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MAGREB

La juventud argelina desafía al Ejército

La aspiración de Buteflika a un quinto mandato ha prendido la mecha en las calles ante la gran frustración de la sociedad

Las multitudinarias protestas para reclamar el fin de la represión y una apertura a la democracia se extienden por todo el país

Beatriz Mesa

Nuevas protestas en Argel para exigir a Buteflika que no se presente a las elecciones. En la foto, manifestantes en la capital de Argelia, el viernes. / MOHAMED MESSARA (EFE / VÍDEO: ATLAS)

La propuesta de Abdelaziz Buteflika a una quinta candidatura en las elecciones presidenciales del próximo 18 de abril ha sido la mecha que la juventud argelina necesitaba para volcar en calle la frustración acumulada durante años de represión militar. El presidente argelino es conocido popularmente como la momia, dado que permanece desde hace seis años en una silla de ruedas, sin apenas articular palabra y ausente en la vida política argelina tras sufrir un ictus. A pesar de todo, la élite militar decidió volver a defender la nueva candidatura de Buteflika para los próximos comicios y así preservar los equilibrios de poder en torno al enemigo de la democracia en Argelia: los hidrocarburos. Estos constituyen el eje central de la economía, con el 97% de los beneficios de las exportaciones, el 63% de los ingresos fiscales del Estado y el 37% del PIB. 

Con estos datos en la mano, ¿cómo se explica el fuerte paro juvenil, por encima del 30%? Era presumible, por tanto, que los jóvenes fueran los primeros en tumbar el pasado viernes la puerta del miedo para emprender una nueva ola de protestas inéditas que abarca a todos los sectores de la sociedad. Las multitudinarias manifestaciones de este martes, bajo eslóganes del tipo No al quinto mandato y Mandato de la vergüenza,  fueron lideradas por universitarios y periodistas que cargan con la piedra de la mordaza. "Las protestas se están extendiendo del este al oeste de Argelia y han puesto al país en una situación muy delicada", afirmó a EL PERIÓDICO el periodista Djamel Alilat, del diario independiente El Watan. Miles de argelinos han salido a la calle en las protestas, que ya duran una semana.

"La mejor solución es que Buteflika renuncie y se abra a los cambios porque no solo el pueblo denuncia el quinto mandato, también reivindica otro régimen que devuelva la esperanza a la juventud", matiza Alilat. No lo tiene tan claro el primer ministro argelino, Ahmed Oyahia, que salió al paso de las protestas. "Todo el mundo tiene derecho a apoyar a un candidato o bien a oponerse pero a través de las urnas", dijo Oyahia ante la prensa, dando a entender a la opinión pública que la única manera de parar la continuidad del presidente argelino es ejerciendo el voto. 

Callejón sin salida

El callejón sin salida de la juventud desempleada, sumado a la represión del Estado --que ordenó disolver las protestas con gases lacrimógenos-- augura los peores tiempos para el país, recordando los inicios de la primavera árabe. Entonces, Argelia quedó excluida del foco mediático porque las manifestaciones rápidamente se desmantelaron por la intervención militar. Sin embargo, el poso de malestar vigente entre los jóvenes ante el retraso de las reformas constitucionales dificultan la continuidad de un sistema intransigente con los anhelos de cambio. El pueblo argelino aspira a un proceso de transición democrático pacífico pero este solo será posible si el Ejército— el que ostenta el poder y monopoliza tanto la política como la economía siguiendo el modelo pretoriano— está dispuesto a cambiar las reglas del juego delegando atribuciones. 

Hoy la oposición argelina "no se sitúa en los partidos políticos sino en las redes sociales y en la calle", explica el periodista de Al Watan. Al Estado argelino se le ha vuelto a presentar una oportunidad para introducir el país en una verdadera senda democrática que contribuya a la reducción de la corrupción, no cuantificable pero que afecta a todas las instituciones políticas; eliminar el nepotismo, promover las libertades individuales e iniciar un proceso de liberalización política. Ni siquiera la inseguridad general desde los años de la guerra civil, a la que se aferraba el poder para justificar la opacidad de Argelia, es hoy un argumento valioso para una juventud tentada por la inmigración ilegal y la economía informal.

Temas: Argelia Magreb