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EVASIÓN EN EXTREMO ORIENTE

El embajador de Corea del Norte en Italia pide asilo

Jo Song-gil y su familia permanecen custodiados por la policía italiana en un lugar oculto

Adrián Foncillas

El diplomático norcoreano Jo Song-gil, durante un acto institucional celebrado en Italia en el 2018.

El diplomático norcoreano Jo Song-gil, durante un acto institucional celebrado en Italia en el 2018. / AP

El puesto de embajador norcoreano en Roma está vacante por la desaparición y más que probable huida de su titular. No se sabe nada en las últimas semanas de Jo Song-gil, protagonista de una de las raras deserciones de altos cargos norcoreanos. Permanece oculto y fuertemente protegido por la policía italiana mientras se resuelve su petición de asilo. Episodios como este descomponen sin remedio a Pionyang.

El legislador surcoreano Kim Min-ki confirmó esta mañana, tras reunirse con los servicios de inteligencia, lo que había adelantado el diario 'JoongAng Ilbo': el embajador y su familia abandonaron la residencia oficial a principios de noviembre, apenas unas semanas antes de que expirase la misión diplomática y tuvieran que regresar a Corea del Norte. Las autoridades italianas están cuidando de ellos “en un sitio seguro” mientras resuelven qué hacer, informa el diario surcoreano. El exmandatario, añade, ha pedido asilo político en un país occidental sin identificar. La agencia de noticias italiana Ansa ha desvelado que no se trata del actual país de acogida.

Jo había llegado a Roma en 2015 y dos años después ejerció de canciller interino tras la expulsión del titular, Mun Jong nam. Ocurrió cuando una concatenación de lanzamientos de misiles y ensayos nucleares agotó la paciencia de los gobiernos occidentales y precipitó el adelgazamiento o cierre de las embajadas como castigo.

Deserciones infrecuentes

Las deserciones de diplomáticos norcoreanos no son habituales. La hemeroteca señala a Ko Yong-hwan y Hyon Song-il, quienes llegaron a Seúl tras abandonar sus cancillerías africanas en la década de los 90. También a Jang Sung-gil, que viajó desde Egipto a Estados Unidos para pedir asilo junto a su hermano, diplomático en el Reino Unido. Pero ninguna traición ha encolerizado más a Pionyang en los últimos años que la de Thae Yang-ho, ahora contumaz activista contra su gobierno tras huir de Londres en 2017.

Corea del Norte suele ordenar el regreso de sus embajadores tras mandatos de tres años. Es comprensible el miedo con el que muchos vuelven a un país que ha sublimado las purgas. La subida al poder de Kim Jong-il, padre del actual dictador, vino acompañada de castigos por doquier a diplomáticos por razones reales o imaginarias que apuntalaron el clima del terror.

Estas preocupaciones se alían con la certeza de que el paraíso socialista no es tal y que los hijos disfrutarán de un futuro más prometedor y seguro en el extranjero.  Pionyang obliga a la mayoría de diplomáticos a dejar en Corea del Norte a varios familiares, casi siempre niños, para desincentivar las deserciones.

Horizonte sombrío

Solo los funcionarios más fieles disfrutan de excepciones y Jo era uno de ellos. El diario surcoreano asegura que es el hijo o yerno de uno de los más altos funcionarios del régimen. Su horizonte es hoy sombrío.

Se desconoce si Jo pretende alcanzar Seúl, destino habitual de los desertores norcoreanos. El embajador surcoreano en Roma, Choi Jong-hyun, ha declinado cualquier comentario. En los tiempos convulsos en la península, los gobiernos conservadores entendían como victorias a los desertores norcoreanos y los mostraban como ejemplos de la ruina moral y económica al norte del paralelo 38. Es dudoso que su llegada alegre al ejecutivo de Moon Jae-in.

El admirable presidente surcoreano está enfrascado en el histórico proceso de paz en la península y conoce el efecto devastador que estas huidas suponen en las relaciones bilaterales. Thae, el embajador que dos años atrás desertó de la cancillería británica, sirve de ejemplo. En Seúl denuncia con tozudez las atrocidades del régimen y anuncia una inminente revuelta popular que tumbará al dictador Kim Jong-un.

Hoy es el máximo exponente del gremio de desertores que Pionyang desdeña como “escoria humana”. Thae sufre la presión de los grupos de extrema izquierda, que incluso han exigido el final de sus colaboraciones en prensa escrita, y recibe las peticiones de mesura del gobierno que le acoge. Thae cayó de la lista de conferenciantes en un acto programado durante la histórica cumbre intercoreana en Panmunjon el pasado año. Los organizadores desvelaron a este corresponsal que el nuevo clima de paz aconsejaba esconder a Thae.