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LA ULTRADERECHA al PODER

"Brasil y Dios por encima de todo", clama Bolsonaro al asumir la presidencia

El capitán retirado prometió respetar las religiones, combatir la ideología de género y emprender un fuerte viraje conservador

El israelí Benjamín Netanyahu y el húngaro Viktor Orbán lo acompañan en la ceremonia de posesión del cargo

Abel Gilbert

Bolsonaro y su esposa se dirigen al Parlamento de Brasil.

Bolsonaro y su esposa se dirigen al Parlamento de Brasil. / Reuters / Ricardo Moraes

Ha entrado en el Congreso como si lo hiciera en una reunión de viejos amigos. Ha dibujado sonrisas cómplices con los excompañeros legisladores y no se ha privado de imitar con los dedos de su mano la forma de un revólver a punto de escupir una bala. Luego, Jair Bolsonaro, ha eligido el camino de la solemnidad. Frente a las autoridades institucionales y sus invitados ilustres, entre ellos los primeris minsitros de Israel y Hungría, Beniamín Netanyahu y Viktor Orbán, el flamante presidente braseliño ha sentenciado: “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todo”. Durante su primer y breve discurso, el capitán retirado del Ejército, ha prometido “liberar al país” de la corrupción y de la “sumisión ideológica”. Luego, cuando recibió fuera de la legislatura la banda presidencial de manos de Michel Temer, el jefe de Estado más impopular de la historia de ese país, amplió los objetivos de la misión que encabeza con el espíritu de un cruzado: “liberar” a Brasil del inexistente socialismo. 

Bolsonaro ganó las elecciones con 55 millones de votos, la misma cantidad de pobres contabilizados en Brasil recientemente. Llega al Palacio Planalto para poner en marcha un inédito experimento de la ultraderecha. Detrás suyo confluyen partidos menores, las poderosas iglesias pentecostales, con 42 millones de fieles, los militares y un grupo de economistas furiosamente neoliberales.

“Estoy seguro que enfrentaremos enormes desafíos.  Pero alcanzaremos nuestros objetivos”, ha dicho el “Mito” en el Congreso, como prefieren llamarlo sus seguidores, que, bajo la amenaza permanente de lluvia, ha llenado las calles de Brasilia. Desde la moderna Explanada de los Ministerios, diseñada casi 70 años por el arquitecto comunista Oscar Niemeyer, ellos y ellas, indiferentes a la historia de la ciudad capital, han aplaudido los anuncios de su líder. Bolsonaro les ha dicho que, en adelante, se “valorizará la familia” y se “respetarán las religiones”, en particular la “judeo cristiana”. Adentró y fuera del Congreso han estallado los aplausos cuando ha anunciado un combate contra la “ideología de género”. A pesar de su declarada homofobia y misoginia, ha dicho también que promoverá una sociedad “sin discriminación”.

Bolsonaro ha reiterado el deseo de hacer realidad la libre disposición de armas aunque una reciente encuesta de Datafolha da cuenta que un 61% de los consultados rechazan esa medida. Ha anticipado a su vez que bregará por leyes más duras contra la delincuencia y mayor protección para los policías que primero disparan y después preguntan. “Merecen ser respetados”. De la misma manera, el “Mito” ha advertido en su discurso inaugural que las escuelas brasileñas deben preparar a los jóvenes para “el mercado de trabajo” y no “la militancia”.

Giro neoliberal

Un equipo de economistas formados en la Escuela de Chicago, la usina del neoliberalismo, llega con él al poder para “terminar con un Estado ineficiente y corrupto”. El Gobierno se propone profundizar el ajuste del mandatario interino Temer.  Se vienen “reformas estructurales”. Los sindicatos ya están en alerta. Por lo pronto, Bolsonaro se prepara para un aumento del salario mínimo.

La presencia en la toma de posesión del chileno Sebastián Piñera no ha sido meramente protocolar para los anfitriones. El ministro de Hacienda, Paulo Guedes, es un gran admirador del modelo que el Chile del dictador Augusto Pinochet impuso a sangre y fuego y que, tras la recuperación institucional, fue sometido a maquillajes y correcciones que no alteraron su esencia.

Durante su larga dictadura (1964-85), la economía brasileña creció de manera exponencial sobre la base de un programa estatista y desarrollista. Pero esta vez, Bolsonaro ha optado por “el libre mercado”. Además de los siete ministros militares, el nuevo Gobierno ha resuelto que los uniformados ocupen posiciones relevantes en la economía. Generales cercanos a Bolsonaro ocuparán la Secretaría Especial de Ingresos Federales y uno de los principales bancos estatales. Por debajo de ellos se encuentran otros coroneles.  Según el diario paulista 'Folha', ni siquiera durante el anterior régimen castrense hubo tantos militares en esos puestos importantes. 

Felicitaciones de Trump

Apenas Bolsonato ha terminado su discurso de investidura, Donald Trump lo ha saludado desde twitter. “¡Estados Unidos está contigo!”, ha escrito el presidnete de EEUU. Bolsonaro no ha demorado en responderle.“Juntos, bajo la protección de Dios, traeremos prosperidad y progreso a nuestra gente”. Además de un programa político, ambos comparten la fascinación por utilizar las redes sociales.

La Brasilia que se ha blindadpo para los fastos, por cuya avenida principal ha pasado Bolsonaro subido a un Rolls Royce “Silver Wraith” sin capota que fue donado a Brasil por la reina Isabel II de Inglaterra, en 1953, ha albergado también a una multitud que ya no se ruboriza de sus posiciones extremas. Como les dijo Bolsonaro: “esta es nuestra bandera (verde y amarilla), que jamás será roja”. La asociación entre la izquierda y lo demoníaco se ha convertido en un lugar común con la prédica de las iglesias evangelistas.

El video de un “ritual de purificación” en la Iglesia Universal del Reino de Dios, previó a la toma de posesión, es elocuente. “¿Usted es de izquierda o de derecha?”, le pregunta el “bispo (obispo)” a una mujer. Ella le dice que de izquierda. El religioso le explica que la exorcizará, porque está poseída. La conversión, explica, le traerá prosperidad, amor, salud, alivio, coraje, entusiasmo, vigor, autocontrol y justicia.