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ORIENTE PRÓXIMO

Las milicias kurdas inician "la última ofensiva" contra Estado Islámico

El grupo yihadista controla un pequeño territorio de dos kilómetros cuadrados en la frontera entre Siria e Irak

Adrià Rocha Cutiller

Combatientes de las Fuerzas Democráticas de Siria tras arrestar a un hombre herido durante su combate con el Estado Islámico en la zona norte de Deir al-Zor, en Siria. 

Combatientes de las Fuerzas Democráticas de Siria tras arrestar a un hombre herido durante su combate con el Estado Islámico en la zona norte de Deir al-Zor, en Siria.  / RODI SAID (REUTERS)

Fueron, en su momento de mayor gloria, unos 30.000 milicianos. Ahora, según las estimaciones, son unos 200. Controlaron, cuando todo el mundo los temía, varias de las mayores ciudades de Siria e Irak, donde gobernaban, por la gracia de su autoproclamado califa, sobre 10 millones de personas.

Ahora ya no gobiernan sobre nadie: en la actualidad, el Estado Islámico (EI) controla solo un pedazo de territorio de escasos dos kilómetros cuadrados donde, perseguidos y arrinconados, han ido retirándose los yihadistas que han continuado luchando todos estos años. Entre ellos está su líder, herido y quien, en verano de 2014, hizo el discurso que marcó el nacimiento del Estado Islámico de Irak y el Levante: Abu Bakr Al Badgadi.

Desde entonces ha pasado mucho tiempo. En el 2017, los yihadistas, después de meses de lucha calle por calle, perdieron Mosul, la segunda mayor ciudad iraquí. Tras su liberación, la guerra se aceleró. Irak iba empujando al EI hacia la frontera con Siria y, en este país, el régimen de Bashar al Asad y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) —una coalición de kurdos y árabes contrarios a Asad y apoyados por los EEUU— llevaban a los yihadistas al este.

Las grandes ciudades del EI iban sucumbiendo. En el 2017 se precipitó todo: Palmira cayó en marzo; Mosul, en julio; Hawija y Raqqa, en octubre; Deir Ezzor, en noviembre.

Ahora ya no les queda nada y su situación militar es desesperada. Lo es tanto, de hecho, que Al Bagdadi, sufrió, hace una semana, un intento de “golpe de estado” dentro de sus propias filas. El golpe falló y sus responsables escaparon; el EI puso un precio a su cabeza.

Pero ahora todo está ya a punto de terminar: las SDF, que tienen el apoyo aéreo de la Coalición Internacional —liderada por unos EEUU que quieren abandonar Siria—, ya han anunciado que la última ofensiva para tomar los dos kilómetros restantes del Estado Islámico ha empezado.

Evacuaciones

«La última batalla ha empezado este sábado por la tarde», ha dicho a la prensa el responsable de prensa de la milicia, Mustafa Bali, que ha explicado que, en los últimos días, los combates se habían reducido para facilitar que los civiles retenidos por el EI escapasen.

Entre ellos hay muchas mujeres de combatientes y sus niños, además de milicianos yihadistas que, vista la situación, han abandonado las armas; de ellos, una gran parte son combatientes extranjeros: rusos, británicos, franceses, belgas, turcos, alemanes… A ellos, las SDF los encarcelan preventivamente para ser interrogados a posteriori.

Esta «última batalla», debe durar, en principio, no más de una semana. O así lo afirmó el presidente de los EEUUDonald Trump, con su triunfalismo habitual: «Estén seguros —dijo— que haremos lo que sea necesario para derrotar hasta la última persona de esa locura del EI y para defender a nuestra gente del terrorismo radical islamista. La semana que viene anunciaré formalmente la derrota del EI».

Pero que hayan perdido todo su territorio no significa que el Estado Islámico haya desaparecido. Hace meses que los analistas avisan que sus combatientes pasarán a un combate de frentes a otro de guerrillas, con ataques esporádicos y células durmientes por toda Siria e Irak dispuestas a atacar ante la mínima oportunidad. De tener Trump razón, la bandera negra del EI caerá, pero su lucha sigue.