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RELACIONES ENTRE PIONYANG Y PEKÍN

Kim Jong-un viaja a Pekín para preparar su segunda cumbre con Trump

Es el cuarto encuentro de los líderes en menos de un año

Adrián Foncillas

Kim Jong-un, antes del discurso de Año Nuevo del 2019.

Kim Jong-un, antes del discurso de Año Nuevo del 2019. / AFP

Se rehuyeron durante más de un lustro y esta semana Xi Jinping hospedará a Kim Jong-un durante su cumpleaños. La cuarta visita del líder norcoreano a Pekín en menos de un año sirve para reforzar la sintonía en el eje Pekín-Pionyang, para preparar la cumbre entre Corea del Norte Estados Unidos y para alargar la sombra de Xi sobre el proceso de desnuclearización de la península.

Kim partió el lunes de Pionyang en su tren presidencial y llegó el martes por la mañana a la capital. Su rastro, como en las anteriores ocasiones, pudo seguirse por las extremas medidas de seguridad. Docenas de coches oficiales y funcionarios chinos bloquearon durante horas las carreteras cercanas a la estación ferroviaria de la ciudad fronteriza de Dandong y los vecinos con vistas a ésta fueron desalojados. Será una visita de tres días, ha informado la agencia oficial norcoreana en un signo de normalización. La liturgia ordenaba que los medios oficiales de ambos países sólo desvelaran la presencia de Kim en Pekín cuando ya estaba de regreso. Junto al dictador viaja su esposa, Ri Sol-ju, y la élite de asesores que forman Kim Yong-chol, Ri Su-yong, Pak Thae-song o Ri Yong-ho.

El orden del día estará monopolizado por la segunda cumbre entre Kim y Donald Trump. Estaba planeada para finales del pasado año pero el estancamiento del proceso de desnuclearización aconsejó retrasarla para principios de este. Ambos gobiernos estarían ya acordando los detalles para celebrarla en Hanoi, según la prensa surcoreana. Kim pretende presentarse en Vietnam con el visible apoyo de China para desmentir su aislamiento y falta de opciones que ha sugerido durante Trump durante meses.

El tirano reiteró en el reciente discurso de Año Nuevo su apuesta por la paz y voluntad de reunirse con Trump pero aclaró que dispone de vías alternativas para defender su soberanía si el proceso descarrila. No fue necesario que citara a China. También es probable que hablen del relajamiento de las sanciones económicas que reclama Pionyang desde que la diplomacia callara a los misiles. China y Rusia apoyan la inmediata política de premios mientras Washington espera gestos más decididos.

La visita de Kim sigue el patrón conocido de nuevo padrinazgo chino: ya estuvo en Pekín tras iniciarse el deshielo en la península, en la previa de Singapur y días después para informar del resultado. Los analistas señalaron como ganadores de aquella cumbre a Corea del Norte y China. Trump ofreció a Kim una foto que habían soñado sus antepasados y que le confiere un estatus de líder internacional. A cambio recibió las etéreas promesas de que se desembarazará en un futuro indeterminado de un arsenal que nadie fuera del país sabe en qué consiste.

Fin de ejercicios militares

La única concreción que salió de Singapur es el final de los ejercicios militares conjuntos entre EEUU y Corea del Sur que Pionyang había exigido durante décadas porque los entiende como ensayos de invasión. Trump también se planteó la retirada de las 28.500 tropas en Corea del Sur. Ese adelgazamiento militar estadounidense en la zona es una fenomenal noticia para China.

La recuperación de la vieja afinidad Pekín-Pionyang es un efecto colateral de los vientos de paz en la península y las promesas de desnuclearización. Las visitas de Kim corrigen el rumbo de dos países que Mao había definido como "tan cercanos como los labios a los dientes".

China envió un millón de soldados a la guerra de Corea (1950-1953) para socorrer a los hermanos comunistas y perdió a 100.000, un hijo del Gran Timonel entre ellos. La carrera armamentística emprendida por Corea de Norte y sus crecientes desmanes la separaron de Pekín, que durante años intentó empujarla a la mesa de negociaciones. Xi tardó seis años en conceder audiencia a Kim cuando los usos diplomáticos chinos contemplaban estrenarse con Corea del Norte. Las filtraciones de Wikileaks apuntaron a la desconfianza y el desprecio mutuos. Las fotografías que escupen las agencias nacionales desde Pekín sugieren que entre ambos ha germinado una férrea amistad.