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GUERRA POLÍTICA EN EEUU

Trump claudica ante Pelosi y pospone el discurso sobre el Estado de la Unión

El presidente anuncia en Twitter que ofrecerá la intervención una vez que acabe el cierre parcial de gobierno

La 'speaker' demócrata no le había permitido darlo en la Cámara de Representantes hasta que no reabra la Administración

Idoya Noain

Donald Trump se dirige a la prensa junto al vicepresidente Mike Pence.

Donald Trump se dirige a la prensa junto al vicepresidente Mike Pence. / JIM YOUNG (REUTERS)

La guerra política en Estados Unidos que tiene sumido al país en un grave e histórico cierre parcial del gobierno no se ha resuelto pero los demócratas, y en concreto Nancy Pelosi, que preside la Cámara de Representantes, han ganado una batalla a Donald Trump. Este miércoles, tras una jornada de escalada de enfrentamiento entre el hombre y la mujer más poderosos de Washington, el presidente ha anunciado que pospone el discurso sobre el Estado de la Unión, inicialmente previsto para el próximo martes, 29 de enero.

Pasadas las once de la noche Trump ha colgado dos mensajes en Twitter anunciando que ofrecerá la intervención una vez que reabra el gobierno para poder hablar en el escenario tradicional de ese discurso, la Cámara de Representantes. Se ha rendido así a la presión de Pelosi, que le había negado la posibilidad de hablar a la nación desde esa cámara mientras el gobierno permanezca parcialmente cerrado.

Los dos tuits han puesto punto final a un día frenético en que el propio Trump había llegado a sugerir que buscaría un escenario alternativo para mantener la intervención en la fecha prevista. Se barajaban distintas opciones: desde el Despacho Oval, un mitin, el Senado, alguno de los estados a los que le habían invitado gobernadores republicanos e incluso la frontera con México. Pero Trump ha acabado eligiendo cambiar la fecha pero no el histórico escenario.

Aunque en el núcleo del cierre de gobierno está el enfrentamiento entre Trump y los demócratas por la exigencia del presidente de 5.700 millones de dólares para el Muro en la frontera con México, el discurso sobre el estado de la Unión se había convertido en un arma. Y Pelosi ha sido quien la ha aprovechado, jugando con maestría las cartas de su poder y obligando a Trump a claudicar.

Cruce epistolar

El miércoles pasado Pelosi escribió una carta a Trump sugiriéndole que pospusiera el discurso, para el que ella misma había cursado una invitación el 3 de enero. En su misiva la demócrata alegó que el cierre parcial del gobierno, que afecta directamente a nueve departamentos y varias agencias, ponía en cuestión la capacidad de garantizar la seguridad del acto. Le sugirió también buscar conjuntamente una fecha posterior o enviar el discurso por escrito.

Trump se vengó de la maniobra de Pelosi al día siguiente usando también el argumento del cierre para negarle, igualmente por carta, transporte militar para un viaje que la presidenta de la Cámara tenía previsto a Afganistán y Bruselas. Formalmente Trump habló también de “posponer” el viaje pero, de hecho, lo canceló.

Este miércoles el enfrentamiento se ha intensificado. Trump ha enviado otra carta más a Pelosi sugiriendo que, dado que la ‘speaker’ cursó formalmente el 3 de enero la invitación, acudiría a la Cámara Baja el día 29 para ofrecer el discurso sobre el Estado de la Unión. Trump aseguraba que tanto el Servicio Secreto como el Departamento de Seguridad Nacional han garantizado que “no hay en absoluto problema respecto a la seguridad” durante el discurso.

Pelosi, inmediatamente, ha contestado con otra misiva en la que ha explicado que cuando realizó la primera invitación “no se pensaba que el gobierno estaría todavía cerrado” para el día 29 y anunciando al presidente que la Cámara no dará los pasos formales requeridos para que ofrezca el discurso allí.  Ella controla desde lo que se vota (y las dos cámaras deberían aprobar una resolución formal para invitar a Trump a hablar) hasta las luces o las retransmisiones de televisión desde la Cámara Baja.

Trump se ha tenido que rendir al poder de Pelosi para ese control del tradicional escenario del discurso sobre el estado de la Unión. Aunque por la tarde ha anunciado que buscaría “una alternativa en unas declaraciones en las que ha denunciado tanto a Pelosi como a todo el partido demócrata como víctimas de la “radicalización”, por la noche ha colgado los dos tuits.

Pelea política encarnizada

Más allá de la lucha tan teatral como estratégica entre el hombre y la mujer más poderosos de Washington late una guerra política intensa y encarnizada. Trump insiste en reclamar al Congreso 5.700 millones de dólares para el muro (que en campaña aseguró que pagaría México) y el sábado presentó una oferta que a cambio de ese dinero ofrecería algunas garantías para extender protecciones contra la deportación a cerca de un millón de inmigrantes. Los demócratas rechazan la propuesta y subrayan, entre otras cosas, que las protecciones contra la deportación son las mismas que el propio Trump ha retirado a esos inmigrantes. Denuncian, además, que el plan del presidente impone nuevas restricciones a los demandantes de asilo.

Este jueves se votan en el Senado dos proposiciones para reabrir el gobierno pero ninguna tiene opciones. Sin el apoyo demócrata es imposible que salga adelante la de Trump que plantean los republicanos, que aunque controlan la Cámara Alta con 53 de los 100 escaños ni tienen los 60 necesarios para la aprobación). Los demócratas, en minoría en el Senado, tampoco tienen opción de que salga adelante su proposición, que es dotar de fondos al gobierno para reabrirlo al menos hasta el 8 de febrero sin aprovisionar nada para el muro.

Será necesario seguir negociando pero es difícil ver un acuerdo en el horizonte. Los demócratas se han mostrado dispuestos a poner sobre la mesa los 5.700 millones de dólares que reclama Trump, pero no para el muro sino para otras medidas de seguridad en la frontera y siempre que se negocie una vez que se haya reabierto el gobierno. Alguien tiene que ceder y por ahora nadie parece dispuesto a hacerlo.

Meses

Las perspectivas de reapertura inminente son pocas. El propio Trump ha calculado este miércoles que el cierre “va a seguir un tiempo”. Y su Administración ha dado las primeras señales de que se plantean de que puede prolongarse durante meses. Según ha revelado 'The Washington Post' Mick Mulvaney, el jefe de gabinete en funciones de Trump, ha pedido que antes del viernes los responsables de varios departamentos le den una lista de los programas más destacados que se verán en peligro si el cierre se prolonga hasta marzo o abril.

La cascada de consecuencias para los ciudadanos, la economía y el sistema es imponente. Este viernes, de nuevo, volverán a no cobrar los funcionarios directamente afectados, cientos de miles de trabajadores y sus familias, que cada vez pasan más apuros para hacer frente a gastos básicos y están viéndose forzados, por ejemplo, a acudir a comedores de beneficencia o buscar trabajos temporales alternativos o ayuda financiera en campañas en internet. Crecen las agencias las que reportan bajas de empleados públicos que deberían acudir a trabajar sin cobrar y este miércoles, por ejemplo, los representantes sindicales de controladores aéreos, pilotos y azafatas han alertado de "una situación sin precedentes" en cuestión de seguridad aérea. "No podemos calcular siquiera el nivel de riesgo que se está enfrentando ni cuando colapsará todo el sistema", han advertido.

El 1 de febrero el sistema de justicia federal podría verse forzado a frenar sus principales acciones. El Departamento de Agricultura no tiene fondos para prestar en marzo la asistencia de que dependen para comprar comida 40 millones de estadounidenses.