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CRISIS DE GOBIERNO EN LA CASA BLANCA

Trump amaga con declarar la emergencia nacional para construir el Muro

El presidente de EEUU viaja a la frontera méxicana 20 días después de que comenzara el cierre parcial del Gobierno

Ricardo Mir de Francia

Trump, durante su discurso sobre inmigración en su visita a la frontera con México. 

Trump, durante su discurso sobre inmigración en su visita a la frontera con México.  / EVAN VUCCI / AP

Donald Trump se ha embarcado en una intensa campaña de relaciones públicas para tratar de convencer a los estadounidenses de la necesidad de blindar la frontera con México. Dos días después de dirigirse a la nación en horario de máxima audiencia, el presidente de Estados Unidos ha viajado hasta la frontera tejana para supervisar los tramos de barrera fronteriza que ya existen en la linde mexicana y exponer una vez más sus argumentos. El viaje se produce después del último desencuentro con los demócratas en Washington, a los que Trump dejó plantados minutos después de que estos le reiteraran su oposición a financiar el Muro. El presidente está cada día más desesperado y durante la jornada volvió a amenazar con declarar la emergencia nacional para desatascar el embrollo, un recurso jurídico que le permitiría construir la barrera sin la aprobación del Congreso. 

El tiempo corre en contra del presidente debido a las severas consecuencias que su obstinación está teniendo para millones de estadounidenses. Trump se niega a firmar cualquier partida presupuestaria a menos que incluya más de 5.000 millones para el Muro, lo que ha dejado sin fondos a la Administración y ha obligado a cerrar parcialmente el Gobierno federal, cuyas instituciones operan en el mejor de los casos a medio gas. Los problemas empiezan a acumularse. Más allá de los 800.000 funcionarios que no cobran desde que comenzó el cierre hace 20 días, una duración que lo convierte en el segundo más largo de la historia, el trastorno está teniendo multitud de efectos colaterales en todo el país. 

Un coste de 1.500 millones de dólares semanales

Miles de agricultores han dejado de percibir las ayudas aprobadas por la Administración Trump para compensarlos por el impacto de la guerra comercial con China. Numerosas pymes han visto cómo sus préstamos garantizados por el Gobierno dejaban de tramitarse, un problema semejante al que se enfrentan las empresas que preparan su salida a Bolsa. También se han paralizado obras públicas, la emisión de licencias para los productores de cerveza o ha dejado de funcionar el sistema electrónico para comprobar el estatus inmigratorio de los trabajadores. Según el banco J.P Morgan, el cierre le cuesta 1.500 millones de dólares semanales a la economía del país. 

Sus consecuencias empiezan a soliviantar a los legisladores republicanos, presionados por sus electores. “Yo apoyo el muro fronterizo, pero no sé por qué tenemos que dejar en casa y sin paga a los funcionarios y trabajadores forestales de mi distrito”, ha dicho el congresista Greg Walden. El senador John Boozman fue todavía más gráfico. “Hemos convertido a toda esta gente en rehenes. No es para nada una buena situación”. El primero fue uno de los ocho republicanos que apoyó un proyecto de ley demócrata para reabrir el Gobierno sin fondos para el Muro. Son todavía pocos, pero se espera que el número crezca a medida que se recrudece el impacto del cierre. Este mismo jueves cientos de funcionarios protestaron frente al Capitolio para exigir la reapertura de la Administración. 

Sin atisbo de solución

Nada indica sin embargo que el embudo político vaya a resolverse pronto. La única salida que se atisba es que Trump declare la emergencia nacional, que le serviría para arrogarse poderes extraordinarios y fondos para el proyecto, por más que los demócratas afirmen que no existe ninguna crisis en la frontera. “Tengo todo el derecho a declarar la emergencia nacional”, dijo el presidente tras reseñar que tiene el beneplácito de sus asesores legales. “Si esto no funciona, lo haré casi con toda seguridad”. Otros expertos legales no tienen tan claro que pueda hacerlo, pero, en cualquier caso, nadie duda de que la medida sería contestada en los tribunales.

El renovado órdago del presidente, que ha cancelado su asistencia al Foro Económico de Davos para ocuparse de la crisis política en Washington, llega un día después de que fracasara la última reunión con los líderes demócratas del Congreso. Trump llegó a la cita, repartió unas barras de chocolate entre los asistentes, preguntó a los demócratas si estaban dispuestos a financiar el Muro y, cuando le dijeron que no, dio un manotazo en la mesa y se marchó. “Una total pérdida de tiempo”, dijo poco después en Twitter antes de negar que diera el manotazo. Así funcionan las cosas en Washington, cuya disfunción política están pagando millones de estadounidenses.