HAY 68 HERIDOS

La policía eleva a 21 el número de muertos en el atentado de Bogotá

El preisdente Duque aseguró que el Estado no descansará hasta encontrar y juzgar a los terroristas

El atentado es aprovechado por el uribismo para cuestionar el acuerdo de paz con las FARC

La Policía colombiana eleva a 21 la cifra de muertos en atentado en Bogotá. / LUISA GONZÁLEZ (REUTERS / VÍDEO: EFE)

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Abel Gilbert

El horror  a sacudir a Colombia en una escala que parecía ser parte de un pasado todavía doloroso. El número de muertos por el atentado con un coche bomba perpetrado este jueves contra  la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander  de  Bogotá, se ha elevado a 21. La cifra de heridos es de 68, según el último balance oficial.  

José Aldemar Rojas, el presunto autor material del acto terrorista, llegó a la puerta sur de la academia cuando despuntaba la mañana del jueves. Cuando quiso atravesar las instalaciones con su camioneta Nissan Patrol un perro antiexplosivos detectó los 80 kilos de pentolita que escondía . Rojas aceleró y atropelló a un guardia. Durante la persecución policial chocó contra un edificio y estalló la carga letal. Después vinieron los gritos, la desesperación y la incertidumbre.  Colombia volvía a ser escenario de un episodio macabro de esa naturaleza.  Vinieron a la memoria ataques como el llevado adelante el 6 de diciembre de 1989 en la sede del departamento Administrativo de Seguridad, DAS. Los sicarios de Pablo Escobar mataron esa vez a 63 personas. A lo largo de tres décadas, el método del coche bomba se repetiría luego otras 13 veces con distintas autorías criminales que dejarían un tendal de victimas.

Decenas de ciudadanos se reunieron en la noche del jueves frente a la Escuela de Cadetes para rendir tributo a las víctimas y condenar el atentado. En medio de la perplejidad y el duelo, 12 horas después de la detonación y sus estragos, el presidente Iván Duque llamó a los colombianos a unirse para derrotar el terrorismo. “No descansaremos hasta capturar y llevar a la justicia a los terroristas”.

LAS REACCIONES INTERNAS

La tragedia de la Escuela de Cadetes tuvo una inmediata derivación política. Los sectores que han rechazado desde siempre el acuerdo de paz que firmó el Gobierno anterior de Juan Manuel Santos con las FARC no se demoraron en relacionar lo ocurrido con el modo en que finalizó el conflicto armado de más de medio siglo. “Qué grave que la Paz hubiera sido un proceso de sometimiento del Estado al terrorismo!”, dijo el ex presidente Álvaro Uribe, en nombre de la derecha más intransigente. 

El uribismo intentño incluso establecer un lazo entre las FARC y Rojas, el hombre que manejó el carro bomba con el único brazo que tenía. Sin embargo, no se encontraron evidencias al respecto. Los medios de prensa bogotanos no descartaban de plano una vinculación del terrorista con el ELN, la última guerrilla en actividad. Pero nada pasaba de ser una lejana hipótesis por el momento. Según Noticias Caracol el responsable material del atentado sufría una enfermedad terminal y habría recibido dinero para ejecutar el crimen. Por lo pronto, dirigentes de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), heredera de la guerrilla que pactó con Santos el abandono de las armas, repudió enfáticamente el atentado. Pastor Alape dijo que se ha tratado de “una provocación contra la salida política al conflicto” que, además, buscar “cerrar posibilidades de acuerdo con el ELN, deslegitimar las movilizaciones sociales y favorecer a sectores guerreristas”.

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LA VIOLENCIA QUE NO CESA

La desgracia premeditada que arrasó con la Escuela de Cadetes relegó a un plano casi irrelevante el rostro cotidiano de la violencia que azota a la sociedad. El año 2018 cerró con el asesinato de 164 líderes sociales. La gran mayiría de esos homicidios no han sido esclarecidos. El presente año comenzo con señales aciagas: ya han matado a ocho líderes comunitarios o sindicales.  Víctor Manuel Trujillo ha sumado su nombre a la lista de víctimas pocas horas antes de que estallara el carro bomba. Trujillo era además músico. Había recibido amenazas de muerte de grupos paramilitares.

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