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recuerdo histórico

Irán conmemora el 40 aniversario del regreso de Jomeini del exilio

La llegada del gran ayatolá a Teherán el 1 de febrero de 1979 precipitó la caída del régimen del sah Mohamed Reza Pahlevi y el triunfo de la ravolución iraní

Kim Amor

Momento en que Jomeini pisa tierra iraní el 1 de febrero de 1979 tras 14 años de exilio.

Momento en que Jomeini pisa tierra iraní el 1 de febrero de 1979 tras 14 años de exilio. / AFP / GABRIEL DUVAL

Irán mantiene viva la figura del gran ayatolá Ruholá Jomeini, el padre de la República Islámica que logró con ayuda de sus fieles seguidores acabar con la dictadura del sah de Persia, el entonces “gendarme de Occidente” en la región. De eso hace ya cuatro décadas y el Estado persa sigue rigiéndose por los mismos principios que instauró el clérigo chií, basados en la ley islámica y en el 'Velayat-e faqih', la supremacía de lo religioso sobre lo político.

Jomeini fue una figura clave para el triunfo de la revolución y su regreso del exilio el 1 de febrero de 1979 -hoy hace 40 años- constituyó la estocada final a la dinastía del monarca Mohamed Reza Pahlevi. Las imágenes del clérigo, de entonces 76 años, descendiendo con su barba de profeta blanca y envuelto en una túnica negra las escalerillas del avión de Air France que le llevó desde París a Teherán son icónicas. “Volveré a mi país cuando se marche el sah”, había anunciado días antes desde Francia.

Jomeini en el interior del avión de Air France que le llevó de París a Teherán /GABRIEL DUVAL (AFP)

Cuando Jomeini pisó tierra iraní, hacía apenas un par de semanas que el sah había huido en helicóptero desde su palacio de Niavaran y aunque sus fuerzas seguían manteniendo cierto control en el país estaban mermadas y cada vez más desmoralizadas. La rendición final llegó solo diez días después.

Hacía años que Jomeini se había convertido en un héroe y en un referente para muchos de sus compatriotas por su clara y contundente oposición interna a la monarquía a la que acusaba de “impía” y de estar al servicio de EEUU. Sus continuas críticas al régimen le costó ser arrestado en 1962 y dos años después forzado al exilio, donde permaneció catorce años, la mayoría en Nayaf, en Irak. Desde el extranjero no dejó de promover la caída de la dictadura.

Vida austera

Desde el momento en que se convirtió en la máxima autoridad política y religiosa de Irán, Jomeini dejó claro las reglas del juego de la recién constituida República Islámica: “yo soy el que a partir de ahora designará al gobierno”, dijo. La represión contra los opositores al régimen fue brutal.

Jomeini, un hombre de vida austera e implacable con sus enemigoss, apoyó el asalto a la embajada de EEUU en Teherán y la toma de rehenes estadounidenses, algunos de los cuales permanecieron retenidos 444 días por los estudiantes. La crisis costó la presidencia a Jimmy Carter, el entonces presidente demócrata de EEUU.

Durante su madato tuvo que hacer frente también a la invasión de territorio iraní por parte de Sadam Husein, entonces aliado de Washington. Una devastadora guerra que duró ocho años y que acabó con la vida de más de un millón de personas. Antes de morir en junio de 1989, el gran ayatolá lanzó la fatwa (edicto religioso) que condenaba a muerte al escritor británico Salman Rushdie por su novela "Los versos satánicos".

Diez años sin duda turbulentos y polémicos al frente del país. Para muchos iranís, el principal legado de Jomeini fue su lucha por acabar con la "sumisión" a EEUU y con todo tipo de influencia política y cultural de Occidente. Una forma, entienden sus seguidores, de proteger y recuperar la esencia de la identidad del pueblo de Irán. Jomeini creó un sistema político propio, único, ajustado a su pensamiento y que perdura hasta ahora en la figura de Alí Jamenei, su sucesor, actual guía supremo y verdadero hombre fuerte del régimen.

Fieles al sistema

A lo largo de estos cuarenta años, la República Islámica ha tenido siete presidentes, tanto del sector conservador como reformista, aunque todos ellos fieles al sistema político diseñado por Jomeini. En el 2009 hubo una revuelta popular pacífica, conocida como revolución verde, como protesta a la reelección del ultraconservador Mahmud Ahmadineyad como presidente del país, en unas elecciones calificadas de "fraudulentas" por la oposición. Las manifestaciones que duraron varios meses y que tuvieron como objetivo exigir un mayor margen de libertad fueron reprimidas a sangre y fuego por el sector más duro del régimen.

El país está inmerso ahora, bajo la presidencia del reformista Hasán Rohaní, en una guerra abierta con los países sunís de Oriente Próximo, bajo la dirección de Arabia Saudí, y que se libra en varios frentes. Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, además, la situacion de Teherán se ha debilitado. Washington no solo apoya a la alianza saudí sino que el año pasado se retiró del acuerdo nuclear firmado en el 2015 y ha reimpuesto las sanciones económicas a Irán.

El guía supremo, Alí Jamenei, de pie, y Hasán Jomeini, en el Mausoleo del gran ayatolá en Teherán /EFE

Es en este contexto de penuria e incertidumbre que el Estado persa celebra como cada año el 'Daheye Fajr' (Década del Alba), en recuerdo al periodo que va desde el regreso de Jomeini a Teherán al triunfo de la revolución. Con Jamenei como guia supremo, el poder sigue en manos del sector más duro, pero hay una figura que empieza a surgir como su posible sucesor y que de ser así podría suponer un cambio de tendencia. Se trata del clérigo Hasán Jomeini, nieto del gran ayatolá, de 46 años, uno de los mayores críticos de Ahmadineyad y del sector ultraconservador. Como máximo responsable de la gestión del Mausoleo de su abuelo, Hasán Jomeini acompañó a Jamenei y a Rohaní este miércoles en la visita que hicieron al lugar donde los iranís veneran al padre de la República Islámica. La batalla por la sucesión de Jamenei, de 79 años, está abierta.

Temas: Irán