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CRISIS EN EL PAÍS SUDAMERICANO

"'Aquest any, sí', Venezuela"

Los venezolanos de BCN asisten al devenir en su patria con sensaciones encontradas y un desasosiego que va más allá de la política y la economía

Víctor Vargas Llamas / Silvia Cobo

Manifestantes en la marcha de Barcelona contra el régimen de Nicolás Maduro, este jueves. 

Manifestantes en la marcha de Barcelona contra el régimen de Nicolás Maduro, este jueves.  / ÁNGEL GARCÍA

Desde la distancia. Los casi 7.500 km que separan a Barcelona de Caracas son suficiente trecho para disponer de la perspectiva con la que seguir la realidad de Venezuela sin los condicionamientos que el régimen de Maduro impone a los medios. Pero la lejanía es tan inmensa que también alimenta la frustración de quienes se lamentan por no poder estar allí, ahora que se cuece el futuro del país. La mayoría de venezolanos que han fijado su residencia en la capital catalana asisten con una mezcolanza de sentimientos al devenir de los acontecimientos en su patria.

"Los escenarios que veo son entre uno malo y otro, peor. Quisiera pensar que puede ser el inicio de una salida pacífica, pero no veo señales de pacifismo en el Gobierno de Maduro”, relata Andrea Daza, doctora en Comunicación. Tampoco le transmite demasiadas garantías el apoyo de un país como España: "¡Si mañana mismo te puede deportar!". Los presagios, en general, no son halagüeños para un país que ya vive instalado en la vulnerabilidad, donde cualquier actividad cotiadiana es compleja y rodeada de incertidumbre. "¡Una transferencia bancaria te puede llevar un día entero! Algo que tarda minutos en un país normal. Pero claro, Venezuela hace demasiado que dejó de ser un país normal", relata Guillermo Bermúdez, que apenas lleva 4 meses en Europa.

Guillermo describe la realidad diaria como "abrumadora, agobiante y angustiosa", con "criminales que campan a sus anchas" ante la "corrupción tremendamente generalizada" entre policías y militares, según describe. Este artista plástico habla de "la gran ansiedad que afecta a cualquiera" y deposita todas sus esperanzas en que la Asamblea Nacional acabe por acaparar el respaldo mayoritario de la comunidad internacional, garante imprescindible "“para recuperar la normalidad democrática".

Toxicidad

Juan Valdez cree que el apoyo de la Organización de Estados Americanos y de EEUUentre otros, hace pensar que el drama bolivariano puede tocar a su fin. A la violencia de "un hampa que impone su ley con impunidad" y el "lamentable funcionamiento de la sanidad" suma la escasez de alimentación y medicinas, y las tretas especulativas que se ceban con las familias con menos posibilidades. "Muchas pensiones allá son de apenas 6 dólares. ¿Qué puedes hacer con ese capital cuando un litro de leche y un bollo de pan ya cuestan 5 dólares? Y los jubilados que viven en el extranjero ni siquiera cobran esa ínfima paga", se lamenta.

Un entorno tóxico que costará desencallar ante la inexistente separación de poderes y que despierta el recelo de Juan, que fundamenta su reflexión en experiencias recientes. "En las elecciones del 2015 la oposición controlaba dos terceras partes de la Cámara, pero de poco sirvió después de que el chavismo se sacara de la chistera el nombramiento a dedo de 13 nuevos magistrados del Tribunal Supremo con los que, al final, nada ha cambiado”, explica.

Control en los altos despachos y, también, en las calles, como recuerda Carlos González. "El Gobierno se apoya en los colectivos [organizaciones comunitarias que apoyan al régimen] y en su violencia para controlar al pueblo y mantenerlo amordazado", describe este venezolano, barcelonés desde hace 7 años. Le encantaría dejar salir la euforia a borbotones, pero el respaldo internacional obtenido hasta el momento no le parece un argumento definitivo. "Me gustaría decir que [Maduro] se va, que 'aquest any, sí' ,como decimos los culés. Pero no me fío de un contexto como el actual, tan superficial, donde el nacionalismo y el populismo ganan más peso en el concierto internacional", dice.

Tampoco obvia la singularidad que asola a su país. "Puede llegar la normalización política y la recuperación económica, pero nada de eso permitirá subsanar tanto caos, al menos a corto o medio plazo. Hay una crisis social, de valores. Los jóvenes crecen en un entorno desolador, y muchos de los que más valen se marchan del país en cuanto pueden. Una descapitalización que pone más en cuarentena el futuro que se merece este país”.