivos para sus intereses. Sin ir más lejos, la web de investigación 'Bellingcat' desveló en su día que Marcus Frohnmaier, el líder del movimiento juvenil de Alternativa por Alemania, casado con una periodista rusa y especialista relaciones entre ambos países para el rotativo progubernamental 'Izvestia', ha viajado a Moscú y ha mantenido reuniones con personajes destacados como Konstantin Petrichenko, jefe de las relaciones internacionales de Rusia Unida (RU), el partido oficial ruso, Anton Morozov, entonces diputado en la Duma y miembro del comite parlamentario de Exteriores, o Ksenia Shlyamina, del Frente Juvenil Unido, la organización para jóvenes de RU, con quien habló de las "sanciones" de Europa a Moscú.

Las relaciones personales y políticas con la ultraderecha en Austria son incluso de mayor nivel, dado que éstos participan como socio en el Ejecutivo de Viena. En diciembre del 2016 el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) firmó con Rusia Unida un acuerdo de cooperación para los siguientes cinco años en el que ambas formaciones se comprometían a "reforzar la educación de la generación joven en el espíritu del patriotismo". Más recientemente, en concreto el verano pasado, el propio Putin mostraba al mundo, ya sin ningún reparo, su buena sintonía con una parte de la clase política austriaca acudiendo a la boda de la ministra de Exteriores, Karen Kneissl con el empresario Wolfgang Meilinger. Al evento estaban invitados el propio canciller, el conservador Sebastian Kurz, y el vicecanciller y presidente del FPÖ, Heinz Christian Strache.

La cercanía Moscú-Viena ha dado réditos políticos de calado al Kremlin. Austria es uno de los pocos países que no expulsó diplomáticos rusos tras comprobarse la implicación de los servicios secretos rusos en el envenenamiento de Serguéi Skripal y su hija el pasado año. Y los servicios secretos occidentales han asegurado que tienen cada vez más reparos en compartir informaciones confidenciales con sus homólogos del país alpino, debido a que tanto el Ministerio de Defensa como el Ministerio de Interior están regentados por miembros de la formación ultraderechista con vínculos con Moscú.